Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 5 de agosto de 2012

BAJONLA LUPA- La lógica infernal del capital- Lengua extranjera propia

Bajo la Lupa
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Según Source Watch, CPD es un “grupo de apoyo halcón (¡súper sic!) fundado en 1950 para impulsar presupuestos más amplios del Pentágono y una acumulación de armas con el fin de contrarrestar a la URSS.

Peter Hannaford, anterior director de CPD, muy cercano al Partido Republicano y anterige;"> 
       Estados Unidos e Israel, consagrados de cuerpo entero a la guerra, han requerido poderosos lobbies académicos y multimediáticos para impulsar sus agendas geopolíticas.
 
La carrera armamentista –un superlativo negocio– y la procuración de las guerras necesitan recursos humanos, reclutados en las universidades y los multimedia, para persuadir sobre la nobleza filantrópica de sus fines ante una opinión pública deliberadamente desinformada.

Fuera de los propios instigadores cupulares de las guerras, de no ser por una elite de investigadores lejanos a las lubricaciones pecuniarias, nadie sabría la razón por la cual fueron lanzadas dos bombas nucleares por Estados Unidos en Japón (La decisión para usar la bomba atómica y la arquitectura del mito estadunidense, Gar Alperovitz, Knopf, 1995).

Cuando los tambores de guerra retumban en Israel –con la perturbadora descripción de un muy agitado premier Netanyahu dispuesto a correr todos los riesgos (Haaretz, 3/8/12) con tal de bombardear a Irán–, Bill Kristol, con desmedida influencia en los multimedia de Estados Unidos y director de Emergency Committee on Israel (ECI), inquirió cuál era la utilidad de poseer bombas nucleares si no se usan (ver Bajo la Lupa, 15/7/12).

ECI exhibe alarmantes traslapes de su membresía con su gemelo Committee on The Present Danger (Comité del Peligro Presente: CPD, por sus siglas en inglés), matriz operativa de cabilderos académicos quienes impulsan la agenda del Pentágono y la cuarta (sic) guerra mundial contra el terrorismo islámico y quienes, en su obsesión de guerra permanente, catalogan a la guerra fría como la tercera (sic) guerra mundial.

Bill Kristol y Robert Kagan, identificados por su pertenencia a la fauna de neoconservadores straussianos que impulsaron el desastre de las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán, publicaron como aperitivo premonitorio un año antes del 9/11 el libro conjunto Peligros presentes.

Según Source Watch, CPD es un “grupo de apoyo halcón (¡súper sic!) fundado en 1950 para impulsar presupuestos más amplios del Pentágono y una acumulación de armas con el fin de contrarrestar a la URSS.

Peter Hannaford, anterior director de CPD, muy cercano al Partido Republicano y anterior consejero de Reagan, comentó en 2004 que vemos un paralelo entre la amenaza soviética y la del terrorismo.
Ese mismo año el director de CPD era James Woolsey –anterior director de la CIA, vicepresidente de la consultora Booz Allen & Hamilton (que, por cierto, asesora a los presidentes del PAN)–, donde destaca la crema y nata del súper fascismo de Estados Unidos, entre ellos el controvertido senador Joseph I. Lieberman (su copresidente), muy cercano a Israel, y el rabino Dov Zakheim (todo un personaje que merece él solo una enciclopedia), anterior auditor del Pentágono y sobre quien pende un polémico faltante (¡súper sic!) en la contabilidad militar de nada menos que 2.3 billones de dólares (www.onlinejournal.com/artman/publish/article_1015.shtml), alrededor de dos veces el PIB de México.

Donald Rumsfeld, anterior secretario del Pentágono de Baby Bush, reconoció la evaporación mágica de tan colosal cantidad de dinero (www.youtube.com/watch?v=xU4GdHLUHwU).

CPD ostenta miembros que se traslapan con American Enterprise Institute, Heritage Foundation, American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) y Boeing (nota: para promover sus ventas de armas).
Varios de los miembros de CPD son gemelos de la Comisión Trilateral (nota: que incluye a varios entreguistas mexicanos: www.squidoo.com/TRILATERALCOMMISSION).

CPD fue diseñado para “alertar a EU del ‘peligro presente’ soviético” bajo la agenda secreta National Security Council (NSC-68) escrita por el superhalcón Paul Nitze con el fin de mantener una supremacía militar de EU en el mundo.

El blog de Cambridge Forecast Group cataloga a CPD como una fabrica de mentiras de los sionistas neoconservadores (19/11/07).
Tom Barry, director de política del think tank International Relations Center (IRC), con sede en Washington, expone la evolución desde 1950 del controvertido CDP y critica la cosmogonía bélica de Estados Unidos que vislumbra en forma paranoide peligros por doquier (Asia Times, 23/6/06).

Cita Tom Barry que los “halcones influyentes” Dean Acheson, ex secretario de Estado, y Paul Nitze, ex director de Planeación del Departamento de Guerra, reconocieron que el documento NSC-68 debía ser tanto un instrumento de propaganda (sic) como guía política del Pentágono.

Dean Acheson adujo que el objetivo de NSC-68, la hoja de ruta de CPD, consistía en apalear (sic) la masa (sic) mental (sic) para que no solamente el presidente haga una decisión sino que ésta sea implementada.

Tom Barry expone la amplia membresía de israelíes en CPD y su traslape con Jewish Institute for National Security Affairs (pro Likud) y el muy sesgado Middle East Forum.

CPD apadrinó un seminario sobre la cuarta (sic) guerra mundial (9/11/04), que epitomiza la guerra contra el terrorismo islámico y cuyos ponentes fueron prominentes neoconservadores straussianos: Norman Podhoretz, James Woolsey (ex director de la CIA), Eliot Cohen, Rachel Ehrenfeld y Paul Wolfowitz (ex subsecretario del Pentágono y ex presidente del Banco Mundial).

Sesenta y dos años después, en su nueva metamorfosis de inicios del siglo XXI –donde la constante escenografía es la guerra permanente y sólo varía el apellido del enemigo en turno (v. gr. sustituir a la URSS de la guerra fría por el sobredimensionado terrorismo islámico de la cuarta guerra mundial)–, CPD, según Tom Barry, tiene como objetivo elevar el nivel de peligro entre los estadunidenses declarando que Estados Unidos está inmerso en la cuarta (sic) guerra mundial, pero que aún no ha comprometido recursos adecuados para la batalla global.

¿Cómo? Estados Unidos antes debe salir de su incoercible marasmo financiero después de haber dilapidado colosales fortunas sin resultados tangibles en sus fallidas guerras de Irak y Afganistán.

Tom Barry aduce que “cinco años después de exageradas evaluaciones de amenazas de los neoconservadores y de la administración Bush –muchos de los cuales han sido públicamente expuestos, como las armas de destrucción masiva y los vínculos sin fundamento en Irak de Saddam Hussein-Osama Bin Laden–, CPD enfrenta un mayor desafío en obtener aceptación para su llamado al gobierno de Estados Unidos de expandir su mal dirigida guerra contra el terrorismo y su cruzada misionera para expandir la libertad.

Concluye Tom Barry que este nuevo clon del CPD primigenio es probable que sea incapaz de vender su visión alarmista del peligro presente.
A mi juicio, CPD se agotó gritando ahí viene el lobo que tuvo vigencia mientras Estados Unidos gozaba de primacía financiera global.
Hoy la bélica obsesión propagandística de CPD la convirtió en una anacrónica entidad vociferante (gracias al increíble control del eje multimedia/Hollywood/Las Vegas/Wall Street/Congreso) y cuyo discurso ha sido adoptado y adaptado por su gran aliado, el sionista mesiánico (ex director del Mossad dixit) Netanyahu, quien para encender su cigarro está dispuesto a incendiar al planeta y listo a apalear la masa mental del género humano con su propaganda muy aburrida de eterno verdugo seudovictimizado.
Twitter: @AlfredoJalife
La lógica infernal del capital
Guillermo Almeyra
 
       Los estados capitalistas dependientes que, en América Latina tienen gobiernos llamados progresistas que se rehúsan a aplicar las políticas impuestas por el Consenso de Washington, están atrapados en un engranaje que devora continuamente los esfuerzos en pro de un cambio económico y social, mecanismo que reproduce y agrava el pasado, afirmando de paso las políticas neoliberales que esos gobiernos declaran rechazar.
 
Sus economías viven cada vez más de la exportación de commodities, sobre la base del cultivo de unos pocos productos exportables; además, necesitan inversiones extranjeras para impulsar una industrialización de base y la creación de infraestructuras porque el gran capital controla el ahorro nacional y lo exporta, y los grandes capitalistas extraen y se llevan legal o ilegalmente capitales y ganancias por cientos de miles de millones de dólares.

Los bancos, las grandes industrias exportadoras o productoras de alimentos y bienes de consumo e incluso buena parte de la tierra están, en efecto, en manos extranjeras y su producción y exportaciones son, en realidad, un comercio interno entre la matriz y diversas filiales de empresas transnacionales.

Los autos argentinos, por ejemplo, son Fiat, Ford, GM o de otras marcas similares; el acero argentino es de la transnacional Techint; los granos exportados, de Cargill, Bunge y Dreyfus, grandes transnacionales del sector, y la propiedad del gas, del petróleo y de la electricidad sigue en manos extranjeras, pues la cacareada renacionalización de YPF se limitó meramente al control del Estado de 51 por ciento de las acciones del ex socio mayoritario –Repsol–, que continúa formando parte de la empresa, la cual es mixta, no estatal; mientras, 68 por ciento de los yacimientos argentinos son explotados por otras firmas igualmente privadas, en su inmensa mayoría de otros países. Petrobras, por su parte, no es brasileña, sino una compañía mixta, y lo mismo sucede con la gran mayoría de las palancas de la economía boliviana o ecuatoriana.

Esos gobiernos, para sostener el alto nivel de ganancias de los inversionistas, deben mantener bajo control los ingresos reales de los trabajadores, lo cual impide un aumento mayor de la construcción de viviendas y del consumo de bienes esenciales y, por consiguiente, una importante parte de la población económica activa se encuentra en el sector llamado informal (de desocupación disfrazada), en el desempleo estructural y en la pobreza. Los cuantiosos subsidios estatales en realidad no tienen como principal motivación aliviar la pobreza y asegurar un mínimo de consumo sino, sobre todo, abaratar la mano de obra al reducir el precio de los servicios, en particular el del transporte, y de algunos bienes salario. Son subsidios al sector patronal porque el Estado contiene así las demandas salariales y asegura una fuerza de trabajo barata pero con alta productividad.

Esa política de sostén estatal a las ganancias patronales en los tiempos de crisis, como el actual, es insostenible y no puede impedir ni los despidos ni un nuevo aumento de la pobreza y tampoco el número de desempleados; ni siquiera traba la desindustrialización relativa porque, cuando la especulación se concentra sobre el sector de granos forrajeros o alimenticios (soya, maíz, trigo) es mucho más lucrativo poner los capitales en ese comercio que invertir a largo plazo en mercados asfixiados por la escasa capacidad de consumo de una gran masa de su población.
Por otra parte, los intentos de unificar esfuerzos, por ejemplo, en el contexto del Mercosur, son fructíferos sólo a mediano o largo plazo, pues por importantes que sean, no arrojan resultados inmediatos y no hay aún una estrecha cooperación financiera entre los países miembros ni una moneda común, y como dichos esfuerzos deben vencer los intereses particulares de cada nación, la coordinación y una posible unificación aparecen más como una meta que como una solución inmediata.

Eso lleva a recurrir desesperadamente a una nueva panacea: el desarrollo de la minería, para extraer oro y metales y tierras raras, cualquiera que sea el precio social, ambiental y político. También conduce a la reducción al máximo de los márgenes democráticos, para acallar las protestas de la sociedad y adoptar decisiones repentinas –desde arriba e inconsultas–, chocando así con la base social de esos gobiernos y pisoteando leyes e instituciones.

De este modo, gobiernos que fueron el resultado directo o indirecto de movilizaciones por la democracia y por un cambio social, restringen ahora los márgenes de la democracia y reproducen el viejo orden social, debilitándose.

No se sale de los males del capitalismo con más capitalismo. La solución a ese nudo gordiano nuevamente es la de Alejandro: cortarlo. Ahora bien, es imposible la autarquía y no es posible comerse la soya y prescindir del comercio exterior, pero éste podría ser monopolizado por el Estado, que vendería la producción a otros países pagando en pesos a los productores. Es posible igualmente dar prioridad al futuro, a las próximas generaciones, preservando el agua y el ambiente, en vez de regalarlos a las mineras extranjeras, y es factible comenzar a planificar la producción y los consumos, así como reconstruir el territorio, considerando en conjunto, con los países vecinos, los recursos, los medios, las necesidades.

Precisamente porque la crisis es profunda y duradera y, contrariamente a muchas fanfarronadas dichas hasta hace poco, nuestros países no están blindados contra ella; la alternativa es clara: seguir en este juego y hundirnos aún más o tomar medidas radicales que puedan ayudar a una transición fuera realmente de la lógica infernal del capital, contando con el apoyo y la movilización de los trabajadores y las poblaciones. Eso requiere dejar de lado la arrogancia de los ignorantes. No es tiempo para decisiones de gabinetes de tecnócratas, sino de discusión pública y democrática de lo que se debe hacer ante los grandes problemas.

Lengua extranjera propia
Bárbara Jacobs
 
       Se podría decir que la lengua, como la tierra, es de quien la trabaja, pero no sé si habría menos controversia política, y sobre todo menos celos, que si se dijera que un escritor es nacional de un país en el que no nació, pero cuya lengua adoptó para trabajar, especialmente si se convierte en gran escritor, y menos aún si llegara a serlo precisamente porque la crítica extranjera hubiera opinado que su grandeza se debía a su lengua, que a su juicio era un tanto particular. Es probable que algunos de los escritores que adoptan o han tenido que adoptar una lengua extranjera para escribir resientan o resintieran si en consecuencia sus coterráneos los desligaran de su lengua original.
 
Se habla de lengua materna, pero la definición del término nunca me ha parecido definitiva. Hay nodrizas cuyo origen, cuya lengua, son ajenos al organismo al que amamantan. En el siglo XVI, el papá de Montaigne, el autor francés, amo del ensayo, ordenó que la primera lengua de su hijo fuera el latín.

El polaco Joseph Conrad se educó en inglés y francés, como el ruso Nabokov, que además de la lengua inglesa dominaba igualmente la francesa. Si en un principio estos dos autores escribieron sus libros en su idioma natal o lengua materna, es un hecho que escribieron sus títulos cumbre (Lord Jim, Lolita) en lenguas que primero les fueron ajenas o extranjeras. (Creo que fue Noam Chomsky quien observó que todos nacemos con la capacidad de hablar cualquier idioma, o todos los idiomas.)
En el caso de Conrad y Nabokov, las circunstancias fueron detonadores poderosos que orillaron a los dos a convertir en propia una lengua que no lo era para ellos, como lo fue el inglés. Pero de ahí a pensar que Nabokov se hubiera sentido cómodo si lo hubieran considerado un autor estadunidense, hay más que un paso, y creo que un paso infranqueable y abismal. (El propio Nabokov tradujo al ruso Lolita y no recuerdo cuál otro de sus libros.)

O pienso en Isak Dinesen, danesa, que escribió Out of Africa en inglés.

Desde mi rincón en el universo me atrevo a sostener, pero sin provocar, que mi texto preferido de Borges ha sido siempre su autobiografía, como lo es la de Fuentes, obras que originalmente escribieron en inglés. En el caso de la de Fuentes, perdí la oportunidad de solicitar su autorización para traducirla al español, aventura que habría corrido temerosa, pero con placer. Lamento no haberme al menos atrevido a preguntarle por qué la escribió en inglés, cómo se sintió al hacerlo y por qué no la tradujo él mismo a su lengua materna, que era el español y, concretamente, el español de México, su país, aunque no hubiera sido éste el lugar en donde nació.
(Toute proportion gardée, yo resentí cuando mi maestro alguna vez observó que yo podía/ podría/ debía/ debería escribir en inglés. ¿Debido a que en español no podía, o porque además podría hacerlo o haberlo hecho en inglés? No insistí en averiguar nada más del asunto. El resentimiento, la duda, fueron más fuertes, me ataron o hicieron las veces del ratón que se comió mi lengua, materna, paterna o de quien fuera, propia, ajena, extraña, pero amada, incorporada, trabajada como la tierra.)

Lo cierto es que Antonio Tabucchi, escritor italiano, escribió la novela Réquiem germinalmente en portugués, lengua para él aprendida, y no materna para nada. Se sabe que por mayor prestigio que hubiera alcanzado en italiano, su lengua materna, llegó a ser considerado el máximo conocedor de Pessoa y su traductor estrella al italiano. Pero su afición al autor portugués y su lengua fue más que total, pues más que una envidiable afición fue una fusión encomiable. (¿La han alcanzado Vargas Llosa o Julian Barnes con Flaubert?)

En su nota introductoria a Réquiem, Tabucchi destraba parte del trabalenguas que este tema plantea: “Si alguien me preguntara por qué esta historia ha sido escrita en portugués, le contestaría que una historia como ésta sólo podía ser escrita en portugués, y ya está. Pero habría algo más que especificar el respecto: en rigor, un Réquiem debería escribirse en latín (...) comprendí que no podía escribir un Réquiem en mi lengua, sino que necesitaba una lengua distinta, una lengua que fuera un lugar de afecto y, a la vez, de reflexión.”

Hago énfasis en que hay temas o formas literarias que no pueden escribirse más que en una lengua que sea un lugar de afecto para el autor.

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