Crónicas de un narco, la película de “La Barbie” filmada en Monterrey
Una de las escenas de la película.
Foto: Youtube.com
Foto: Youtube.com
MONTERREY, N.L. (apro).- Al presentar sus primeras declaraciones ante la
Policía Federal, frente a una cámara de video, el capo Edgar Valdez Villarreal,
La Barbie, reveló que había ordenado la producción de una película sobre su
persona.
En ese testimonio difundido poco después de haber sido detenido el 30 de
agosto del 2010, La Barbie, procesado por tráfico de drogas, dijo que no
recordaba detalles de la realización, sólo que había pagado por ella 200 mil
dólares.
No hay certeza de cuál es la película a la que se refiere. Sin embargo, en la
red social Youtube aparece una película fragmentada de una hora 40 minutos
titulada “Crónicas de un Narco”, en la que se relatan las aventuras de un
traficante de drogas llamado “Edgar Valdivia”, joven, güero y de cabello
corto.
Aparecen en el drama inverosímil escenas de acción con patrullas que tienen
la leyenda de Policía Estatal y el antiguo logo de la corporación, que mueven a
suponer que son vehículos oficiales facilitados para el rodaje.
En la página corridosalterados.net se muestra en exhibición esa misma cinta
con su portada de video y además del título, señala: “Edgar Valdez Villarreal
‘La Barbie’, su verdadera historia; esta es la película que él mandó hacer.”
En una de las supuestas portadas del videohome se ve una foto real del
presunto delincuente texano custodiado por agentes federales.
En otra portada se leen el título, el slogan y los rostros de sus
protagonistas: Diego Dreyfus, quien interpreta a en la cinta “Edgar Valdivia”, y
Luis Gatica, quien es el “Comandante Durán”, que persigue al malhechor con
obsesión.
Aunque el filme circula, no hay registro oficial del videodrama. No aparece
en la filmografía de ninguno de sus participantes.
Filmada mayormente en Monterrey –aunque la historia se ubica en las ciudades
de Laredo, Texas, y Nuevo Laredo, Tamaulipas–, en la película intervienen
actores reconocidos como Juan Carlos Casasola, Poncho De Nigris, Yenifer
Behrens, Rafael Amador y Luis Fernando Peña.
Aparece el grupo Torrente, cuyo líder, José Carlos Salinas, según el
periódico Tabasco Hoy, fue detenido en diciembre del 2009 en una narcoposada de
los hermanos Beltrán Leyva, donde también fueron arrestados el cantante Ramón
Ayala y sus Bravos del Norte, así como Los Cadetes de Linares.
El equipo técnico que la realizó es un misterio. No aparece ningún integrante
del equipo. No hay datos de su director, ni su guionista. Ni siquiera se sabe
cuándo fue producida.
Algunas notas de prensa señalan al excantante y actor Sergio Mayer como el
productor de la filmación, aunque se basan simples rumores.
“En partes la he visto; es más, la mandé hacer yo. No tiene nada qué ver con
Sergio (Meyer) ahí, que pagó nóminas y eso, es mentira. ¿No me cree?”, dijo
Valdés Villarreal en la entrevista que salió en los noticieros tras el
arresto.
La película es hablada en inglés y en español, con subtítulos que traducen
todo el tiempo los dos idiomas.
Técnicamente bien filmada, la cinta contiene un guión ingenuo, aunque se
observa un trato profesional en las actuaciones y, en general, en el trabajo
visual.
La anécdota pretende mostrar aspectos de la personalidad de “Valdivia” como
un joven adinerado que ingresó al narcotráfico por diversión.
Según la trama, “Edgar” es un tipo generoso, fiel a sus amigos y mujeriego.
Tiene la costumbre de trabajar solo y es implacable con sus enemigos, a los que
es capaz de asesinar a sangre fría, si la ocasión lo amerita.
Los regiomontanos encontrarán numerosas referencias geográficas y
arquitectónicas de la película y descubrirán continuas inconsistencias reales en
los recorridos de los personajes.
La historia inicia con una nutrida balacera entre agentes de la AFI
comandados por Gatica, en contra de “Valdivia” y dos de sus secuaces
interpretados por Casasola y De Nigris. El lugar es fácilmente ubicado como la
Plaza Hidalgo, en la zona rosa de Monterrey.
En un extremo de la ágora se encuentra el hotel Howard Johnson y en el otro,
el tradicional hotel Ancira.
La cámara capta a los pistoleros cuando escapan malheridos después de
despojar de un coche a un conductor al que abordan en una esquina de la plaza y
después de alejarse de la balacera, en un lugar que se supone distante, se
estacionan en un punto que es el otro lado de la plaza.
Ese cruce de Escobedo e Hidalgo, frente al Ancira es utilizado de manera
repetida para numerosas escenas, aunque sólo cambiando el ángulo de la
cámara.
De igual manera, los personajes transitan en coche repetidamente por la
avenida Constitución, a un costado del río santa Catarina, en el tramo entre
Zaragoza y Cuauhtémoc. La toma únicamente cambia de posición.
Los clichés se repiten: “Edgar” busca a su amante, que es una doctora, y ella
lo recibe sola en una oficina ataviada con bata blanca. Un hombre que lo cita en
un lugar lo va a matar en un estacionamiento, pero el rápido joven lo desarma de
un puntapié a la pistola.
Dos mujeres son enviadas a seducirlo y él se entera que una de ellas coloca
un polvo en su copa. Se da cuenta del timo y hace caer a una de ellas en su
trampa. “Valdivia” no se tienta el corazón.
Luis Gatica como comandante reúne en una oficina a un grupo de hombres con
chalecos que traen el la espalda la leyenda AFI, a los que les dice con mortal
frialdad: “Muchachos se ha derramado mucha sangre y se va a seguir derramando
pero el combate al narcotráfico tiene que seguir. Son las órdenes que ha dado el
comandante supremo.”
Al término de un operativo alguien le dice al “Comandante Durán” que le dará
de premio dos botellas de coñac. El comandante, cuando se queda solo, dice para
él mismo un chiste político: “Dos botellas de coñac… qué me viste cara de gober
precioso, o qué carajos”.
El capo tiene un gran corazón. Va y visita a la esposa de uno de sus
compinches abatidos para reconfortarla. El hijo de ella le dice tío. “Edgar” es
un tipo juguetón y cariñoso que bromea con el pequeño.
Hay, en la historia, dos agentes de la DEA sanguinarios. “Edgar” los busca y
los encuentra de nuevo en la Plaza Hidalgo, escenario de muchas de las
balaceras. Hay intercambio de fuego.
Hay hombres abatidos y a su lado pasa una procesión guadalupana que parece ser utilizada, improvisadamente, para la cinta.
Hay hombres abatidos y a su lado pasa una procesión guadalupana que parece ser utilizada, improvisadamente, para la cinta.
Edgar se escurre entre los feligreses, algunos matachines, que no parecen
alterados tras la balacera que acaba de ocurrir a un lado de ellos. La cámara al
hombro sigue a “Valdivia”, quien se escabulle entre la multitud.
Hay un operativo de cinco agentes de la AFI en una bodega donde el
“Comandante Durán” acaba con un grupo de traficantes. Más adelante en la cinta
hay otra balacera que, se supone, es en otro lugar, aunque se percibe que es la
misma locación. En este segundo macro operativo, los policías descienden en
innecesario rapel de la altura de un piso, con la carabina dispuesta. Un hombre
en llamas, alcanzado por una de las numerosas explosiones de origen indefinido,
corre desesperado hacia su muerte.
El “Comandante Durán” es malherido y enviado al hospital donde, casualmente,
convalece sin custodios. Por eso un sicario entra hasta su habitación y dispara
a mansalva sobre su cama y lo que supone que es el policía. No se da cuenta de
que falla en su intento, porque los hombres de la ley son muy listos: en lugar
del comandante pusieron almohadas.
Cerca del final de la película tiene una breve aparición Luis Fernando Peña,
conocido por la cinta “Amarte Duele” y, más recientemente por “Sin Nombre”. Como
comandante que se une a la captura del capo, justifican su presencia con una
larga secuencia en la que busca una confesión en base a torturas de golpes a un
joven sentado y maniatado.
Exhausto dice el sometido: “Te voy a acusar con derechos humanos”.
Peña le responde, sarcástico: “Porqué no me acusas con tu puta madre”.
El relato desorganizado pasa entre situaciones en las que el protagonista se
expone a peligros. En una de esas, encuentra a un agente de la DEA en un lote de
autos, pero en vez de matarlo lo hace correr disparándole a los pies y se queda
riendo en el lugar.
El final pretende mostrar escenas de violencia poética. La acción se traslada
a un puerto. El joven traficante descansa en un yate, tumbado al sol entre dos
chicas semidesnudas. Ha consolidado su poder.
Mientras, ocurre una serie de cruentos asesinatos de los que se supone son
sus enemigos, mientras se escucha la voz preciosa de una soprano interpretando
el Ave María, de Schubert.
Como breve epílogo, “Peña” visita a “Gatica” en el hospital y ocurre una revelación que pretende ser sorprendente.
Como breve epílogo, “Peña” visita a “Gatica” en el hospital y ocurre una revelación que pretende ser sorprendente.
Y así, la película termina de repente, sin créditos finales.

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