Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 8 de agosto de 2012

Presenta AMLO diez fundamentos para invalidar la elección presidencial- ASTILLERO- Transparencia y conspiración

Puede perderse la confianza por una desdichada sentencia, advierte a magistrados
Presenta AMLO diez fundamentos para invalidar la elección presidencial
El TEPJF decidirá si en el país rigen la Constitución y las leyes, o todo lo contrario, sostiene
Alma E. Muñoz
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de agosto de 2012, p. 7
Andrés Manuel López Obrador presentó ayer 10 fundamentos por los cuales consideró que la elección presidencial debe ser invalidada, y advirtió a los magistrados electorales sobre el riesgo de que se pierda la confianza por una desdichada sentencia.
En conferencia de prensa, indicó que con las pruebas que dan cuenta de las violaciones cometidas por el PRI para favorecer la candidatura de Enrique Peña Nieto, no hay posibilidad para argucias, para sacarle la vuelta al juicio de inconformidad que presentó la coalición Movimiento Progresista con el propósito de que se invalide la elección presidencial.
Esto es muy directo y muy claro. Entonces, (los magistrados) tienen que hacer la investigación, deben hacer su trabajo y resolver tomando en cuenta que está de por medio hacer valer la Constitución, la democracia, y que el futuro de México no se puede fincar en el fango, en el pantano, en la inmundicia, señaló.
Sostuvo que este es un momento estelar, decisivo, porque se va a resolver acerca de la legalidad en el país: Si rige la Constitución, las leyes; si hay democracia, o todo lo contrario.
Manifestó que los empresarios están en su derecho (de cuestionar la lucha jurídica que ha emprendido la izquierda), como también nosotros tenemos derecho a pedir que se aplique y se haga valer la Constitución.
Pruebas contundentes
López Obrador dijo que ayer mismo enviaría a los magistrados el escrito con las pruebas contundentes, plenas, que ha aportado la coalición, que por separado o en conjunto confirman la solidez de nuestra petición de invalidez de la elección presidencial.
En primer lugar, hablo de la actitud tendenciosa de los medios de comunicación para favorecer a Enrique Peña Nieto. Dijo que con base en el monitoreo que elaboró la Universidad Nacional Autónoma de México, a petición del Instituto Federal Electoral, durante la campaña presidencial, se prueba con claridad que no hubo equidad en el uso de tiempos y espacios en radio y televisión. En particular, sostuvo que “Televisa y Milenio han tenido como propósito imponer a Peña Nieto en la Presidencia de la República”.
Como segundo fundamento, mencionó el manejo de encuestas en medios de comunicación para hacer propaganda en favor de Peña Nieto y afirmó que la Asociación de Empresas Encuestadoras, junto con medios de comunicación, falsificaron la realidad con ese propósito.
En tercer lugar mencionó el gasto excesivo en propaganda y en movilización para los actos de campaña del ex gobernador del estado de México. Recordó que desde el 26 de abril la coalición de izquierda advirtió que el PRI había rebasado el tope de campaña –fijado en 336 millones de pesos– y luego se llegó a probar, hasta el 12 de junio, un gasto de alrededor de 4 mil 500 millones de pesos, y ahora ya tenemos más pruebas para sostener que el gasto fue muy superior a esa cantidad.
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Andrés Manuel López Obrador durante la conferencia de prensa en que dio a conocer los 10 fundamentos para que los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación declaren la invalidez de la elección presidencialFoto Carlos Cisneros
López Obrador ubicó en el cuarto sitio el uso de tarjetas Soriana para la compra del voto. Destacó que junto con el escrito dirigido al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, entregarían siete tipos de esas tarjetas, acompañadas de testimonios notariados de ciudadanos que declararon haberlos recibido para votar en favor del tricolor y su candidato presidencial.
Después se refirió a la distribución de miles de monederos del Banco Monex con dinero de procedencia ilícita. Afirmó que cuentan con tres tipos de tarjetas en su poder: Monex Recompensa, Monex Lealtad y Monex Lealtad Internacional.
Dio a conocer que han recibido, además, tarjetas de Bancomer y Santander, que fueron utilizadas por el PRI. Señaló que cuentan con testimonios de quienes se las hicieron llegar y en uno de ellos se relata que se entregó una tarjeta Bancomer a cada representante de casilla propietario del PRI por la cantidad de 4 mil pesos y otra, de 2 mil pesos por suplente.
El candidato de la coalición Movimiento Progresista también enlistó en el documento de pruebas, la compra y distribución de casi 5 millones de tarjetas telefónicas con propaganda del candidato del tricolor, y puso énfasis en el manejo que hizo el coordinador de campaña de Peña Nieto, Luis Videgaray, de la cuenta del estado de México –número 806935 de Scotiabank–, por alrededor de 8 mil millones de pesos. En este punto pidió a los dirigentes del PRI que se serenen, porque últimamente andan muy gruñones.
En los últimos fundamentos mencionó la compra de votos en todo el país y cuestionó que Peña Nieto y el PRI entregaron dinero en efectivo, comida (pollos rostizados, carne de res y de cerdo), materiales de construcción y otras dádivas, aprovechando la pobreza extrema de millones de mexicanos que carecen hasta de lo indispensable.
Consideró que esta fue la mayor inmoralidad que se registró durante la elección presidencial. Esto va más allá del uso del dinero para comprar votos; se trata de un hecho indigno y de la mayor vileza humana.
López Obrador cuestionó que la mayoría de los medios de comunicación ya están muy ladeados y recordó que el plazo para que concluya la calificación de las elecciones es el 6 de septiembre, aunque, dijo, hay algunos muy desesperados que quisieran que se quemaran los plazos.

Astillero
Beltrones y Gamboa
Compartir poderes
Peña, insuficiente
AMLO reitera
Julio Hernández López
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FIRMAN ACUERDO PARA EVITAR ROBO DE CELULARES. Marisela Morales, titular de la Procuraduría General de la República; Dionisio Pérez Jácome, secretario de Comunicaciones; Felipe Calderón, presidente de la República; Patricio Slim Domit, representante de Telcel, y Genaro García Luna, titular de Seguridad Pública, luego de la firma del acuerdo para evitar el robo de teléfonos celulares. El acto se llevó a cabo ayer en Palacio Nacional
Foto Francisco Olvera
        Poco ayuda en lo personal a Enrique Peña Nieto allanarse a los poderes políticos (televisoras, Salinas de Gortari, empresarios y nomenclatura priísta, entre otros) que están en ruta de instalar como coordinadores de las bancadas priístas en San Lázaro y en el Senado a dos pesados personajes que le superan en experiencia, habilidad, relaciones, marrullería y algo más. Como proyecto que le trasciende (presidencia fachada), gana operadores para enfrentar el largo trecho rumbo a la toma de posesión y para conseguir una gobernabilidad basada en cuotas, pero políticamente se muestra insuficiente, entrampado, condicionado.
Reducido de golpe a una condición casi igualitaria (como si de pronto se hubiese declarado una república priísta con división de poderes, al menos entre Ejecutivo y Legislativo) y confesamente falto de cuadros propios para llenar tan delicados casilleros que el faraonismo de tres colores ocupó en otros sexenios incluso con personajes menores (pero ejemplarmente alineados con el presidente en turno), el aéreamente apesadumbrado Peña Nieto ve llegar al reparto de cuotas a Manlio Fabio Beltrones Rivera, el sonorense que sin estridencias le regateó la postulación presidencial, y a Emilio Gamboa Patrón, el habilidoso yucateco ahora reciclado, poseedores ambos de un capital político fundado en los claroscuros del sistema y en el entendimiento con los factores más densos de éste.

Una pareja de esas características (BelGa) desmonta las pretensiones de autoritarismo individual (aunque las transfiere a otras instancias, igual de nefastas) que Peña Nieto había prefigurado a partir de la presunta popularidad arrolladora que él suponía se traduciría en una votación con apabullante distancia respecto al segundo lugar. Es como si, de pronto, una máquina revolucionaria e institucional diera marcha atrás en el tiempo y redistribuyera las porciones de poder que Peña Nieto y los suyos creían predeterminadas solamente para ellos, los miembros del Club Atlacomulco Feliz.

Quique presidirá (si el tiempo y la autoridad así lo deciden próximamente), pero no gobernará a plenitud. Allí estarán, juntos pero no revueltos, apoyando pero también apoyándose, MFB y EGP, compadres históricos que suelen jugar en bandas distintas que luego acercan para quedar siempre en buenas condiciones operativas, depositarios de las claves para operar el entramado del Congreso de la Unión que Felipe Calderón no pudo echar a andar con sus proyectos de reformas estructurales y que Peña Nieto tampoco podrá activar si no es mediante el acuerdo político con sus adversarios pertenecientes a otros partidos y con sus fortalecidas contrapartes internas: un poco como si la ironía de la política quitara al mexiquense una parte de la presidencia expandida que soñó con ejercer y se la entregara al sonorense que el 30 de este mes cumplirá 60 años pero no por ello jubila sus aspiraciones presidenciales aunque tan lejos parezca el 2018.

La aceptación de Manlio y Emilio como jefes legislativos (si finalmente se cumplen las fortísimas versiones en ese sentido) significa también una devaluación del equipo cercano de Peña Nieto, en especial de quien hasta ahora era considerado un todopoderoso personaje, Luis Videgaray, tecnócrata de la escuela de Pedro Aspe a quien las circunstancias encumbraron provisionalmente como estratega político. Jesús Murillo Karam tampoco fue usado por su jefe en turno, Peña Nieto, para intentar el bloqueo de la cantada búsqueda del control camaral por parte de Beltrones. Es de suponerse que fue reservado para labores en el gabinete enriquista, al igual que Miguel Ángel Osorio Chong, el otro ex gobernador hidalguense al que algunos miembros de la élite encopetada responsabilizan de haber tomado decisiones que desembocaron en los escándalos Monex, Soriana y conexos.

Estas cesiones y concesiones del atribulado EPN tienen como referente que en términos numéricos la diferencia en los comicios presidenciales parecería abismal (más de tres millones de votos), pero no lo es en términos estrictamente políticos: el candidato priísta invirtió una descomunal cantidad de recursos y obligó a sus patrocinadores (sobre todo a Televisa) a realizar un esfuerzo desgastante y revelador que, a fin de cuentas, significó una victoria electoral en primera instancia (con el IFE, Calderón y Vázquez Mota expresamente coaligados para favorecer al priísta) que casi nadie festeja y que muchos impugnan, en una especie de alquimismo de élites que a pesar del enorme gasto y el terrible cinismo desembocó en una especie de 0.56 por ciento copeteado, en otro resultado legalmente impuesto (ayer, por el IFE; en días próximos, por el tribunal electoral) pero políticamente teñido de ilegitimidad.

Astillas
El PRI, Peña Nieto y el tribunal electoral tienen la oportunidad de oro de jugar en lo que resta de la presente semana su final añorada: la declaratoria de presidente electo mientras la atención nacional está concentrada en Wembley, con mexicanos y brasileños en busca del máximo honor futbolero olímpico... Ayer, Andrés Manuel López Obrador ofreció una conferencia de prensa para reseñar las pruebas de fraude electoral que ha ido recabando, y añadió documentos, plásticos y testimonios al expediente que los magistrados enriquistas tienen resuelto a favor de su candidato desde antes de que se comenzara a integrar. A la hora de cerrar esta columna, mientras AMLO respondía preguntas de reporteros, todo parecía ser reiterativo, como si no hubiera suficientes evidencias de que el camino de la impugnación legal está ya determinado… Y, mientras Felipe Calderón, el candidato a presidente a trasmano del PAN, demostraba que cantar es otra de las cosas que no sabe hacer bien, ¡hasta mañana, en esta columna que escucha al ministro de la Corte, José Ramón Cossío, señalar la condición anticonstitucional del uso de militares en las calles, para el cumplimiento de tareas de seguridad pública!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
Transparencia y conspiración
Claudio Lomnitz
      El proceso de transición democrática ha sido tan largo y complejo, que cabría preguntarse si no vale la pena repensar algunos de sus aspectos: a fuerza de repetición, hemos sustituido el pensamiento crítico por lugares comunes.
Tradicionalmente, se ha contado la transición como un proceso que arrancó en la década de los sesenta, cuando el régimen de Estado corporativo no fue ya capaz de representar a una sociedad crecientemente compleja. El movimiento de 1968 se estrella con en el autoritarismo, que toca fondo en la elección de 1976, donde no hubo siquiera un candidato de oposición para la Presidencia, hecho que, a su vez, llevó a la reforma política de Reyes Heroles que, seguida de otra serie de reformas, consiguió establecer un sistema pluripartidista, de competencia electoral y rotación en puestos de elección popular.

La historia aparece, entonces, como un movimiento progresista, y de efectiva transformación democrática. Incluso si comparamos los conflictos poselectorales de 2006 y el actual, se nota al menos algún progreso: en 2006 se peleaba el recuento de votos; hoy no se discute tanto el cómputo de votos, sino irregularidades (reales o imputadas) en el financiamiento de las campañas, el acceso desigual a medios de comunicación o la persistencia de prácticas clientelares para la movilización del voto.

No es que esta manera de contar la transición ya tradicional sea falsa, pero vale la pena explorar también otros aspectos de la transición económica y política, que se apartan de la narrativa de la transitología más conocida, no porque la contradigan, sino porque se detienen en problemas colectivos distintos.

Una de esas formas alternativas de análisis se centra en el estudio y análisis de la persistencia y la relevancia del rumor y de las teorías de conspiración en la sociedad mexicana.

Se supone que las transiciones democráticas conllevan un proceso político de mayor transparencia, pero el hecho es que muchas transiciones van también de la mano de fuertes oleajes de suspicacias y de una profusión de teorías de conspiración. Y sin embargo, la problemática más amplia de la transparencia y de su relación con las teorías de conspiración se ha discutido poco. Un acercamiento comparativo a esta cuestión puede ser útil, porque apunta a problemas democráticos que rebasan, por mucho, el problema del voto, de los partidos y de los candidatos. Pero se trata también de un asunto nada fácil de pensar, que requiere, sobre todo, de atención y discusión colectiva.

La bibliografía antropológica, histórica y sociológica acerca de teorías de conspiración es extensa. Hay libros acerca de la importancia de teorías de conspiración en los albores de la era moderna: en las acusaciones de brujería contra de sectas heterodoxas dentro del cristianismo –los waldensianos, por ejemplo– o contra los hugonotes en el mundo católico; la paranoia contra la masonería o contra los jesuitas en la era de la Revolución Francesa; las teorías de conspiración palaciega en la Rusia zarista; las teorías de conspiración contra judíos en el nazismo, contra comunistas durante el macartismo, o en la argentina de la dictadura militar; las teorías de conspiración de la CIA o el sionismo en Medio Oriente; las teorías de conspiración antimusulmanas en Europa; la angustia en torno de la brujería en la política africana; las teorías de que Barack Obama es musulmán y extranjero, e incluso las conspiraciones más light difundidas en la cultura de masas –desde los X-Files al Código Da Vinci–, protagonizadas por extraterrestres, Caballeros Templarios, cárteles de drogas, religiosos fundamentalistas y un largo etcétera… Son ejemplos.
Lo que se puede decir a partir de la antropología sobre el tema es que hay una relación entre la obsesión con la transparencia y las teorías de conspiración. La transparencia siempre deja un lado oscuro. En los albores de la edad moderna, por ejemplo, la obsesión con la transparencia vino de la mano del abaratamiento del vidrio y la tecnología de los lentes (lupas, telescopios, microscopios). En el mundo protestante se puso de moda construir casas con ventanas a la calle, como para mostrar que sus piadosos moradores no tenían nada que ocultar. Pero las sospechas siempre surgen de cualquier intersticio oculto, y de pronto se daban las cacerías de brujas, como la de Salem, Massachusetts.

Hoy, la obsesión con la transparencia ha venido de la mano de otra revolución tecnológica: la cibernética, la Internet, las bases de datos, los Windows, etcétera.

Pero como toda apertura deja también espacios en que se pueden ocultar cosas, hoy vemos que los nuevos regímenes de transparencia vienen de la mano con nuevas teorías de conspiración.

Hay que tener cuidado con ambas cosas –las teorías de conspiración y los regímenes de transparencia. Las teorías de conspiración suelen ser peligrosas porque dejan la interpretación de la realidad abierta a una lucha política sorda, ya que por lo común son imposibles de demostrar ni de contradecir. Por eso pueden terminar fácilmente en persecuciones: cacerías de brujas, etnocidios, suspicacias contra de minorías políticas o sexuales. Sin embargo, tampoco se puede hacer frente a las teorías de conspiración sin discutir también las teorías de la transparencia a las que se contraponen, y reconocer que también tienen su lado oscuro.

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