Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

sábado, 20 de abril de 2013

Venezuela: solidez institucional- Marx, el ecologismo y Correa- Las elecciones y la derecha venezolana

Venezuela: solidez institucional
La presidencia de Nicolás Maduro, sucesor del extinto Hugo Chávez al frente del gobierno de Venezuela, arrancó ayer con el telón de fondo de una innegable polarización social y política –que se ha reflejado en estos días con marchas a favor y en contra del mandatario entrante–, de los cuestionamientos y amagos formulados hacia su persona y su gobierno por el dirigente opositor, Henrique Capriles, derrotado por el hoy presidente por más 265 mil votos durante las elecciones del pasado domingo.
 
Más allá de ese panorama adverso, la juramentación de Maduro desmiente, en lo inmediato, los pronósticos de una crisis poselectoral de gran profundidad que haría inviable el proceso sucesorio en Venezuela. Adicionalmente, la asunción del político chavista se empata con el anuncio, por parte del Consejo Nacional Electoral, de una auditoría a la totalidad de los votos emitidos el pasado 14 de abril, lo que contribuirá a desactivar por esa vía los cuestionamientos de las dirigencias opositoras a la legitimidad del nuevo presidente. Se sigue a la espera de que la oposición solicite un nuevo escrutinio de los comicios mediante una propuesta formal, toda vez que hasta ahora sólo lo ha hecho por cauces mediáticos.

Ambos sucesos, en suma, conjuran la perspectiva de un periodo prolongado de incertidumbre, que sin duda habría sido indeseable para Venezuela y habría colocado a ese país en riesgo de una profundización de la violencia –que ciertamente apareció durante las marchas de protesta convocadas por Capriles, con un saldo lamentable de ocho muertos, derivados de agresiones perpetradas por simpatizantes del candidato opositor– en medio de los barruntos de desestabilización que pudieron observarse en los últimos días, y que han sido la constante durante los casi tres lustros de proyecto chavista. La institucionalidad bolivariana parece iniciar con el pie derecho uno de sus periodos más difíciles, en la medida en que se muestra capaz de preservar el orden republicano, de garantizar la transparencia y confiabilidad de los procesos soberanos –la realización de auditorías sobre un porcentaje mayoritario de los votos es de hecho una práctica común del CNE– y de proveer cauces y mecanismos legales para la resolución de los conflictos políticos en aquel país.
 
Tal demostración no desactiva los difíciles retos a que se enfrenta el chavismo sin Hugo Chávez, que incluyen la triple tarea de emprender una revisión profunda de sí mismo, hacer realidad los propósitos más avanzados de la agenda política de Maduro –particularmente el objetivo de erradicar la pobreza en Venezuela y hacer frente al problema de la inseguridad– y lidiar con una oposición fortalecida y proclive a prácticas antidemocráticas.
 
Por último, y sin desconocer que la principal fuente de reconocimiento y legitimidad de todo gobierno radica en su propia población –en el caso de Venezuela, ese respaldo fue otorgado al régimen bolivariano en las elecciones del pasado domingo mediante una mayoría absoluta de los votos–, e incluso ahora, la presencia de 17 jefes de Estado, así como de representantes diplomáticos de más de 60 países en la toma de posesión de Maduro, constituye una incuestionable muestra de respaldo internacional que evidencia, por contraste, la mezquindad y la arrogancia de Estados Unidos y su apéndice hemisférico, la Organización de Estados Americanos (OEA), ambos reacios a reconocer el sentido del fallo popular que dio la victoria a Maduro. Tal circunstancia exhibe, por fortuna, la pérdida de control hegemónico de Washington en la región y el avance de una política internacional multipolar y rica en contrapesos, procesos en los que la Venezuela bolivariana ha tenido un papel fundamental.
 
Marx, el ecologismo y Correa
Joan Martínez Alier*
En una entrevista en Página 12, de Buenos Aires, el 22 de febrero de 2013 con Mercedes López, el relecto presidente Rafael Correa apareció con una sonrisa, modos afables y una apariencia indestructible. Correa había obtenido 57 por ciento de los votos. Decisión inapelable de los votantes ecuatorianos. Yo comparto con la cronista la simpatía por Rafael Correa. El país ciertamente escapó de la larga noche neoliberal, pero ¿para dónde va? ¿Puede paradójicamente escaparse de la economía extractivista mediante más extractivismo, ampliando la frontera del petróleo, introduciendo en el país la minería de cobre u oro a cielo abierto en Intag, el Mirador, Quimsacocha…?
 
En esa entrevista, como en otras declaraciones en años recientes, el presidente Correa preguntó: ¿Qué clase de marxismo-leninismo me perdí donde decía que un principio socialista es no explotar un recurso natural no renovable?... Tanta riqueza sin explotar, ¿qué principio de izquierda es ése? Son infantilismos, son novelerías, de una seudoizquierda que busca mantener el conflicto, porque de eso vive. De eso lucra, de eso se beneficia.

La inquina contra el ecologismo popular es compartida por neolibs y nacpops, por Cristina Fernández y Sebastián Piñera, por Juan Manuel Santos, Humala y Correa. Todos critican a los ecologistas o ambientalistas; todos están navegando en el boom de las exportaciones primarias y falsificando las cuentas macroeconómicas reales, pues no restan los pasivos ambientales.

Volvamos a la pregunta del presidente Correa. ¿Qué hubiera dicho Marx frente a sus propuestas extractivistas? Ya que Marx murió en 1883, ¿qué dirían los marxistas actuales? Correa, que es un hombre instruido, debería conocer las respuestas. Algunos lo elogiarían no sólo por su política económica redistributiva interna y su antimperialismo, sino por estar logrando un (mal llamado) desarrollo de las fuerzas productivas. Pero otros lo criticarían.

Hay actualmente en el mundo, como nunca antes, un proceso de desposesión de tierras indígenas y campesinas por empresas privadas o estatales, procesos neocoloniales de apropiación de recursos naturales y territorios donde aparecen actores nuevos como las empresas chinas. Para entenderlo, los conceptos más pertinentes del marxismo son dos: 1) acumulación primitiva u originaria de capital (un concepto renovado por David Harvey con el nombre de acumulación por desposesión) y 2) La interpretación de la economía como metabolismo social (para lo que Marx se inspiró en Moleschott y Liebig). Marx le escribió a Engels en 1866 que la química agraria de Liebig era más importante que todos los escritos de los economistas juntos para entender cómo funcionaba la agricultura. Debía impedirse la ruptura metabólica típica del capitalismo depredador. Eso está bien explicado por John Bellamy Foster en La ecología de Marx: materialismo y naturaleza.
 
La acumulación de capital originaria o primitiva la aplicaba Marx a la megaminería de entonces que se había robado la plata de Potosí, de Zacatecas, a las plantaciones esclavistas de caña de azúcar o algodón. Crecen ahora las ganancias capitalistas por esa acumulación por desposesión o por despojo y también hay acumulación de ganancias mediante la contaminación ya que no se suele pagar nada por los daños ambientales.
 
Los marxistas no insistieron lo bastante, a mi juicio, en que el capitalismo era un sistema ecológicamente insostenible de transformación de energía y materiales en constante crecimiento. Pero lo cierto es que Marx (estudiando las ideas de Liebig sobre el guano y la necesidad de reponer los nutrientes de la agricultura) introdujo el concepto de ruptura metabólica. El capitalismo no remplaza los nutrientes, erosiona los suelos y destruye tanto los recursos renovables (como la pesca y los bosques) como los no renovables (como los combustibles fósiles y otros minerales).
 
Correa tampoco reconoce la teoría de la Segunda contradicción del capitalismo, del economista James O’Connor (1988), ni el libro de Enrique Leff de 1986, Ecología y capital. Ambos explicaron que los crecientes costos sociales y ambientales causados por el (mal contado) crecimiento de la economía provocan la explosión de protestas ecologistas. Leff añadió que las alternativas productivas ecológicamente racionales son apoyadas por las resistencias contra la expoliación de la naturaleza.
 
A Marx le hubieran encantado esas protestas. El joven Marx se indignaba porque los nuevos propietarios burgueses de los bosques no dejaban a los pobres recoger leña. El parlamento renano defendía esos cercamientos privados, las enclosures que Marx analizaría más tarde en El Capital. Los ecomarxistas actuales como Michael Löwy y Jorge Riechman nos recuerdan que Walter Benjamin dijo que el capitalismo tenía graves problemas con los frenos de emergencia. Cuando el presidente Santos habla en Colombia de la locomotora minera, siempre recuerdo a Walter Benjamin, muerto en Port Bou en 1940. Habrá que regalarle estos libros al presidente Correa.
*Universidad Autónoma de Barcelona
 
Transición en Venezuela
Las elecciones y la derecha venezolana
Marcos Roitman Rosenmann
Foto
Recorrido de Nicolás Maduro por el Paseo de los Próceres, en Caracas, durante la ceremonia militar que lo reconoce como comandante en jefe de las fuerzas armadas, luego de asumir el cargo como presidente de Venezuela. Con él, su compañera Cilia Flores
Foto Ap
 
No esperaba un triunfo tan ajustado del candidato Nicolás Maduro. En España, acérrimos defensores del candidato Henrique Capriles auguraban el triunfo del chavismo por una holgada mayoría. Toda la derecha mundial y los medios de comunicación asumieron tales predicciones. Seis meses antes, en las presidenciales de octubre de 2012, la derecha consideró que entre Chávez y Capriles existía un empate técnico. La victoria aplastante de Hugo Chávez arrió la bandera del fraude electoral, frenando las acciones desestabilizantes tendentes a generar caos y un levantamiento militar.
 
Hoy, la realidad sorprende a unos y otros. Las cifras son demoledoras para bien y para mal. Nicolás Maduro, 7 millones 563 mil 747 votos, lo que representa 50.75 por ciento del total, y Henrique Capriles, 7 millones 298 mil 491, 48.97 por ciento. Poco más de punto y medio entre uno y otro. En sufragios, 265 mil 256. Dichos resultados exigen una profunda reflexión y un análisis político, más allá de aplicar adjetivos calificativos que no ayudan a entender la situación.
 
Curiosamente, un artículo de Andrés Oppenheimer publicado en el Nuevo Herald el pasado 11 de abril, a tres días de las elecciones, señalaba como un escenario pensado estratégicamente una muy cuestionable victoria de Maduro por 2 por ciento de los votos, que Capriles denuncia inmediatamente como fraudulenta... Los opositores salen a las calles para protestar por lo que consideran una elección robada... Maduro reprime a los manifestantes, pero las escenas de violencia provocan una gradual pérdida de legitimidad del gobierno, que acelera la implosión del régimen.
Control del CNE
 
Lo acontecido el 14 de abril, fecha de las elecciones, ratifica el itinerario seguido por Capriles. Por suerte, la República Bolivariana de Venezuela goza de mecanismos de control democrático para evitar el emponzoñamiento electoral. El fraude es técnicamente imposible. Y por mucho que se intente, el escenario tiene viabilidad si la propaganda política desestabilizadora anclada en la tradición de fraude que aqueja a la región gana adeptos. Muchos países latinoamericanos en los dos siglos de vida independiente han sido víctimas de elecciones fraudulentas.
 
En Venezuela no hay espacio para el fraude desde 1998. La nueva Constitución, el voto electrónico, las auditorías, el control antes, durante y después del proceso electoral elimina la posibilidad de alterar la voluntad popular expresada en las urnas. Caben irregularidades, como siempre, nunca torcer el sentido del voto. La trasparencia es el símbolo de Venezuela de la V República. Eso lo saben partidos políticos, sindicatos e instituciones que piden al Consejo Nacional Electoral (CNE) su acción fiscalizadora para garantizar el escrutinio. Nadie, en su sano juicio, se plantearía descalificar los resultados del CNE. Recordemos que las primarias de la oposición para proclamar como su candidato a Henrique Capriles contaron con el concurso del CNE, a petición expresa de la MUD.
 
Henrique Capriles y su comando adhieren a recrear el escenario señalado por Oppenheimer, donde el futuro se avizora sombrío y en el cual Nicolás Maduro debe soportar acusaciones de fraude, presidente ilegítimo y la continuidad del régimen. Es la fórmula para asentar las acciones desestabilizadoras de medio y largo plazos. Sin embargo, hoy por hoy, dudan y miden sus palabras. Insistir en el recuento de 100 por ciento de los votos y lanzar acusaciones de fraude es una táctica de corto alcance. Tienen representantes en el CNE, en los centros regionales y en las mesas de votación y participan en el escrutinio.
 
Para justificar la insumisión electoral y desconocer la proclamación por parte del CNE de Nicolás Maduro como presidente legítimo, Henrique Capriles no habla de irregularidades, sino de más de tres mil incidencias registradas. Y será verdad. Quiere ganar tiempo, aglutinar fuerzas y pasar al ataque. Diseñar una estrategia de acoso y derribo en el medio plazo. Hoy mide la distancia cuerpo a cuerpo. Está convencido del triunfo de Maduro, pero necesita sentirse ganador y mandar un mensaje a la comunidad internacional, contratacar. El triunfo por menos de 2 por ciento es el principio del fin de la revolución bolivariana y pide la ayuda para el descabello.
 
En este sentido, se invisibilizan los informes de las organizaciones internacionales que han estado presentes, Unasur, la Unión Interamericana de Organismos Electorales y los acompañantes de países como México, Chile, Argentina, Francia, Italia, China, Brasil o España. En total, 170 representantes del mundo de la cultura, el periodismo, la academia o la política mundial. El informe presentado por el CNE y el elaborado por los acompañantes internacionales descartan la posibilidad de un fraude o irregularidades generalizadas. El venezolano es el proceso electoral más auditado de cuantos existen en la región. Para despejar dudas, los acompañantes internacionales del parlamento español del PP, Psoe, PNV, CiU, IU, ICV, y CHA, entre los que figura el ex presidente del parlamento, José Bono, suscribieron un documento en el cual subrayaban que ... el resultado es fiable por contrastable..., dando legitimidad a los datos emanados desde el CNE.
 
¿Pero cómo administra Capriles, política, ideológica e internacionalmente una derrota por la mínima? No le resulta fácil. La MUD es una colación heterogénea; en ella anidan desde los viejos partidos tradicionales, Ad y Copei, hasta Primero Justicia, partido de Capriles. Unos querrían pasar a la ofensiva directamente y presionan; otros se decantan por negociar, calmar las aguas y mostrarse menos beligerantes. Los segundos plantean reconocer la derrota, dar la mano al vencedor. Los primeros están decididos a torpedear y avanzar en la desestabilización, haciendo ingobernable el país hasta la extenuación. Los defensores de la conciliación tratan de abrir paso a una convocatoria de referendo revocatorio, en el plazo de tres años y ganarlo. Juegan en el campo constitucional.
 
A los directamente golpistas sólo les interesa fomentar el caos económico y político y agudizar la violencia. Henrique Capriles, con su verborrea anticomunista, odio hacia Cuba y los países de la Alba, podría decantarse y encender la mecha para un golpe de Estado, por medio de la estrategia de la tensión. Promover actos de sabotaje, violencia callejera, asesinatos políticos de militantes y cuadros, consolidando la imagen de un país dividido, enfrentado, con un presidente ilegítimo y al borde de la guerra civil. Es el campo perfecto para dividir a las fuerzas armadas, buscar aliados en su interior y una salida manu militari. Desquiciar la convivencia e introducir la quinta columna en las fuerzas armadas.
 
Hay militares agazapados que esperan el momento para actuar. Los hubo en 2002. La traición anida en la institución castrense. Aquí, la presión internacional de la derecha europea, la OEA, el Departamento de Estado estadunidense, la Internacional Socialista, Demócrata Cristiana y Liberal unirán fuerza para romper la unidad de las fuerzas armadas bolivarianas. La petición de Capriles del conteo voto por voto es sentar la primera piedra del edificio conspirativo. Abstrae que se auditan aleatoriamente 54 por ciento de las cajas de resguardo. El porcentaje más alto del continente, incluyendo Estados Unidos y Canadá; acto en el cual están presentes todos los partidos, organizaciones de la sociedad civil, técnicos del CNE y ciudadanos.
 
Proyecto latinoamericano
 
Hoy, la MUD y su ex candidato Henrique Capriles tienen que decidir hacia dónde inclinan la balanza. Por el momento, los grupos más golpistas han reculado. Si en un primer momento lanzaron sus gentes a la calle, quemado, asaltado sedes del Psuv, casas de militantes y acosado a mandos militares, buscando el enfrentamiento, Capriles desconvoca la marcha para evitar un desastre. Pero la asonada fascista esta latente.
 
Hay que estar alerta, en Venezuela se juega gran parte del proyecto democrático latinoamericano. La derecha neoliberal lo sabe y hará lo imposible por derrotarlo. Su desprecio por la democracia, cuando pierde elecciones, deriva en golpes de Estado. Acostumbrada al fraude, no concibe unas elecciones limpias, transparentes, donde el ganador enarbole un proyecto democrático, socialista, antimperialista y popular. Es necesario denunciar las futuras maniobras desestabilizadoras. Pero es obligatorio que los partidarios de la revolución bolivariana y sus dirigentes realicen una crítica capaz de fortalecer el proceso. Ello se antoja inmediato e impostergable. Son los dilemas y las tareas a las que se enfrenta Nicolás Maduro. Confiamos en su éxito. Así perdurará el legado del presidente Hugo Chávez.

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