Siria: Moscú y Pekín frenan a Washington
Ángel Guerra Cabrera
La arremetida subversiva contra Siria del último año y medio se inserta en un plan estadunidense mucho más abarcador que conviene recapitular. Recuérdese la previa demolición de Libia y el linchamiento de su líder llevados a cabo igualmente por la OTAN, los monarcas de Arabia Saudita y Qatar y demás tiranuelos del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Éstos se mueren de miedo ante la posibilidad de que traspasen sus fronteras los aires de rebelión popular árabe, y por eso aplastan a sangre y fuego la de Bahrein, de la que no se habla en los medios corporativos.
Ello exigía el desarrollo de varias guerras, abiertas o encubiertas, con el despliegue de importantes fuerzas y medios militares, así como acciones subversivas para acabar con todos los gobiernos y fuerzas populares de esa región que opusieran algún grado de resistencia al dominio imperialista. Como apoyos en la aventura Estados Unidos contaba con sus complacientes socios europeos y una colección de marionetas de distintas latitudes, con los que ocupó Afganistán e Irak. En la retaguardia disponía de todas las facilidades a cargo del CCG, devenido hace dos años en alma de la contrarrevolución árabe. Mientras, para mantener a los palestinos enjaulados, perseguidos, acosados y continuar privándolos de sus ya disminuidos territorios y fuentes de agua allí estaba su aliado consentido, Israel, al que convirtió en gran potencia nuclear. Pese a ello, la supuesta invencibilidad militar del ejército sionista fue puesta en solfa por la resistencia patriótica libanesa de Hezbolá, que lo ha derrotado dos veces (2000 y 2006); y los palestinos no han descansado un día en su resistencia.
Obama, es evidente, ha sido un fiel continuador de la política exterior de Bush. Aunque se viera obligado a una humillante retirada de Irak y difícilmente se libre de una derrota vergonzosa en Afganistán, ha extendido una guerra de baja intensidad contra Paquistán, Yemen y Somalia, al tiempo que participado activamente en las operaciones contra Libia y ahora en el sangriento intento de cambio de régimen en Siria. Curiosamente, en ambos países los aliados principales de la OTAN han sido bandas terroristas sectarias, algunas vinculadas a Al Qaeda, armadas por el CCG y entrenadas y apoyadas por la CIA y grupos de operaciones especiales ingleses y franceses. Es el caso del llamado Ejército Sirio Libre. Por Damasco se llega a Teherán, pletórico de hidrocarburos y serio obstáculo a los planes de dominación yanqui en la zona. Las aventuras contra Libia y Siria se han caracterizado por una desvergonzada participación de los
medios, que, fabricando protestas, matanzas y desenlaces falsos desempeñan una función cada vez más decisiva en los planes del Pentágono.
Ahora bien, lo que ha impedido una intervención militar abierta en Siria –aparte de su indudable capacidad militar– es la firme oposición de Rusia y China, que han trabajado arduamente a favor de una salida política del conflicto. Es por ello que
Occidentese ha visto obligado a aceptar a regañadientes que el mediador Kofi Annan involucre a Irán e Irak en el diálogo para buscar una solución negociada. Al parecer, un ataque a Siria o a Irán deberá esperar ahora a que pasen las elecciones en Estados Unidos. Pero ya hay una lección importante y es que Washington y sus aliados no pueden actuar como si Rusia y China no existieran, sin contar con otras fuerzas que, sin ser superpotencias, también disponen de la voluntad y capacidad de oponérseles.
Twitter: aguerraguerra
Guerra a control remoto
Miguel Marín Bosch
El presidente Barack Obama busca relegirse, pero se ha topado con muchos obstáculos. La economía estadunidense no se recupera y el desempleo se ha mantenido a niveles relativamente altos. Ciertamente heredó una situación económica (y financiera) muy mala y ha tenido que hacer frente y ofrecer soluciones a problemas que no causó. Además, ha tenido que idear una estrategia para sacar a sus soldados de Irak y Afganistán, otro legado muy pesado y costoso.
En el terreno militar sus decisiones ya en la Casa Blanca tampoco estuvieron muy acordes con sus promesas como candidato. Y una vez en la presidencia, sus palabras también han estado reñidas con sus acciones. Cambió los tiempos de la retirada de Irak y aumentó la presencia de tropas en Afganistán. Su discurso en Praga acerca de la eliminación de las armas nucleares no concuerda con su petición al Congreso para aumentar el renglón del presupuesto militar precisamente destinado a mantener y mejorar el arsenal nuclear estadunidense.
De ahí que Obama haya decepcionado a muchos de los que lo apoyaron en la elección de 2008. Su mensaje fresco, claro y esperanzador de entonces atrajo muchos votos, en particular entre los jóvenes. Ahora la lista de quejas incluye el rescate de los bancos e instituciones financieras; sus concesiones al Partido Republicano a fin de lograr su respaldo a la reforma del sistema de salud; su titubeo en materia de medio ambiente; la cárcel en Guantánamo, y varios otros asuntos que han decepcionado a quienes lo eligieron.
Hay otro tema que también es fuente de preocupación. En efecto, en los últimos meses se ha intensificado el debate sobre cómo Estados Unidos está cambiando la manera de conducir la supuesta guerra contra el terrorismo internacional. Al parecer, hacia diciembre de 2008 el presidente saliente George W. Bush le encomendó a su sucesor dos proyectos que estaban desarrollándose y que Obama aceptó y mejoró: el uso de vehículos (aviones) sin tripulación (los llamados drones) y la guerra cibernética. Sobre esto último hablaremos en un futuro artículo.
A principios del mes pasado murió Abu Yahya Libi en Pakistán, víctima de un bombardeo llevado a cabo por un drone. En otras palabras, fue asesinado a control remoto. Todos hemos visto los avioncitos que se manejan a control remoto y que son un juguete bastante exitoso. Pues bien, el drone es un juguetito que ahora lleva a cabo ataques contra los dirigentes de Al Qaeda. Estados Unidos los utilizó en Irak y ahora en Afganistán, Somalia, Yemen y Pakistán. En este último país los ataques han causado víctimas inocentes, complicando así las relaciones con sus dirigentes.
Libi era el número dos de Al Qaeda y su muerte fue festejada en Washington. Pero su muerte confirma que Estados Unidos se ha embarcado en un tipo de actividad militar sumamente peligrosa.
En un principio los drones fueron utilizados como un instrumento de reconocimiento de las posiciones del enemigo. Hoy aún se utiliza una pequeña versión con ese fin.
Con el tiempo fueron armados con bombas. Israel fue uno de los pioneros en este campo. Construyó modelos cada vez más grandes y sofisticados. Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos hizo lo mismo. Hoy también los posee China, que los exhibió en la feria de aeronáutica en Zhuhai en 2010.
A partir de 2001, Estados Unidos empezó a explorar la manera de atacar a Al Qaeda en las regiones montañosas de Afganistán, a las que no podía enviar tropas terrestres ni tampoco aviones tripulados por personas. Lo que se inició como un modesto intento por la fuerza aérea fue tomado por la CIA y se convirtió en un proyecto importante y secreto. De ahí que no hubo discusiones en el Congreso ni el público en general. De hecho ahora parece que las operaciones militares de los drones están a cargo de la CIA y no del Departamento de Defensa.
El debate sobre los drones ha cobrado mayor interés tras las revelaciones de que en los casos más importantes es el propio presidente Obama quien decide cuándo y contra quién se utilizan. Las críticas le han llovido.
The New York Times manifestó sus dudas acerca de la legalidad de acciones que matan a individuos, incluyendo a estadunidenses y extranjeros, lejos de un campo de batalla sin saber a ciencia cierta de que se trata de terroristas. ¿Quién supervisa las decisiones del presidente y cómo las justifica? En 2008 Obama se pronunció en contra de la guerra en Irak y condenó el uso de tortura contra los prisioneros capturados tras el 11 de septiembre. Ahora parece preferir eliminar a los sospechosos de pertenecer a Al Qaeda en lugar de encarcelarlos.
Cada semana el presidente Obama recibe una lista de personas que se cree están vinculadas a Al Qaeda. Un equipo de expertos en terrorismo elabora esa lista y el presidente decide a quiénes se debe atacar con drones en Somalia y Yemen y en casi todos los casos en Pakistán.
Suele decirse que en la guerra y en el amor todo se vale. No sé si sea cierto en el caso del amor, pero ciertamente no lo es en la guerra. Hace ya unos siglos que se ha venido reglamentando la conducción de la guerra.
Como candidato Obama abogó por el respeto al marco legal en la lucha contra Al Qaeda. No cabe duda de que la guerra contra el terrorismo internacional no se puede catalogar fácilmente dentro de las guerras tipificadas y reglamentadas por el derecho internacional. Pero Obama, presidente y jurista, no debe actuar al margen de la ley.
Es oportuno recordar a Monsiváis
Margo Glantz
Con su extraordinaria capacidad de síntesis que hacía posible resumir en breves párrafos datos primordiales de la historia o la cultura de México, Monsiváis dio cuenta de las verdaderas revoluciones producidas en el lapso de medio siglo, tanto en lo político como en lo social, alteraciones definitivas que hacen pensar que ese periodo de la historia nacional, situado más o menos entre los años 50 y los 80, pertenece a la prehistoria, como si los seres que allí habitaron fuesen antediluvianos, seres provistos de referencias culturales diversas, obsesivos amantes de la lectura y la literatura, altamente politizados y críticos, en fin, una generación anterior a los cambios drásticos producidos en las décadas recientes, cambios acentuados por la caída del socialismo, el cese de la guerra fría, las guerras locales en diversas zonas del planeta, los fundamentalismos religiosos, los terrorismos, la imposición del neoliberalismo y sus restricciones económicas, la aparición de la tecnología digital, la computadora, el celular, etcétera.
Las alusiones perdidas habrían devenido entonces causas perdidas:
Si no se cae en el victimismo, las causas perdidas son un recurso enorme de la salud mental. Que Dios debería proteger a los buenos ya que los malos son definitivamente estúpidos y tan corruptos que en la noche se giran a sí mismos cheques sin fondo.
Más tarde afirma en el mismo libro:
El neoliberalismo es, en definición rápida, el encumbramiento de una minoría depredadora, y por ello se privilegia a la educación privada al margen de los niveles de calidad; y allí, con énfasis, la aptitud tecnológica es la cima, lo que se traduce en el menosprecio del humanismo, en la adopción ornamental de la cultura y en la burocratización en materia educativa.
Pero nada es estático. Según lo encamina su reflexión, su optimismo oscila, deviene rápidamente de nuevo pesimismo cuando observa por ejemplo los embates que los actuales gobiernos promueven contra el Estado laico y sus efectos sobre la educación popular.
¿Qué se pretende entonces? Aquello que declaran reiteradamente los jerarcas: la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, enseñanza católica desde luego, porque según argumentan, es la religión mayoritaria y porque, dicen el clero y el PAN, a la laicidad la define la voluntad de los padres de familia, que al no estar ni remotamente organizados depositan su voluntad en las esferas celestiales.
Agobiado por estas alternancias, y en su deseo de vislumbrar aunque fuese algunas posibilidades para documentar su optimismo, Monsi confecciona una lista de hechos consumados –de causas o alusiones perdidas y algunas propuestas de redención–, elijo una:
“La competencia con la televisión, una batalla perdida en cuanto a la oportunidad de las noticias se refiere, se compensa por un hecho: la interpretación sigue a cargo de la prensa, no obstante el despliegue de mesas redondas televisivas. Eso obliga en las publicaciones a darle más espacio a los dossiers, imposibles de incluirse en la tv, reacia incluso a los reportajes.”

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