Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

jueves, 9 de agosto de 2012

Revuelo en Wall Street- La Corte Penal Internacional + 10- Bolivia antes y después de Evo

Revuelo en Wall Street
John Saxe-Fernández
 
         En medio de oscuros nubarrones por lo profundo y amplio de la crisis, esta vez manifiesta en la eurozona, pero también en el catarrito de 4-5 mil millones de dólares (mmdd) de JP Morgan y en indicios de acople depresivo global, la semana pasada hubo conmoción mayor en Wall Street –y en la finanza y la política mundial– cuando Sandy Weill, cofundador, ex CEO y ex presidente de Citigroup, dijo que ya era hora de disolver la fusión de bancos comerciales y bancos de inversión (Break up the big banks CNBC.com). Ese tipo de fusión, avalada en 1999 al derogarse la Ley Glass/Steagal de 1933, abrió las compuertas a la megaespeculación por la vía del desate de la ingeniería financiera y la formación de firmas demasiado grandes para caer, sujetas al rescate abierto y/o clandestino, con fondos públicos. Ya que cerca de la mitad de la banca mexicana (Banamex) es parte de ese supermercado financiero que apuesta con bloques accionarios de firmas petroleras y del gas, farmacéuticas, aerolíneas, mineras, forestales, alimentarias etc, aquí la crisis acentúa el apetito especulador, primero en Pemex, como ilustra Israel Rodríguez. Pero también van tras el resto: electricidad, infraestructura, bosques, todos los servicios públicos –educación, salud– etc. Ante el agotamiento de recursos estratégicos convencionales no renovables, las firmas de fuera cuentan con codiciosos cómplices, hombres de negocios locales, armados con la Ley de Asociaciones Público-Privadas, listos para, desde la usurpación del poder, lanzarse al festín privatizador. Ya hicieron fortuna durante el salinato/zedillato. Ahora quieren más.
 
Aunque cause revuelo el giro de Weill, poderoso y rapaz ex banquero, pieza clave en la desregulación financiera, ya otros notables expresaron su mea culpa por el desenfreno de 2007/2008, sin dejar de embolsarse multimillonarias compensaciones. Impunes, se preocupan por las brutales secuelas de su actuación sobre millones de familias y la economía real: en 2009 Reed se disculpó por los 45 mmdd y varios cientos de mmdd más, para el rescate y funcionamiento de Citigroup; igual hicieron David Komansky, de Merril Lynch, y Philip Purcell, ex CEO de Morgan Stanley. Komansky apoyó a Weill en la derogación de la Glass Steagal, mientras J. Dimon, protegé de Weill, ahora CEO de JP Morgan, desdeña las críticas a los excesos de su firma.

Cuando la finanza es parte de la acumulación capitalista en crisis, es sobrecogedor que, arrepentidos o no, los bribones, conductores de las principales firmas financieras, con activos que representan cerca de 60 por ciento de PNB de EU, ejerzan, como advierte el senador Bernie Sanders, un enorme poder económico y político. Bajo su gravitación operaron Clinton, Bush, Obama y Phil Gramm, presidente del comité senatorial de la banca (1995-2000). Gramm, además de ser clave contra la Glass Steagal, insertó la desregulación de derivados en la Ley sobre Modernización de Futuros en Materia Prima. Eso agradó a los cabildos más poderosos hoy tras el petróleo/gas de esquisto y el resto del patrimonio nacional mexicano. Se desató una voraz especulación con petróleo, gas, minerales y el hambre popular –maíz, arroz, trigo, etc, (La Jornada 22/III/2012 p.31)– desde Goldman Sachs, Stanley Morgan, Bank of America, Citigroup et al. Sanders, cuya auditoria a la Reserva Federal mostró un desvío secreto de préstamos de 16 billones (trillions) de dólares a bajo interés a firmas amigas, dice que Rex Tillerson, presidente de Exxon-Mobil, (firma con exorbitantes ganancias, que dijo no querer ser contratista de Pemex sino dueña del petróleo, que ahora se anuncia en revistas de izquierda y nos informa desde Gaceta Universitaria que formará cuadros de ingenieros y geólogos en la UNAM), reconoció ante el Senado de EU que la excesiva especulación puede haber sido responsable de un aumento en el precio del petróleo hasta de 40 por ciento, mientras un representante de Delta Air Lines advirtió a las autoridades federales que la burbuja especulativa en los precios del petróleo tiene consecuencias negativas para la economía real, una advertencia compartida por Richard Moskowitz del sector camionero ya que ”la excesiva especulación causa aumentos dramáticos del crudo que dañan a los camioneros”.
Coda: la política del FMI-BM de 30 años en México, centrado en la mano de obra barata, la maquila y la reprimarización es un diseño para el saqueo periódico del país. Carente de capacidad para generar desarrollo y empleo, sus crisis de insolvencia se resuelven rematando el patrimonio a depredadores/especuladores domésticos y externos. Al afectarse de manera acumulada las bases de la estabilidad social, la vigencia del modelo muta en principal “amenaza y problema“ para la seguridad nacional.

Cuando, en medio de la carnicería en curso, los activos públicos se agoten, ¿sigue la especulación con el territorio?

La Corte Penal Internacional + 10
Miguel Marín Bosch
 
       Me resulta difícil creer que ya han pasado 10 años desde que se estableció la Corte Penal Internacional (CPI) y que, a raíz de ese acontecimiento, se truncó mi carrera en el servicio exterior. En efecto el pasado mes se cumplió una década de la entrada en vigor del Estatuto de Roma que creó la CPI. Con ello se hizo realidad uno de los anhelos del siglo XX: quienes lleven a cabo un genocidio o cometan crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra tendrán que responder por sus actos ante un tribunal internacional.
 
Los orígenes de la CPI se remontan a la violenta historia europea del siglo XIX. Se dice que se habló de la necesidad de establecer un tribunal internacional tras la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Pero fue después de la Primera Guerra Mundial que se empezó a hablar en serio de esa posibilidad.

Los tribunales de Nuremberg y Tokio fueron creados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial para juzgar a los vencidos. Son el antecedente directo de los tribunales penales internacionales establecidos en 1993 y 1994 por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para los casos de la ex Yugoslavia y Rwanda, respectivamente. Y son el origen también de la CPI.

Con la CPI el Consejo de Seguridad de la ONU cuenta ahora con una única instancia para remitir casos relativos a los crímenes antes mencionados. A partir de 2017 se incluirá también el crimen de agresión. El Consejo de Seguridad ya le ha turnado los casos de Darfur en Sudán y Libia.

Desde luego que la CPI no tiene que esperar a que el Consejo de Seguridad le remita un caso. Puede iniciar un proceso siempre y cuando el supuesto crimen haya ocurrido en el territorio de un Estado parte o que el acusado sea un nacional de un Estado parte. Hoy son más de 120 países los que se han adherido a la CPI. Desafortunadamente algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad no lo han hecho (China, Estados Unidos y Rusia).

La CPI ya ha recibido quejas de supuestos crímenes en más de 130 países y ha iniciado una investigación en varios casos.

Muchos estudiosos del derecho internacional han criticado el estrecho vínculo entre la CPI y el Consejo de Seguridad de la ONU. En particular han señalado la disposición en el Estatuto de Roma que le permite al consejo suspender la aplicación del propio estatuto hasta por un año y renovable.

Fue precisamente una propuesta en el Consejo de Seguridad para invocar esa disposición en julio de 2002 que provocó mi salida del gobierno. En efecto, el Estatuto de Roma entró en vigor el primero de julio de ese año y Estados Unidos buscó la manera de que sus efectivos militares gozaran de inmunidad. Inicialmente propuso al Consejo de Seguridad que el Estatuto no se aplicara a sus nacionales. Era un disparate.

Países miembros de la CPI como Francia y Reino Unido se opusieron en un principio a la propuesta estadunidense, pero a los pocos días presentaron otra propuesta pidiendo que la aplicación del sstatuto se suspendiera para todos los nacionales de un Estado no parte en la CPI y que aporte contingentes a una operación para el mantenimiento de la paz establecida o autorizada por la ONU (como la invasión de Afganistán un año antes). Fuimos de mal en peor.
Dicho de otra manera, el Consejo de Seguridad suspendería la aplicación del Estatuto de Roma justo en el momento en que entraba en vigor.

Ocupaba el cargo de subsecretario para Organismos Internacionales (además de Europa, África y Asia), y para mí no había otro camino que el de oponerse a esa propuesta. Consulté con los funcionarios encargados de la ONU y los asuntos jurídicos de la secretaría y le hablé a nuestro representante ante la ONU en Nueva York, Adolfo Aguilar Zinser. Todos coincidieron conmigo.

Traté el asunto con el secretario Jorge Castañeda Gutman y me llevé una sorpresa. Le expliqué con cierto detalle por qué deberíamos votar en contra. Me referí también en términos generales a la situación en el Consejo de Seguridad. Desde el fin de la guerra fría aprobaba casi todas sus resoluciones por unanimidad. El margen de acción de los miembros no permanentes como México era muy reducido. Teníamos ahora una ocasión para hacer lo correcto. Nuestro voto en contra no incidiría en el resultado pero serviría para distinguirnos como un país que sí es responsable internacionalmente.

El secretario escuchó lo que le dije y me contestó: Haz lo que quieren los gringos. Le respondí que no estaba de acuerdo, pero que seguiríamos sus indicaciones. Días después le anuncié que renunciaba a mi cargo de subsecretario porque estaba hasta la madre de su actitud. Le entregué una carta dirigida al presidente Vicente Fox. Me dijo que me quedara unos meses para auxiliar al presidente en varios viajes y agregó que él también estaba hasta la madre y que dejaría la cancillería. Buscó sin éxito reubicarse en el gabinete.

A principios de septiembre, en el viaje de regreso de la Cumbre de la Tierra en Johannesburgo, tuve ocasión de platicar largo con el presidente. Me ofreció un cargo en Los Pinos o cualquier embajada. Le agradecí su gesto pero le insistí en mi renuncia del gobierno.
El secretario y sus colaboradores directos se encargaron de difundir la versión de que yo había optado por la jubilación. No me importó. Lo que quería era apartarme de un secretario caprichoso y de un gobierno que ya empezaba a decepcionar mucho y a muchos.

Parece mentira que haya transcurrido una década desde que entró en funciones la CPI y que renuncié a mi cargo de subsecretario. Con la edad el tiempo acelera su paso. Mi madre decía que después de los 50 los años se cuentan en quinquenios. Quizás sean decenios.

Bolivia antes y después de Evo
Ángel Guerra Cabrera
 
       En Bolivia una exigua minoría opulenta oprimía y negaba sus derechos humanos básicos a aymaras, quechuas, guaraníes y otros pueblos originarios que forman la mayor parte de la población. Mucho menos les reconocía sus derechos colectivos a la identidad cultural, la autonomía y el territorio. 90 por ciento de la población rural vivía en la pobreza y el país disputaba a Haití y Honduras el peor desempeño en la región por su índice de desarrollo humano. Las empresas públicas creadas por la revolución de 1952 fueron privatizadas a precio de remate en cumplimiento de las directivas del Consenso de Washington mediante disposiciones anticonstitucionales y escandalosos negocios armados entre la oligarquía y las trasnacionales. Valga este ejemplo para ilustrar el saqueo: sólo el presidente neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada(1993-97; 2002-03) hizo una fortuna superior a los 250 millones de dólares a expensas de las privatizaciones, del desempleo ocasionado por estas a decenas de miles de trabajadores, de la entrega de los recursos naturales y la soberanía nacional y la sangrienta represión contra los movimientos que rechazaban estas políticas.
 
Sánchez de Lozada y su sucesor fueron derrocados por rebeliones de los pueblos indios e interculturales, que en 2005 lograron alzar a la presidencia a uno de los suyos, el aymara Evo Morales, con un alud de votos. Entonces se inició la profunda transformación social que vive hoy Bolivia. ¿Quién podía imaginar entonces los extraordinarios logros conseguidos en los siete años transcurridos hasta la actualidad?

Los pueblos de Bolivia, ya con el timón del gobierno en sus manos, iniciaron el rescate de la independencia, la soberanía y el desarrollo de una política exterior independiente, de unidad e integración latinocaribeña y de solidaridad con los pueblos de la región y con todos los que bregan por un mundo mejor. Desafiando los ataques de la oligarquía y del imperialismo Evo luchó a brazo partido por convertir en realidad las demandas de los movimientos indígenas y populares. Convocó a la Asamblea Constituyente, reclamo muy sentido de los pueblos originarios que permitió proclamar la nueva Constitución y el nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia, enterrar la República oligárquica y con aquella arma jurídica acometer el rescate de los recursos naturales, las empresas privatizadas y redoblar la larga lucha por la descolonización y la trasformación de las conciencias en lo que ha sido calificado acertadamente por el líder boliviano como la Revolución Democrática y Cultural.
En siete años Bolivia erradicó el analfabetismo, su economía ha crecido a un promedio de 4.7 por ciento anual, casi sextuplicó sus reservas internacionales de divisas, duplicó el PIB por habitante y dejó de ser aquel Estado mendicante, calificado de fallido, que dependía de la ayuda internacional hasta para pagar a sus empleados públicos, conquistas de las que no pueden presumir muchos países en medio de la megacrisis económica internacional. Extendió considerablemente los servicios de salud a millones que no los recibían y abrió miles de escuelas. Es un prestigioso miembro de la Alba y Unasur y seguramente pronto ingresará al Mercosur, un paso que añadirá fortaleza geopolítica a la aportada por Venezuela a ese bloque de formidable proyección internacional pues Bolivia, sin contar sus recursos energéticos, mineros y de biodiversidad, goza de una ubicación geográfica crucial en el área.

No es fortuito que el gobierno de Bush hiciera todo lo posible por impedir la llegada de Evo a la presidencia ni que Washington, también con Obama, haya mantenido una persistente política subversiva para derrocarlo al extremo de que el estado mayor de la contrarrevolución radique en la representación diplomática yanqui en La Paz. Estados Unidos ha ido modificando sus tácticas subversivas en la medida que le fracasan una tras otra. Últimamente ha recurrido a estimular y hacer ruido mediático con demandas de sectores populares, entre ellos el tema del Tipnis, cuyos dirigentes defienden intereses particulares y ahora se oponen al referendo que decidirá sobre la carretera propuesta por el gobierno ya que saben que la abrumadora mayoría de la población del territorio indígena en cuestión la apoyará. Bolivia brilla con el liderazgo de Evo antes los pueblos indios y no indios como un faro de dignidad y construcción nacional en armonía con la naturaleza, tema en el cual es líder mundial.
Twitter: aguerraguerra

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