Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

lunes, 11 de febrero de 2013

Nosotros ya no somos los mismos- Ideología o pragmatismo-Transgénicos y contaminación del maíz nativo


Nosotros ya no somos los mismos
¿Monsieur Cassez ya sabía del cambio de criterio, a última hora, de la señora ministra Sánchez Cordero…?
Hollande trató a Florence como a una prisionera de guerra
Ortiz Tejeda
Foto
Una efigie de Florence Cassez arde en la tradicional quema del mal humor, en el contexto de las celebraciones del Carnaval Internacional de Mazatlán, el sábado pasado en ese puerto de Sinaloa
Foto Reuters
Me pregunta alguien: ¿No vas a echar tu cuarto de espadas sobre el affaire Cassez? ¡No! –contesto enérgicamente. Hace meses ya di mi opinión y vean el caso que me hicieron los señores ministros. Un cuarto de espadas ya no me lo aviento jamás. Ahora que, un cuarto de copas, ese sí me lo receto y con gusto.
 
 
De la señorita Florence, planteé hace ya muchos meses algunas interrogantes, algunas de las cuales, ligeramente adobadas, repito: ¿cuáles fueron los reales motivos que impulsaron a la señorita Cassez para privilegiar a nuestro país con su visita?
 
¿Algún programa de intercambio de estudiantes sobresalientes entre la Sorbona y la UNAM? ¿Viajó a Chiapas como activista solidaria de las causas indígenas, o simplemente como apasionada de las culturas prehispánicas? ¿Fue invitada por los reconocidos francófilos: Soledad Loaeza, Porfirio Muñoz Ledo o mi primo Sergio Verduzco, poseedor de más metros cuadrados en el Tercero de París, que yo en Saltillo? ¿Vino a servir de au pair de su hermano Sebastien, laborar de escort importada o, simplemente, de spring breaker? Qui le sait!
 
Lo cierto es que no fue voluntaria de la Cruz Roja, no se inscribió en la Academia Nacional de Danza, en el Conservatorio, en Antropología e Historia, bueno ni en la Universidad Anáhuac o en las Academias Vázquez.
 
Tampoco socializó con las jóvenes de la Unión Femenil Católica Mexicana ni se emparejó con un becario de El Colegio de México. Su hermanito la introdujo con el probo y respetable empresario Ismael Vallarta, presidente del consejo de administración de Zodiaco, SA de CV, cuyo giro no se especificaba plenamente en su acta constitutiva, pero cuya prosperidad estaba fuera de toda duda. El único problema era el carácter ligeramente autoritario de él, que rebasaba con creces el temperamento del apache más rudo de Mont Martre.
 
El indomeñable espíritu francés hizo a la señorita Cassez regresar a París, pero, como sus capacidades laborales no eran sobresalientes, ni la holgura de la vida familiar se comparaba al happening permanente que vivía en esta banana republic, decidió retornar y aho­ra sí, cambiar el estatus de amiga con beneficios al de inseparable roommate. Dado que la familia de la señorita Florence vivía con el Jesús en la boca, angustiada no sólo por el progreso profesional, sino principalmente por la vida recta de sus vástagos, el padre se traslada a México. No podría asegurar si viajando en primera clase, como lo hizo ahora, en su vuelo de regreso ya que, como casualmente conoció, antes aún que el pleno de la Corte, el resultado de la votación, contó con el tiempo suficiente para hacer las reservaciones de sus boletos, en un vuelo y horario precisos.
 
Sin intrigas, sospechosismos y malos pensamientos me asombro: ¿ monsieur Cassez ya sabía del cambio de criterio, a última hora, de la señora ministra Sánchez Cordero, o simplemente de oído, tarareaba aquello de: “La donna é mobile, qual piuma al vento, muta d’ accento e di pensiero”?
 
El camarada Françoise Hollande, quien el 15 de de mayo pasado se convirtió en el vigésimo cuarto presidente y jefe de Estado de Francia (y de pilón, copríncipe de Andorra), ha sido durante sus 59 años de edad un político de tiempo completo: nunca ha estado fuera de las nóminas partidarias o gubernamentales (situación que en México sería imposible).
 
Si en la valoración que se hace sobre una persona, la calidad humana de la pareja con quien se relaciona a profundidad, puede ser considerada como un indicador importante, Hollande merece sin duda, una alta calificación. De 1970 a 77, mantuvo una relación con la ciudadana Ségolone Royal, con quien tiene tres coincidencias. Primero, los dos son hijos de padres autoritarios, conservadores y derechistas en extremo. Ella tuvo que llevar al suyo a tribunales para que se responsabilizara de la manutención de ocho hijos. Segundo, los dos son aguerridos militantes socialistas. Ella, antes que él, consiguió la candidatura a la Presidencia de Francia, que pierde en segunda vuelta contra el showman Nicolas Sarkozy. En mucho, se dice, por sostener sus ideas radicales sobre la institución matrimonial en tiempos electorales: jamás aceptó, por conveniencias sociales, pasar del hermoso y libertario estatus de amante, al de esposa, que entre otras acepciones, el diccionario registra la de anilla metálica unida a otra similar por una cadena, que sirve para atar las muñecas de los reos. La tercera es la procreación conjunta de cuatro hijos.
 
En 2000, el ahora señor presidente inició una nueva relación (que se dio a conocer hasta 2010), con Valerie Trierwerlier. Ella tiene en su haber dos matrimonios previos, y del segundo, tres hijos. Periodista, politóloga, conductora de televisión, fue en la campaña y lo es en el gobierno, un apoyo fundamental para Françoise.
 
¿Qué le pasó a este hombre, tan cargado de méritos profesionales, políticos, de luchador social y funcionario público? ¿Fue acaso el descenso temprano de su popularidad? ¿Tal vez su desencanto al comprobar que el apoyo ofrecido por sus aliados de la OTAN a la cruzada antifundamentalista islámica en Malí no pasaba de ser retórica? Lo cierto es que con el trato totalmente desproporcionado, grotesco que Hollande le deparó a la señorita Cassez, fue innecesariamente grosero e irrespetuoso con los mexicanos. Violentó el derecho de gentes que en la actualidad se considera como parte del que rige las relaciones amistosas de los estados o de los pueblos, y consecuentemente, de los gobiernos que los representan.
 
¿No le explicó su embajador o su canciller que la señorita Cassez fue considerada culpable por dos instancias del Poder Judicial, y que el máximo tribunal del país no la declaró inocente, sino que decretó su libertad en razón de intolerables agravios cometidos durante su captura, consignación y proceso? No son confundibles en manera alguna la libertad con la inocencia. Hollande trató a doña Florence como a una prisionera de guerra, una heroína privada de su libertad por la defensa de ideales y principios superiores, a la que La Francia Inmortal logró liberar, merced a su sitio de predominio en el concierto de las naciones (¿así se dice, verdad?).
 
Monsieur Hollande tuvo una pequeña confusión y le rindió honores a mademoiselle Cassez como si fuera la última sobreviviente (¿habrá alguna?) de las heroicas maquisards, partisanas francesas que combatieron al ejército nazi durante el penoso periodo de la ocupación alemana y la vergüenza del régimen de Vichy. Ellas limpiaron la honra que empañaron aquellas otras que, por muy diversas causas, brindaron a los miembros de la Wehrmacht, lo que el pueblo llamó collaboration horizontale. Sí, se equivocó el señor presidente: confundió a la señorita Cassez con su paisana Jeanne d’Arc, que también fue víctima de un indebidísimo proceso del cual salió un poco menos airosa que doña Florence: la quemaron viva en Ruan, en 1431, por instrucciones del duque Juan Bedford quien, según aseguran serios estudios genealógicos, no es ancestro de don Genaro.
J
esús Aranda entrevistó para La Jornada a la señora ministra de la Suprema Corte, doña Olga Sánchez Cordero. Con énfasis (así lo muestran los signos de admiración usados en la transcripción), la señora afirma: ¡No queremos gente inocente en la cárcel! Yo primero aplaudo, pero a continuación pregunto: ¿y culpables en Miami? Porque resulta que la base para la liberación de la señorita Cassez fueron las graves violaciones a sus derechos fundamentales. La suma de esos delitos cometidos en su contra constituyeron un agravio mayor: la ausencia de un debido proceso durante el cual a un presunto inocente se le comprueba que no lo es y se le condena, o se le otorga su inmediata libertad. Si los señores ministros conocieron y reconocieron esos delitos pienso que, al tiempo que firmaron la sentencia liberatoria, debieron haber firmado la denuncia de los responsables a los que ellos, con su voto, inculparon. Digo, si el artículo 116 del Código de Procedimientos Penales vale también para los miembros del más alto tribunal del país. Art. 116: Toda persona que tenga conocimiento de la comisión de un delito que deba perseguirse de oficio, está obligada a denunciarlo ante el Ministerio Público y en caso de urgencia ante cualquier funcionario o agente de policía. Perdón si me equivoco, pero mi entrañable maestro y amigo don Jorge Sánchez Cordero me enseñó mucho, pero yo, aprendí poco.
Ideología o pragmatismo
León Bendesky
Durante ya más de seis años la principal cuestión política en los países más desarrollados ha sido el paro. Gente que pierde su empleo, jóvenes que no lo encuentran, empresas que dejan de funcionar, máquinas e instalaciones subutilizadas, crédito que no llega a quien lo necesita, familias que pierden su casa, pensiones que se reducen, servicios sociales que se deterioran, pobreza y marginación que crecen.
 
 
Ese es el panorama en medio de lo que sigue siendo un severo ajuste fiscal de corte muy recesivo. Los efectos de la recesión son desiguales, la distribución del ingreso y de la riqueza se siguen polarizando. Mientras el empleo y el producto se reducen, sigue habiendo bolsones de especulación sumamente rentables.
 
En una época los economistas pensaban que el pleno empleo se conseguía de manera automática por el funcionamiento del mecanismo de los precios. El mercado era el medio más eficiente para conseguir el equilibrio manteniendo ocupados a los trabajadores y a la planta productiva.
 
Además, así se conseguía el mejor patrón de distribución del producto, basado en las contribuciones a la productividad de los distintos agentes económicos. Todo era un asunto de precios fijados en mercados competitivos y sin distorsiones en la información. La plena ocupación se podía alcanzar con la menor injerencia posible del gobierno.
 
Ante la gran crisis de 1929-33, Keynes propuso que el pleno empleo era una situación a la que se debía llegar mediante la intervención del gobierno para mitigar los efectos del ciclo económico, asociados con el papel del dinero y el crédito, y con la determinación de los precios relativos, especialmente el de los salarios.
 
La política fiscal era un instrumento clave para acomodar los desajustes de la oferta y la demanda agregadas y elevar así el nivel de la actividad económica, acercándose lo más posible al pleno empleo. Esto no desembocaba en un crecimiento continuo, no se eliminaba el carácter cíclico de la acumulación, el sistema no quedaba inmune a las crisis.
 
Hoy la doctrina que se profesa en Europa es la austeridad y la recesión inducida. Hace unos días la Unión Europea redujo por primera vez sus presupuestos de largo plazo, lo que anula los estímulos para la recuperación del producto y del empleo por el resto de esta década.
 
No se aclara cuáles serían los incentivos para el crecimiento. Todo queda de manera nebulosa entre una serie de principios ideológicos, presentados como asuntos de carácter técnico y, por otra parte, un pragmatismo político chato que se aleja cada vez más de las necesidades de la gente.
 
Intuitivamente se advierte que la recesión no es el camino para reducir el paro, entendido de manera amplia. La forma de pensar y de actuar de los políticos y los responsables de la economía aparece dislocada de lo que pasa en la calle e, incluso, de los mismos mercados. Pero es un sustrato para restructurar el proceso de acumulación, con un costo social excesivo. El paro condena a una parte de la población a un ajuste vital que no es recuperable. Esa es, tal vez, la dimensión más relevante y, también, la menos explícita desde el ejercicio del poder del Estado.
 
A esto añádase que en un entorno democrático como el que formalmente existe en esa región hay un debilitamiento del orden político y de la legitimidad del gobierno. En España, luego de un año, el capital político del Partido Popular y del presidente del gobierno se ha consumido. La corrupción pone de manifiesto buena parte de los conflictos que existen. En Grecia el deterioro es constante y creciente y se piensa que con más restricciones presupuestales puede alcanzarse un acomodo, pero le sobra la gente. Lo relevante son las cuentas y la línea de fondo del balance.
Todo esto, más la gestión de la crisis en Estados Unidos, con una fuerte expansión monetaria y bajas tasas de interés como el centro de un ajuste de tipo expansivo, pero con restricciones fiscales, crea un entorno que se extiende de distintas maneras por la economía global.
 
Ahí se inserta la descripción reciente del gobernador del Banco de México, de cómo los mecanismos de transmisión de la crisis y de las políticas públicas para atajarla, estarían creando lo que llamó una tormenta perfecta, que se podría abatir sobre una economía como la de México. Por cierto, no sería la primera vez que así ocurriera desde finales de los años 1970.
 
La tormenta proviene del flujo de los capitales, especialmente especulativos, para mantener un nivel posible de rentabilidad global y, sobre todo, para desplazarse de modo rápido cuando las señales de los mercados cambian. Esto puede ocurrir de modo abrupto e incluso ser provocado por las mismas decisiones de los grandes inversionistas.
 
El acomodo propuesto es administrar las tasas de interés para evitar que se sobrecaliente la economía con la entrada de capital foráneo, especialmente para comprar deuda pública. Según el banco central, la inversión de extranjeros en bonos y certificados emitidos por el gobierno es de casi 120 mil millones de dólares (las reservas internacionales son del orden de 160 mil millones de dólares).
 
Bajar las tasas para afectar las expectativas del mercado y evitar sacudidas del tipo de cambio y alzas en la inflación es una manera de adaptar las respuestas de la política monetaria ante la posible tormenta. ¿Será suficiente? Otro asunto es cómo se acomoda esto con la política hacendaria del nuevo gobierno para generar más inversión productiva.
 
 
Transgénicos y contaminación del maíz nativo
Alejandro Espinosa Calderón* y Antonio Turrent Fernández**
México es el centro de origen del maíz y, a la vez, mayordomo de la mayor riqueza en diversidad genética del maíz y de sus parientes silvestres en el mundo. En los bancos de germoplasma mundiales se resguarda a temperaturas de –18°C o inferiores, un billón de semillas de maíz genéticamente diferentes entre sí, que apenas son una pequeña fracción de la biodiversidad del maíz en el mundo.
 
 
En comparación, los campesinos mexicanos siembran anualmente unos cien millardos de semillas genéticamente diferentes de 59 razas nativas. La cosecha es de unos 20 billones de granos de maíz nativo, que fueron expuestos a tensiones ambientales durante su cultivo. De aquellos, las mujeres campesinas seleccionan cien millardos como semilla para la siembra y el resto es consumido como alimento.
 
Se maneja cada año 20 veces la biodiversidad que hay en los bancos de semilla del mundo, sobre la que se ejerce gran presión de selección (una semilla de cada 100) para favorecer aquellas que por sus rasgos morfológicos representan el ideal para su consumo pluricultural. Los productores intercambian su semilla dentro de la comunidad, habiendo también productores que venden semilla local o regionalmente.
 
Todo esto conforma un megaexperimento de mejoramiento genético autóctono sin paralelo en el mundo, dinámico, y realizado por el habitante de Mesoamérica sin pausa desde hace más de 6 mil años, que diversificó y sigue diversificando al maíz.
 
Durante los últimos 100 años, el mejoramiento genético mendeliano ha extraído del reservorio genético mundial del maíz todos los caracteres que definen a todos los híbridos no transgénicos bajo cultivo en el mundo y también de los transgénicos, excepto por sus contados caracteres noveles insertos. La ciencia como tal no ha creado esos caracteres; son los 62 grupos étnicos de México y sus ancestros, los creadores legítimos del maíz, de su biodiversidad funcional, y sus mayordomos en México. La mitad de la semilla de maíz sembrada en México corresponde a sus más de 59 razas nativas. Entre 25 y 30 por ciento corresponde a híbridos modernos vendidos por un puñado de empresas multinacionales y por más de 70 medianas y pequeñas empresas de semilla de capital nacional. El resto de la semilla corresponde a materiales acriollados producto de la interacción genética entre los maíces mejorados y las razas nativas.
 
Entre el entramado legal que rige a la propiedad intelectual en México destaca la Ley Federal de Variedades Vegetales (LFVV), promulgada en 1996, compatible con el Acta de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) de 1978. Este acta protege los derechos del obtentor, destacando el Privilegio del Campesino y el derecho del Fitomejorador. En cambio, las leyes homólogas de los países industrializados son compatibles con el acta posterior de UPOV de 1991, que valida patentar a los seres vivos, por lo que la industria de los cultivos transgénicos los patenta, adquiriendo el derecho legal al cobro de regalías. Quienes las pagan en estos países son a) los productores que voluntariamente establecen contratos con la industria para el uso de su tecnología, y b) los productores de granos o de semillas, bajo mandato judicial, cuando la variedad que siembran o comercializan haya sido voluntaria o involuntariamente contaminada con los transgenes patentados, y sujetos a juicio.
 
México y otros países que son centros de origen y/o de diversificación de especies cultivadas experimentan presiones exógenas para adoptar el acta UPOV 1991. Como efecto de ese cabildeo, el Senado mexicano aprobó en 2012 la modificación de la LFVV para, entre otras disposiciones, permitir patentar a los seres vivos y, con esto, el cambio de posición de México, ahora al acta UPOV 1991. Afortunadamente, la modificación fue suspendida por la 61 Legislatura de la Cámara de Diputados.
 
La aprobación eventual de la modificación a la LFVV, así como el permiso para la siembra de maíz transgénico a escala comercial en el norte del país, tendrían profundas implicaciones en el cultivo de maíz en México, que no serían para el bien de la nación. En el plazo corto, desaparecerían las medianas y pequeñas empresas productoras y comercializadoras de maíces mejorados no transgénicos –en su inmensa mayoría híbridos y variedades públicas– en esa región.
 
La razón es que será imposible impedir la contaminación no deseada de sus líneas parentales, al convivir en el campo con las siembras comerciales de maíz transgénico. Ante la ley, su semilla sería considerada pirata. El pago de regalías a la industria las haría quebrar. Desaparecería el maíz mejorado no transgénico de esa región de México, porque el puñado de empresas multinacionales de semilla es el mismo que busca introducir el maíz transgénico. La contaminación transgénica consumaría el monopolio de la industria en el mercado de semilla, sin ganancia alguna para la seguridad alimentaria nacional.
 
A largo plazo, el reservorio genético de maíz nativo mexicano sería afectado de dos maneras por lo menos: 1) por la acumulación progresiva e irreversible de ADN transgénico en las razas nativas, cuyo estudio ha sido propuesto desde 2009, sin conseguirse financiamiento público: tal contaminación podría reducir la biodiversidad genética del maíz nativo y de sus parientes silvestres, y 2) cualquier semilla contaminada, nativa o no, sería considerada semilla pirata. Esto equivaldría a despojar, mediante la ley, a los 62 grupos étnicos de México de su mayordomía del principal reservorio genético de maíz del mundo. Mientras más rápido avanzara la contaminación de las razas nativas de maíz, más rápido ocurriría el despojo. La contaminación de los maíces nativos de México le conviene a la industria de los transgénicos, porque favorecería su capitalización y la consolidación irreversible de su monopolio.

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