Reforma exhibe a Fidel Herrera al lado de operador financiero de Los Zetas
La portada del diario Reforma.
Foto:
Reforma.com
MÉXICO, D.F., (apro).- El periódico Reforma publica en su primera plana una
fotografía del priista Fidel Herrera, exgobernador de Veracruz, montando a
caballo al lado de Francisco Colorado Cessa, acusado por el gobierno de Estados
Unidos de lavar dinero para el grupo delictivo.
El pasado 28 de marzo Herrera negó al periódico Reforma que alguna vez haya
montado caballos propiedad de Colorado Cessa. “aunque publicaciones locales
difundieron fotografías de una cabalgata realizada el 27 de mayo de 2006, en la
que el empresario flanquea a Herrera, quien a su vez manifiesta su admiración
‘por los buenos caballos que me facilitó Pancho Colorado’”.
El miércoles pasado, el gobierno de Estados Unidos acusó a Francisco Colorado
Cessa, propietario de la empresa ADT Petroservicios, de lavar dinero de “Los
Zetas” mediante la compra de caballos pura sangre para millonarias carreras
clandestinas.
De acuerdo con el gobierno del país vecino, Colorado Cessa es prestanombres
de los hermanos Óscar y Miguel Treviño Morales, cabezas de la organización
delictiva.
Estados Unidos detuvo a siete altos miembros de “Los Zetas”, entre ellos a
José Treviño Morales, hermano del líder del grupo delictivo, así como a Zulema
Treviño, su esposa. También a Carlos Miguel Nayen, coordinador de las carreras
de caballos y a los entrenadores Adán Farías, Eusebio Maldonado Huitrón y Felipe
Alejandro Quintero.
El periódico The New York Times publicó que los hermanos Treviño emprendieron
un negocio exitoso de cría de caballos pura sangre llamado Tremor Enterprise,
que les permitió lavar dinero proveniente del narcotráfico. Compraron un rancho
en Oklahoma y unos 300 sementales y yeguas con dinero del narcotráfico.
En sólo tres años triunfaron en tres de las carreras de caballos más
importantes en Estados Unidos que les redituaron ganancias por 2.5 millones de
dólares en premios.
Foto: Reforma.com
La soberbia de Televisa
El dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Jean.
Foto: Octavio Gómez
Foto: Octavio Gómez
MÉXICO, D.F. (apro).- Las nuevas revelaciones del periódico británico The
Guardian confirman lo que Proceso ha documentado e investigado desde 2005 a la
fecha sobre la trama entre Enrique Peña Nieto y Televisa: la construcción de un
proyecto político que se realizó a costa del erario público y de atropellar el
elemental derecho de las audiencias para no ser engañada con publicidad
disfrazada de información.
The Guardian retomó lo que se ventiló en uno de los cables divulgados por
Wikileaks en 2011 y también agregó elementos para indicar que Televisa firmó
contratos millonarios con el gobierno de Vicente Fox para inducir una percepción
negativa en contra del entonces jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López
Obrador.
El periódico británico le ha llamado “contabilidad creativa” a esta
estrategia del consorcio televisivo y publicitario para encubrir los contratos y
los montos reales de los convenios a través de empresas intermediarias. Proceso
ha señalado que se presume una “doble contabilidad” que puede constituir un
fraude a accionistas minoritarios.
La reacción de Televisa frente a estos nuevos elementos la pinta de cuerpo entero. Con Proceso fue una negativa visceral. Acusó a este reportero y a la revista de actuar “por consigna”, como si investigar los negocios del poder público con la televisora fuera un asunto confidencial. Con The Guardian pidió “disculpas públicas”, como si ellos hubieran hecho lo mismo con decenas de personajes empresariales, políticos y sociales a los que han linchado en pantalla cuando así conviene a sus intereses.
La reacción de Televisa frente a estos nuevos elementos la pinta de cuerpo entero. Con Proceso fue una negativa visceral. Acusó a este reportero y a la revista de actuar “por consigna”, como si investigar los negocios del poder público con la televisora fuera un asunto confidencial. Con The Guardian pidió “disculpas públicas”, como si ellos hubieran hecho lo mismo con decenas de personajes empresariales, políticos y sociales a los que han linchado en pantalla cuando así conviene a sus intereses.
El “Plan de Acción” entre TVPromo-Radar, filiales de Televisa, y el gobierno
de Peña Nieto no se modificó ni se canceló, a pesar de haberse ventilado desde
octubre de 2005. Al contrario, en una demostración de soberbia, la empresa
televisiva lo aplicó a otros gobernadores sin que ninguna autoridad lo frenara.
Mucho menos el PRI, partido que cedió su condición de entidad de interés público
para ponerse a las manos de los mercaderes de la pantalla. Pasaron de la lógica
del “partido hegemónico” a la de políticos al servicio de la “televisión
hegemónica”.
Peña Nieto se volvió un “modelo” a seguir. Le dieron la vuelta a la ley
electoral, a la Ley Federal de Radio y Televisión y a la propia Constitución
para convertir los programas informativos y los contenidos de entretenimiento y
hasta de deportes en un escaparate de venta de percepciones a favor de los
políticos que pagaron exorbitantes sumas.
Nadie los paró a tiempo. A pesar de que los políticos se quejan de los “abusos” y de la soberbia de Televisa, han acabado por ceder al poder del monopolio, temerosos de ver difundidos sus errores y sus expedientes negros en la pantalla.
Nadie los paró a tiempo. A pesar de que los políticos se quejan de los “abusos” y de la soberbia de Televisa, han acabado por ceder al poder del monopolio, temerosos de ver difundidos sus errores y sus expedientes negros en la pantalla.
La soberbia de Televisa fue alentada y consentida por gobernadores y por el
propio gobierno federal. El primer mandatario Felipe Calderón, enredado en su
ilegitimidad de origen y comprometido con los spots “cedidos” por Televisa en la
campaña del 2006, ha gastado en casi seis años más de 50% de 19 mil millones de
pesos dilapidados en gastos de comunicación social para favorecer al imperio
mediático. Tan sólo hay que recordar las “teleseries” y los telemontajes de la
Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal para tener una idea de lo
invertido en el Canal 2 y las otras señales de Emilio Azcárraga Jean.
El resultado está a la vista. Al gobierno de Calderón no le sirvió para
frenar la ambición de Televisa y caer en un descrédito generalizado. Su sexenio
fue el que más prebendas y “gangas” otorgó a la televisora: desde la fibra
óptica de la Comision Federal de Electricidad (CFE), la fallida licitación 21,
los contratos a la telefónica Bestel (ISSSTE e IMSS), el freno a la posibilidad
de una competencia real en televisión abierta, la autorización a una mayor
concentración en empresas de televisión por cable y la inminente autorización
para la fusión Televisa-Iusacell.
Los llamados Cuatro Fantásticos de Grupo Televisa se han enriquecido de una
forma grosera en este periodo. El megayate TV de Emilio Azcárraga Jean,
documentado por Proceso, es tan sólo un botón de muestra de lo que ellos
consideran un lujo que vale la pena tenerlo, pero en secreto. Enfermos de
soberbia, los principales cuatro ejecutivos de Televisa (Azcárraga Jean,
Bernardo Gómez, Alfonso de Angoitia y José Bastón) no entienden lo que está
sucediendo.
En las últimas semanas han reforzado las medidas represivas contra sus
propios trabajadores. La paranoia es la otra cara de la soberbia. Creen que
desde adentro existen “traidores” y no se dan cuenta que el maltrato a
reporteros, productores, actores y publicistas es el camino empedrado para su
propio infierno.
Creen que las marchas de los jóvenes del movimiento #YoSoy132 se pueden
ocultar creando movimientos “alternos” como GeneraciónMx, un grupo sin
representatividad alguna que tiene todas las características de los productos al
estilo Televisa (Iniciativa México (Mx), por ejemplo). Creen que #YoSoy132 es un
grupo manipulado o sobredimensionado para favorecer a López Obrador.
Frente a la crisis de opinión pública que viven, creen que con sacrificar a
funcionarios menores (como el mismo caso de Alejandro Quintero, director de TV
Promo) van a tapar el sol de su impudicia.
Creen que tienen aún el bono del rating cuando han perdido de forma acelerada
el único bien intangible que no se compra: la credibilidad.
Piensan que todo es una crisis pasajera, administrable, resultado del ánimo
electoral, de la disputa entre Peña Nieto y López Obrador. A la panista Josefina
Vázquez Mota la utilizan para hacer negocios, no la consideran una interlocutora
válida. Ahora buscan, desesperados, quedar bien con el “peligro para México”, el
mismo político al que han “dado por muerto” decenas de veces y hoy asciende en
las preferencias electorales.
La soberbia los vuelve a cegar.
Los expedientes de Proceso, The Guardian, Wikileaks y otros muchos grupos,
como Televileaks, creado por su exsocio Simón Charaf, no constituyen un pasaje
efímero. Anuncian el fin de una era de televisión hegemónica.
Los 19 días restantes pueden ser el éxito de la Primavera Mexicana y el Otoño
de Televisa, como aparato de poder salvaje, sin contrapesos, soberbia y sin
autocontención. Es demasiado tarde para el gatopardismo. Es el tiempo de la
democratización de los medios masivos mexicanos.
Momento crucial
Marchan contra EPN en la ciudad de México.
Foto: Benjamin Flores
Foto: Benjamin Flores
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La campaña electoral ha entrado en su momento
crucial. Una serie de cambios en la situación del país y en el estado de ánimo
de muchos electores han alterado bruscamente el escenario. Los candidatos se ven
obligados a tomar resoluciones decisivas. A los cambios en la situación se
sumará el cruce de decisiones contrapuestas de los equipos electorales,
creándose así una nueva realidad.
El principal cambio provino –como lo pronosticábamos en nuestro ensayo Los
límites del neoliberalismo publicado en Proceso 1849 y 1850– de la entrada en
acción de un sector muy importante del pueblo: los estudiantes universitarios.
Las posiciones del movimiento, críticas de los medios televisivos y del
candidato que ha sido fabricado por ellos, se despliegan en un abanico cuyo
centro es el individuo, respetado y sublimado en la multitud. El centro de esa
diversidad es la democratización de los medios de difusión y el “no voto” por el
candidato del PRI Enrique Peña Nieto.
El movimiento #YoSoy132 es un hermano de otros similares que han surgido en
más de 80 ciudades del mundo en los últimos dos años, y crece de día en día, o
mejor dicho, de hora en hora. Los movimientos no son homogéneos y, sin embargo,
tienen mucho en común. Los indignados del mundo árabe, cuyo símbolo es la toma
de la plaza de Al-Tahrir (Liberación) en El Cairo; los indignados españoles que
salieron el 15 de mayo de 2011 –con lemas como “Pienso luego estorbo”, “Si no
nos dejan soñar, no los dejaremos dormir” y “Dormíamos, despertamos”– han dado
la vuelta al mundo; los de Islandia, Grecia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Chile
y Brasil, que no son menos creativos, tienen algo de inédito y su fuerza como
elemento de presión crece. Pero el #YoSoy132 tiene también raíces profundas en
la realidad nacional. Desde principios de los años 60 el movimiento
universitario mexicano se ha transformado en un sujeto independiente,
particular, diferente, capaz de grandes movilizaciones nacionales que han estado
presentes, entre otros, en el 68, en movimientos de diferentes tipos de los años
70 y en la gran huelga de 1986-1987.
La multitudinaria asamblea de representantes de 50 universidades del país en
las “islas” de la ciudad universitaria el 5 de junio nos ha dejado en las
relatorías de las mesas un complejo de medidas para defender la legalidad
democrática del proceso electoral:
–No a la imposición mediática de cualquier candidato a elección popular.
–Que el IFE haga público el código fuente y el algoritmo para que puedan ser
revisados por una comisión civil.
–Que el debate entre candidatos se transmita en vivo y en cadena
nacional.
–Construir un centro de cómputo ciudadano independiente que tenga
observadores en todas las casillas. Que el IFE reconozca a los observadores del
movimiento #YoSoy132.
–Si se produce un fraude electoral, este movimiento se mantendrá organizado
para hacer lo que se tenga que hacer después de la elección.
Es decir, existe una nueva fuerza social surgida el viernes 11 de mayo que –a
diferencia de Morena– se propone participar en forma organizada en el proceso
electoral, no para apoyar a un candidato, sino para asegurar condiciones de
igualdad.
Pero los integrantes de #YoSoy132 han ido mucho más lejos: han planteado
medidas para darle una organización al movimiento que prevén como algo duradero.
Se consideran una fuerza autónoma de cualquier partido político, y en el
exterior han comenzado a vincularse con los movimientos sociales afines.
Utilizan todas las redes para difundir sus decisiones e iniciativas,
participando eficazmente en lo que ya es una guerra en el Facebook y Twitter, y
convirtiendo al #YoSoy132 en un Trending Tropic mundial. Además, sus críticas a
la situación actual del país tienen un fuerte, si bien vago, contenido
antisistémico. Hay muchas diferencias, pero también una gran capacidad de
diálogo, tolerancia y paciencia para ir de abajo hacia arriba, construyendo una
unidad sin estrujar al individuo y, sin embargo, capaz de acción colectiva
instantánea.
Pero el efecto más importante de #YoSoy132 ha sido desbaratar la jaula de
miedo que encerraba a la opinión pública. Una jaula que había construido Felipe
Calderón a lo largo de seis años. Si los estudiantes se atreven, ¿por qué no
todos? El proceso ha abierto nuevas posibilidades al movimiento social que
inevitablemente coincidirá con el discurso, pero, sobre todo, con la posición
práctica y la integridad del candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel
López Obrador. Una vez más, el movimiento estudiantil da la señal para la
manifestación de estados de ánimo profundos del pueblo.
Descartamos decididamente la posibilidad de que el movimiento #YoSoy132 pueda
disolverse antes del día de las elecciones. La indignación de los estudiantes ya
se está pasando a otros sectores, y la disposición a votar por un gran viraje
del país hacia nuevos horizontes está creciendo.

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