Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Suntuosidad y derroche frente a austeridad y eficiencia- EZLN: final y principio- DINERO

Suntuosidad y derroche frente a austeridad y eficiencia
Leticia Quezada Contreras*
Con la pregunta ¿qué diferencia hay entre gastar un peso a la derecha o a la izquierda? La Jornada solicitó una respuesta a varios jefes delegacionales, misma que se publica en este espacio.
 
A unos días de tomar protesta, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, dio su aval para adquirir un Boeing 787 para garantizarle su seguridad y comodidad, cuyo valor es de 4 mil 800 millones de pesos, que serán erogados con dinero público. Así gastan los gobiernos neoliberales.
 
Para ponerlo en su justa dimensión, este gasto equivale a un año de presupuesto para la delegación más poblada del Distrito Federal: Iztapalapa, o el doble de lo que mi gobierno en la Magdalena Contreras recibirá, si bien nos va, en tres años que estaré a cargo de la jefatura delegacional. Así se las gastan los gobiernos de derecha.

Desde finales de la década de los 80, cuando se implantó en el país el modelo neoliberal impulsado por Carlos Salinas, los gobiernos emanados de la Revolución y representados por el PRI dejaron de lado el gasto social para dedicarse a invertir los recursos públicos en otras materias que poco sirvieron para el combate a la pobreza o las mejoras en la educación. Peor aún, ha sido evidente que lejos de ser utilizados en beneficio de la ciudadanía, se destinaron a favorecer al presidente en turno y su círculo más cercano.

En nada cambió esa situación con la llegada de Acción Nacional a Los Pinos. No en vano, la primera nota escandalosa que generó la llamada pareja presidencial de Vicente Fox y Martha Sahagún fue la compra de toallas de baño por 4 mil pesos, lo que conocimos como el toallagate.

La suntuosidad y frivolidad marcaron el sexenio de Fox. Múltiples fueron las anécdotas de gastos exorbitantes durante los viajes no sólo de la pareja, sino de sus respectivos hijos y amigos que se vieron favorecidos con recursos seguramente provenientes del presupuesto federal.

El contraste con la izquierda se hizo abismal, porque en ese mismo sexenio, al frente del Gobierno del Distrito Federal estuvo un hombre que adoptó la austeridad republicana como bandera. Andrés Manuel López Obrador bajó los sueldos de los altos funcionarios y demostró que no es necesario movilizarse en vehículos de lujo para gobernar. No puede haber un gobierno rico con pueblo pobre, fue la frase que marcó a todos los servidores públicos que tuvimos el privilegio de trabajar en la administración de López Obrador en la ciudad de México.

Los recursos públicos de la capital del país durante los años que ha gobernado la izquierda se han traducido en universidades y apoyos para los grupos más necesitados, desde las pensiones alimentarias para adultos mayores, hasta las becas que favorecen el término de la educación media superior.
 
Enfrente tenemos gastos absurdos como los mil 146 millones de pesos destinados por Felipe Calderón a la construcción de la Estela de Luz, monumento que lejos de recordarnos el bicentenario de la Independencia nos recuerda el derroche de recursos de los gobiernos blanquiazules, que nunca comprendieron que los problemas de nuestro país no se resuelven con anuncios espectaculares ni con erogaciones suntuosas, sino atendiendo las necesidades primordiales de la gente y garantizando una mejor calidad de vida para todos, no sólo para sus familias.
 
Con envidia vemos cómo mandatarios de izquierda de otros países inician sus gestiones no anunciando la compra de aviones, sino la reducción de su salario. Tal fue el caso del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien tuvo dentro de sus primeras acciones disminuir en 57 por ciento su salario y el de los funcionarios de gobierno, en cumplimiento de sus promesas de campaña.
 
O el ejemplo aplastante del presidente de Uruguay, José Alberto Mujica, quien al asumir como presidente de la República, en vez de trasladarse a la residencia presidencial decidió, junto con su esposa, permanecer en su propia casa, donde viven en completa austeridad, sin servicio doméstico y apenas con lo indispensable para vivir dignamente. Y Mujica espera la misma calidad de vida para los uruguayos, al poner como uno de los objetivos primordiales de su administración la eliminación de la indigencia y la reducción de la pobreza en 50 por ciento, lo cual sabemos que está logrando.
 
En México, sin embargo, los gobiernos del PRI y del PAN han dado claro ejemplo de que, en su imaginaria, la función pública es equivalente a lujo y riqueza. En segundo o tercer plano, si es que acaso lo recuerdan, queda el orgullo de servir a la población; el prestigio de ejercer dignamente el servicio público.
 
Desde su paso por el estado de México supimos que la frivolidad, las pantallas y las vitrinas le van bien a Peña Nieto, que tendremos en Los Pinos a una familia que buscará evocar a la realeza y aparecer en las revistas de moda, y sobre todo que viajará en un avión costosísimo. Desde la izquierda, quienes ejercemos funciones de gobierno y legislativas debemos marcar la diferencia y demostrar que el ejercicio de puestos de elección es sinónimo de servicio y gasto eficiente; mostrar a los mexicanos, como ya se ha hecho en el Distrito Federal, que es posible gobernar y vivir dignamente sin derrochar los dineros que son para todos.
 
*Jefa delegacional de Magdalena Contreras y presidenta de la Asociación de Autoridades Locales de México, AC.
 
EZLN: final y principio
Luis Linares Zapata/ I
Justo cuando gozaba de sus ilusiones por trascender como personaje de prestigio mundial, Carlos Salinas recibió demoledor golpe en su inflada imagen. Apareció el EZLN allá lejos, en aquel rústico San Cristóbal de las Casas, tan folclórico, también en el sangriento mercado de Ococingo, en las desconocidas Margaritas y otras localidades remotas.
 
Sorpresivamente un tropel de indios se había alzado en armas en la madrugada del primer día del 94. Los sucesos que siguieron durante ese año terminaron por derrumbar sus pretensiones de señorón global. Y, junto con él, cayó el espejismo de transformar al país para insertarlo, de sopetón y por dictado, en el primer mundo. Lo que en efecto devino fue una quiebra que todavía hoy se paga con múltiples penurias.

A partir de entonces Salinas inició su viaje al destierro perseguido por la furia de sus coterráneos y aterrado de que lo fueran a encarcelar por sus tropelías. Todavía hoy sufre variadas consecuencias de aquella terrible cadena de sucesos sin que acaben de contrariar sus ensoñaciones de gran poder.

Pasaron 19 largos y pesados años para que un contingente de indígenas chiapanecos, ahora en perfecto orden, en paz y crecido número, hicieran acto de presencia en la escena nacional. El elocuente mensaje, de ser ignorado o menospreciado, tendrá graves consecuencias para la vida organizada, política y cultural, del país.

Ahora, como entonces, las bases del ejército zapatista, con su sola presencia y silencio, ponen en entredicho no sólo a dos administraciones de priístas, que mucho tienen en común, sino a toda una estructura que las encajona. Ambas se injertan dentro del mismo modelo, comparten incluso colaboradores y pretensiones de eficaz grandeza. Tienen, las dos, mero en frente y aunque ahora aparenten atenderlo, ese enorme hueco que forma la desigualdad, la pobreza y la marginación, un pesado lastre para el desarrollo con justicia.

Tres sexenios han pasado desde su irrupción violenta y las promesas de su rescate, las crisis de conciencia subsiguientes (que las ha habido aunque sea en algunos funcionarios) olvidos con sabor a desidia criminal, traiciones de firmantes, malversaciones de fondos, descoordinación del oficialismo, intemperancia del conservadurismo, racismo feroz de muchos y otras variadas causas, han llevado a revivir las viejas y dolorosas estampas harto conocidas. Ahí están esos millares de personas: los olvidados, los despojados, esos que han quedado al margen de las fatuas historias de los augurados y, por desgracia, fugaces éxitos mexicanos.

Así han aparecido los zapatistas dando palparia muestra de humilde reciedumbre, memoria viva y constancia de sus pretensiones. La engañifa salinista de entrar al primer mundo, a partir de esa madrugada lejana, se quebró sin remedio. Arrumbadas quedaron las falsas ilusiones de formar parte de una generación de triunfadores de clase mundial. Aspiraciones locas que tan cínicamente esparcieron los cómplices de aquel corrupto priísmo decadente y que también difundieron con celo patriótico contratado sus muchos difusores.
 
De similar manera aparecen, en nutridas filas, en el actual momento inaugural. Y lo hicieron días después de que Peña Nieto declarara, con entusiasmo voluntarista, que una nueva era se inicia en Chiapas y en todo México. El mentís a la nube de horizontes recién formada no puede ser más dramático. Del mismo modo como su rebelión trastocó el triunfalismo salinista, su silenciosa marcha hoy abre, de nueva cuenta, la visión de los méxicos que corren simultáneos, paralelos, sin tocarse, salvajemente diferenciados. Los escenarios de esperanzas fabricadas, pero sin asideros reales, comienzan a ser picoteados por la terca realidad.
 
El que, de inmediato, haya salido el secretario de Gobernación (Osorio Chong) a sosegar inquietudes, alegando ser diferentes, poco cambiará la inercia de una continuidad ya en plena marcha. Las figuras enmascaradas con pasamontañas pasaron casi desapercibidas en el espacio público. El seguimiento ha sido, tal como se esperaba, de restringido alcance. Los tozudos indígenas volvieron, por arte del ocultismo vigente, al oscuro rincón desde donde, sin duda, intentarán, de nueva cuenta, participar en la marcha y orientación del país. El modelo económico y de gobierno simplemente no los toma en cuenta. Son, para las cúpulas y la plutocracia mandona, un molesto grupo de prescindibles.
 
La sesgada referencia que a tal conjunto humano se hace en el Pacto por México quedará, como tantas otras cosas que debían priorizarse, en el archivo de los pendientes históricos. El enclenque gobernador chiapaneco, recién impostado en el puesto, pasará a ocupar, como lo han hecho otros tantos simuladores que lo han precedido, el triste lugar que le tiene reservado la picaresca local.
 
La Federación volverá a destinar considerables recursos con la intención de apaciguar iras y voluntades de cambio. Pero la ya enorme maquinaria de mediación que se ha creado en Chiapas absorberá eso y más todavía, tal como lo ha venido haciendo durante los últimos 19 malogrados años de salvaciones inminentes. Esta vez no será, desgraciadamente, distinto. Las enseñanzas de los sabines, albores o mendiguchías se han impregnado en las cleptoburocracias locales como destino manifiesto, tan arraigadas como indelebles.
 
Dinero
Brasil: salario más del doble que México
Pero en obesidad vamos ganando
Sorpresivo resbalón del peso
Enrique Galván Ochoa
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no sólo ha emprendido una campaña a fondo contra la corrupción –algunos altos exfuncionarios del gobierno de Lula da Silva fueron hallados culpables y ya están encarcelados, o pronto lo estarán– sino que dio a su pueblo una grata noticia en Navidad. El salario mínimo tendrá un aumento de 9 por ciento desde el próximo enero, con lo que se ubicará en 678 reales mensuales. O sea $4 mil 368. En cambio, el presidente Peña Nieto vio sin chistar que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos decretó un incremento de 3.9 por ciento, por lo que el sueldo mensual será de mil 942.80 pesos. (Ese es el mejorcito, de la zona A, porque el de la Zona B todavía es mas bajo: mil 841.40 pesos. Por cierto, siendo Brasil un país con un territorio inmenso, no está repartido en zonas salariales, ese es otro atraco inventado por quienes tienen el poder en México. Brasil ya desbancó a Inglaterra del lugar número cinco entre las grandes potencias mundiales y México también avanza, pero hacia atrás.
 
Pero en obesidad…
 
México ha desbancado a Estados Unidos y Brasil en un terreno que no es exactamente el que hubiéramos querido: la obesidad, lo cual tiene relación con los propósitos que hacemos cada nuevo año. Los más frecuentes son conseguir o cambiar de empleo, dejar de fumar, salir de una relación personal exterminante, dejar el alcohol u otra droga y bajar de peso. No cumplir con nuestros propósitos no es impedimento para que los renovemos el año siguiente. En los últimos meses un grupo de organizaciones de ciudadanos dieron una batalla contra una de las principales causas de la obesidad: el consumo de cocas y pepsis. Promovieron que se instaurara un impuesto de 20 por ciento sobre su precio. Desafortunadamente no hallaron suficiente eco en la Cámara de Diputados. El pretexto fue que el próximo año no se crearán nuevos impuestos, tampoco serán aumentados los que ya existen. Esa es una verdad a medias: el ISR debió bajar a 29 por ciento; sin embargo, se mantuvo en 30 por ciento, lo cual es un aumento. Cuando se discuta el nuevo presupuesto –el de 2014– no exisitirá ningún pretexto para crear el gravamen a los refrescos, por mucho que sea el poder y el dinero del oligopolio.
 
Resbalón del peso
 
Sorpresivamente el peso sufrió un descalabro. Cotizaba a $12.85 por dólar en días recientes, se disparó a $13.40. Según esto, se debe a la incertidumbre que existe en Estados Unidos respecto de acuerdo que no han podido alcanzar el presidente Obama y los republicanos sobre el llamado ‘precipicio fiscal’. Como es sabido, el problema central es el déficit, el gobierno gasta más de lo que recauda y se ha endeudado peligrosamente. Debe miles de millones de dólares a Japón, China y, ¡sorpréndanse¡, también a México. Existe un acuerdo del presidente y el Congreso para equilibrar la contabilidad, pero para forzar su cumplimiento a partir del primer dia de enero entrarán en vigor automáticamente algunos ajustes. Primero, no se reanudarán las exenciones fiscales que estableció el ex presidente Bush y luego entrará la tijera filosa a gastos sociales. Pueden tener efectos de desastre para la economía que apenas está recuperándose. La propuesta de Obama consiste en llegar al equilibrio fiscal en forma ordenada, sin tijeretear la seguridad social y creando un impuesto a los millonarios estadunidenses. Son los que están pataleando. Así que es probable que el peso continúe de capa caída, al menos por el tiempo que dure el nebuloso riesgo del precipicio fiscal.
 
 
e@Vox Populi
Asunto: la gasolina
 
Esto es referente a lo de la gasolina. Hice la tabla con datos del precio del lugar donde resido, Milwaukee, Wisconsin. En el primer trimestre la gasolina se fue arriba de los 4 dólares, hoy está a 3.09 y se espera que baje de 3 para fin de año. Espero que si en el Congreso se ponen de acuerdo con lo de los taxes, entonces la gasolina bajaría aún más, en conjunción con la sobreproducción de petróleo, que aparentemente hay en este momento.
 
La diferencia es de 30 centavos mexicanos, pero si lo multiplicas por un tanque lleno de 60 litros ya son 18 pesos, y si un millón de automotores llenaron su auto esta semana, entonces hablaríamos de 18 millones de pesos. Si tomas el precio en Texas (que es bien posible que la gasolina que se usa en México venga de ese estado) de 2.98 por galón, entonces hablamos de 40.8 millones de pesos en esta semana, ¿dónde quedó la bolita?
dólar = 12.87 pesos.
Alejandro López, GE Healthcare Technologies
R: Este fin de semana se disparó el precio del dólar, así que de nuevo la gasolina de Estados Unidos es ligeramente más cara que la de México. Pero sólo la mitad. La otra mitad, la que produce Pemex, es muy barata. Promediando el precio de una y otra obtenemos el resultado de que es más barata aquí que allá, por tanto, lo del subsidio es un mito.
 
 
Twitter
 
1. Naces 2. Creces 3. Llega la Navidad. 4. Cenas pavo. 5. Desayunas pavo. 6. Comes pavo 7. Cenas pavo... 9. Mueres. #Recalentado. #TípicaNavidadMexicana.
¿El mejor regalo que he tenido? Tener 50 años y que mis hijos me enseñaran a twitear.
Tere Medina @tere_medci
Twitter: @galvanochoa
FaceBook: galvanochoa

No hay comentarios:

Publicar un comentario