Josefina y la guerra sucia
Mitin de JVM en Guadalajara, Jalisco.
Foto:
Octavio Gómez
GUADALAJARA, Jal. (apro).- “La estrategia del miedo es el recurso del que se
sabe derrotado”, escribió Carlos Castillo Peraza, el olvidado ideólogo y
expresidente del Partido Acción Nacional (PAN).
Esa es la inequívoca condición de Josefina Vázquez Mota, la candidata de la
derecha que, ante su inevitable derrota, recurre a la manipulación y a las
mentiras para propagar el miedo entre los mexicanos a un cambio que implica su
derrota.
El mensaje es claro: Ella o el caos.
Esa estrategia fue la que implementó en el debate de este domingo 10 –una
ofensiva que revela su desesperación–, pero es la que ha desplegado sobre todo
en los spots de radio y televisión, incluido el que adultera el discurso de
Andrés Manuel López Obrador para atribuirle el delito de llamar a la rebelión
armada.
Tan grotesco es el montaje que el spot, que está al aire desde el domingo 10,
fue suspendido por la Comisión de Quejas del Instituto Federal Electoral (IFE),
pero la estrategia revela, además, otra circunstancia tan negativa como su
condición de candidata anodina: La incongruencia.
Tras la guerra sucia emprendida por Felipe Calderón en 2006, de cuya campaña
era coordinadora, Vázquez Mota aseguró que no estuvo de acuerdo con esa
estrategia por la polarización social que implicaba.
Y siendo ya candidata, responsable completa de su estrategia, garantizó que
no recurriría a la guerra sucia, como se lo dijo al periodista Rubén Luengas.
“No seré yo la que polarice”, le dijo.
Sin embargo, lo hizo y emprendió un camino sin retorno que, en su caso, sólo
conduce a un acantilado.
Con la decisión tomada de recurrir a todo con tal de no hacer el ridículo en
la elección, el supuesto hackeo a la página web de Vázquez Mota puede tratarse
de un autoatentado por lo burdo de la acción y el mensaje.
Si puede ser creíble que los hackers llamen a votar por López Obrador, las
supuestas acciones que habría en caso de un fraude son grotescas y sólo en la
línea de la guerra sucia de Vázquez Mota y Calderón.
“Mensaje al pueblo de México: por esta vía les informamos que en caso de no
ganar Andrés Manuel López Obrador vamos a tomar las principales calles y
ciudades del país, los perredistas vamos a cerrar las entradas al Distrito
Federal, cerraremos el Zócalo y Reforma, pero esta vez no será pacíficamente,
tendremos un plantón en cada rincón del México.”
Y añadía: “Con AMLO vamos a expropiar la banca, Telmex y todas las empresas
extranjeras saldrán por donde entraron, los jóvenes son nuestro principal
escudo, y de ser necesario tomaremos las armas. ¡Qué viva AMLO y que viva Hugo
Chávez!”
Se necesita ser estúpido para creer este disparate, pero sobre todo para
implementarlo.
A estas alturas nadie niega que la candidata del PAN está siendo tripulada
por Calderón y sus operadores, no para que gane –que saben que jamás ocurrirá–,
sino para construir la coartada perfecta para que sólo ella sea la responsable
de la derrota.
Los propios personeros de Calderón, como Ernesto Cordero, Juan Ignacio Zavala
y la Cocoa, dicen tener la “conciencia tranquila” por lo que viene, porque,
según ellos, le han dado todo su apoyo.
Mentira. Ya traman quedarse con todo el PAN…
Comentarios delgado@proceso.com.mx y Twitter: @alvaro_delgado
Foto: Octavio Gómez
Peña Nieto y Televisa
El aspirante presidencial priista, Enrique Peña
Nieto.
Foto: Germán Canseco
Foto: Germán Canseco
MÉXICO, D.F. (Proceso).- 1.unos conceptos básicos. Los medios de comunicación
existen para comunicar a una sociedad. En el asunto de la política, para
comunicar a la ciudadanía y el poder. En teoría, el poder difunde mensajes de
importancia para los muchos a través de los medios y los medios vigilan al poder
en nombre de los ciudadanos. De nuevo: ésta es la teoría.
2. Derivada de esta teoría la creencia de que los medios son más puros en
cuanto más ajenos al financiamiento estatal. La libre empresa haría libres a los
medios. Los medios dependerían exclusivamente del favor de los ciudadanos y
trabajarían exclusivamente en su beneficio. Este fue el credo que llevó en
muchos países a la privatización de las televisoras y la radio.
3. Resultó falso. La expresión libre empresa esconde un hecho: los medios
tienen dueños. Cada uno, un dueño, con sus intereses particulares.
4. La única televisora del planeta sin dueño es la BBC inglesa, cuyos
accionistas son efecto sus usuarios. Las demás televisoras del mundo están
asidas a los intereses de quien las posee. El Estado o los dueños
capitalistas.
5. Nuestras dos televisoras mexicanas de cobertura nacional son negocios.
Nadie lo discute pero a veces muchos lo olvidan. Son negocios, y la pregunta
clave para comprenderlas es ésta: ¿qué venden?
6. Las televisoras venden publicidad. Se sostienen de sus anunciantes.
7. Todo era sencillo en la dictadura priísta. Había un hombre fuerte en el
país, había una sola televisora con un dueño único. El presidente y el dueño de
la televisora jugaban golf los miércoles y decidían qué veríamos todos los
ciudadanos en las pantallas de la nación. Llegó la democracia y todo se
complicó.
8. En los inicios de la democracia la clase política descubrió con azoro que
para anunciar sus eventos, debía pagar a las televisoras dinero contante y
sonante. Sólo en el año 2006 y sólo invertido en Televisa, la clase política
volcó 13 mil millones de pesos. Más del doble del presupuesto de entonces para
cultura. La cifra fue declarada por Emilio Azcárraga Jean.
9. En el año 2007 la clase política dijo basta. Sintió nostalgia por los
tiempos de la dictadura. Buscó en la Constitución un argumento para volver a
sujetar a las televisoras. Lo encontró. La Constitución expresa que el aire de
la nación es de la nación, y las televisoras tienen, únicamente, “la concesión”
de emitir su señal a través de ese medio. Así que con ese mazo amenazó a las
televisoras para forzarlas a transmitir la propaganda de la clase política sin
cobro.
10. Pero en esta guerra de poder –quién sujetaba a quién–las televisoras
decidieron que todo mensaje político no planteado en los protocolos previos, les
costaría a los políticos. ¿Querían ser tan populares como el Osito Bimbo?
Tendrían que pagar tanto como el Osito Bimbo paga.
11. The Guardian ha publicado esta semana seis documentos que refieren a este
tipo de transacciones entre Televisa y dos políticos. La primera transacción es
sorprendente y claramente perversa. El presidente Fox convino con la televisora
un plan para desprestigiar a Andrés Manuel López Obrador que costó al erario 30
millones de pesos.
12. Los otros documentos cifran el plan para adelantar la imagen del
gobernador Peña Nieto en la conciencia pública. No es sorprendente. Hombre
práctico al extremo, Enrique Peña comprendió lo antes dicho. Para ser tan
popular como el Osito Bimbo, hay que pagar tanto como el Osito Bimbo.
13. ¿Cuántos gobernadores han pagado planes semejantes? Cierre el lector los
ojos y piense en seis gobernadores. Los primeros seis que se le aparezcan tras
los párpados: esos, es casi seguro, han pagado planes de promoción.
14. ¿Es ilegal? No, no es ilegal.
15. ¿Es inmoral? Es decir, a pesar que la ley no lo prohíbe, ¿le hace una
bondad al bien común que los políticos se nos metan por la televisión a nuestras
conciencias merced a un pago de dinero tomado de nuestros impuestos? La pregunta
expresada así, a rajatabla, es inservible, y hay que desglosarla.
16. ¿Es inmoral que un gobernador aparezca en programas de entretenimiento
porque ha pagado esa inserción con dinero del erario de su estado? Por supuesto
que lo es. ¿De qué le sirvió al Estado de México que Enrique Peña Nieto y su
bonita familia salieran en un festival del día del padre ocurrido en Toluca,
exhibiendo su galanura? Treinta escuelas se hubieran pagado con ese dinero.
Además, el festival era de espanto.
17. ¿Es inmoral que un gobernador aparezca en un noticiario declamando un
discurso porque pagó ese espacio con el dinero del erario? Es claramente
inmoral, porque, de nuevo, lo pagó con dinero de los ciudadanos, destinado al
bien común, y porque tácito existe un grave engaño: que su declamación es una
noticia de importancia para la nación. Bajo ninguna óptica el discurso de
Enrique Peña Nieto en la ciudad de Davos hace dos años tuvo trascendencia, ya no
digamos para los países del mundo, ni siquiera para Toluca, y sin embargo fue
noticia principal de noticiarios.
18. ¿Qué importancia tuvo para la nación la visita de Enrique Peña Nieto y su
novia La Gaviota al Papa Benedicto XVI? Ninguna. Y sin embargo lo vimos lado a
lado del relato de los eventos cruciales del planeta.
19. Lo que es claramente inmoral, es decir: dañino para el bien común, debe
legislarse para volverse ilegal. El país requiere una regulación del uso de los
medios y de la forma en que se realiza el periodismo. En tanto, acudamos a la
pequeña justicia que nos otorga el voto y el control remoto.
20. En el televisor elijo con el control remoto. Y en la presidencia con mi
voto.
Los "cambios", y el cambio
Ahora no deben tener dudas de que la verdadera opción de un cambio conveniente es la representada por el político tabasqueño
En el segundo debate entre los candidatos que contienden por la Presidencia de la República, se confirmó que son dos proyectos los que estarán en juego en los comicios del primer domingo de julio. El de la oligarquía representado por el binomio PRI-PAN, y el democrático y progresista que lidera Andrés Manuel López Obrador. El sentido común y un elemental patriotismo indican la conveniencia de que triunfe el que promueve el político tabasqueño. Sin embargo, no toda la población se da cuenta de tal realidad, influenciada como está por los medios electrónicos, principalmente, en favor de la continuidad del régimen caduco que ya no da más.
Si la sociedad mayoritaria tuviera plena conciencia de que urge un cambio de fondo en la estructura gubernamental, el triunfo del Movimiento Progresista estaría seguro y con amplio margen. Desgraciadamente no es así, tanto por la escasa politización de importantes sectores, como por el miedo al cambio, no sólo de quienes se benefician del inmovilismo y la demagogia de los voceros del sistema político actual, sino de la población enajenada por la televisión. Esta ha sido operada eficazmente, conforme a los intereses de los grupos dominantes, como lo demostraba sin ambages Emilio Azcárraga Milmo, alias “El Tigre”, quien se decía “soldado del PRI”. Y vaya que lo fue, por lo que obtuvo extraordinarios beneficios.
En la actualidad, su vástago actúa con igual cinismo aunque con más voracidad, como lo patentizan los hechos. La oligarquía tiene más privilegios que defender que hace dos décadas, por eso mismo es más peligrosa. De ahí el imperativo de que la sociedad actúe con más organización y con objetivos claros, pues sólo así será posible llevar a cabo los cambios democráticos que urge poner en marcha para salvar al país de la catástrofe a la que lo está llevando una minoría apátrida y sólo comprometida con sus intereses. Es incuestionable que el primer objetivo que debe alcanzarse, es el rescate de la iniciativa política por parte de las fuerzas progresistas, a fin de impulsar la lucha de las clases mayoritarias por cauces viables y exitosos.
En este sentido, ha sido invaluable el movimiento estudiantil #YoSoy132, pues en poco tiempo demostró capacidad e inteligencia para tomar esa indispensable iniciativa, sin la cual no habría posibilidades de avanzar hacia la consecución de una elemental gobernabilidad democrática. A partir de entonces cambió la correlación de fuerzas, ahora favorablemente para las corrientes progresistas, motivo por el que López Obrador pudo ocuparse, en el debate, sólo de sus propuestas, demostrando una madurez que debió ser bien valorada por los círculos pensantes de la oligarquía y de la Casa Blanca en Washington.
Ahora no deben tener dudas de que la verdadera opción de un cambio conveniente es la representada por el político tabasqueño, quien no es un aventurero ni un oportunista, sino el estadista que hace falta en esta etapa para rescatar a México de la catástrofe inminente a la que nos lleva la conducción reaccionaria y corrupta de una clase política que sólo está preocupada por su patrimonio. Deben saber que apuntalar el Estado de Derecho, en las actuales circunstancias, es un imperativo ineludible para evitar males mayores que afectarían a todos los sectores.
No es fortuito que todos los candidatos coincidan en la necesidad de cambios en la estructura del poder y del Estado, sino el reflejo de la terrible descomposición social luego de tres décadas de neoliberalismo depredador, que se complicaron en todos sentidos en los dos sexenios del partido blanquiazul en Los Pinos. Pero el único que puede realizarlos, es el líder del Movimiento Progresista, porque no tiene compromisos con grupos oligárquicos, mucho menos con los tecnócratas que han marcado la pauta gubernamental en los últimos treinta años. Los cambios que promete Enrique Peña Nieto son meras palabras huecas, porque los intereses a los que sirve no le permitirían ni siquiera dar un paso en favor de la democratización del régimen.
Pero tampoco podría hacerlos López Obrador por sí solo. Necesita el respaldo de la sociedad en su conjunto, la cual debe contar con la iniciativa política necesaria para invalidar las presiones de la oligarquía dirigidas a frenar, obstaculizar, impedir esos cambios democráticos que urge impulsar en el país. Para Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota, los cambios no son otra cosa que profundizar las políticas públicas antidemocráticas, englobadas en las famosas reformas estructurales, sobre todo la laboral, la energética y la política, todas con una orientación abiertamente neoliberal, o sea con la finalidad de apuntalar mayores beneficios económicos a la oligarquía.
Los cambios verdaderos que reclama la población mayoritaria, empiezan por el fortalecimiento del Estado de Derecho, sin el cual nada podrá avanzarse en la dirección correcta. Y lograrlo sólo será posible con la participación de todos los sectores, bajo la dirección de las clases mayoritarias, pues son muchos y muy fuertes los intereses que se oponen a ese objetivo inaplazable. La historia nos demuestra cómo la movilización de las masas rompe todas las barreras, por grandes que sean, como sucedió en 1938, cuando el Presidente Lázaro Cárdenas rescató para el país su principal riqueza. Ese es el camino a seguir, y hacerlo con firmeza y patriotismo.
Guillermo Fabela - Opinión EMET

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