Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 12 de septiembre de 2012

BAJO LA LUPA- El 11-S y el retroceso de la civilización- Nuestra América y los cuatro chiflados de Tel Aviv

Bajo la Lupa
EU: cómo las grandes empresas están comprando la elección, según The Nation
Alfredo Jalife-Rahme
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Un manifestante protesta en el segundo día de la Convención Demócrata, el 5 de septiembre, en Charlotte, Carolina del Norte
Foto Ap
 
       Greg Palast –investigador de BBC y The Guardian– desde hace 10 años ha indagado la forma en que se roba (sic) una elección en nueve simples pasos en su libro Multimillonarios y bandidos (sic) de las urnas (con introducción de Robert F. Kennedy Jr.), que coloca en la picota a Karl Rove, polémico operador de Baby Bush, quien impulsó a los talibanes cristianos del Partido Republicano bajo la férula de la mafia de los hermanos Koch.
 
Palast describe que antes de la decisión de la Suprema Corte en 2010 en el polémico caso de Citizens United, la máxima cantidad que se podía dar a un candidato a la presidencia eran 2 mil dólares por ciudadano.
 
A partir de la polémica sentencia se rompieron las puertas a los límites de las contribuciones secretas (sic) a las campañas, que incluyen a las trasnacionales, de los inmensos recursos financieros de la fauna de multimillonarios filántropos –Paul Singer, John Paulson, Julian Robertson y otros pudientes de Wall Street– para favorecer al Partido Republicano y quienes financiaron la entelequia Restore Our Future, que se encuentra detrás de la maquinaria electoral de Mitt Romney.
 
A tales entidades recaudadoras/distribuidoras de dinero electoral se les conoce en la jerga como Súper PACs (por sus siglas en inglés): súper comités de acción política, que pueden captar contribuciones sin limite (¡súper sic!) de casi cualquier fuente. La mayor parte de los donativos a los Súper PACs provienen de los multimillonarios.
 
Lee Fang, investigador de The Nation, la revista más antigua de Estados Unidos, de corte progresista, publicó un extenso reporte (29/8/12): Cómo las grandes empresas están comprando la elección, donde demuestra cómo se ha disparado el dinero secreto (sic) en las campañas electorales, a lo que ya había hecho alusión Obama en su primer informe anual con una sonora advertencia al Congreso: La Suprema Corte acaba de abrir las compuertas de los intereses especiales, que incluyen a las trasnacionales foráneas, para gastar sin límites en nuestras elecciones.
 
A juicio de Lee Fang, la Suprema Corte dejó de lado un siglo de leyes al otorgar a las trasnacionales una inmensa influencia en el resultado de las elecciones. ¿Se cotizan ahora las elecciones en Wall Street?
 
La Asociación de Banqueros Estadunidenses, poderoso grupo cabildero, invertirá una secreta (sic) cantidad de dinero para los candidatos amigables (sic). ¿Pues quién puede ser más amigable que la dupla Romney/Ryan?
 
Los dados y dedos cargados de la plutocracia, con máscara democrática decimonónica, han emprendido una campaña furtiva en contra de la senadora Claire McCaskill (demócrata de Missouri) para favorecer al polémico candidato republicano Todd Akin. Casi 350 mil dólares de publicidad negativa en contra de la senadora provinieron en forma insólita de la Cámara de Comercio de Estados Unidos.
 
Lee Fang se enfoca a los donativos del súper poderoso Instituto del Petróleo Estadunidense (API, por sus siglas en inglés), que representa a centenas de empresas multinacionales de hidrocarburos y cuyo fin es la aprobación del oleoducto Keystone XL, proyecto controvertido para transportar crudo de Canadá a lo largo de la costa del Golfo.
 
También otras asociaciones como The American Chemistry Council y PhRMA (farmacéutica) financian a sus marionetas elegibles.
 
Las asociaciones que aglutinan a trasnacionales de propiedad estadunidense pero de metástasis global, como la Cámara de Comercio, reciben conspicuas contribuciones de entidades foráneas que por omisión/comisión pueden socavar la seguridad nacional de Estados Unidos.
 
The Financial Times (9/9/12) devela que Obama no desea quedarse atrás de la ventaja financiera y de la consecuente penetración publicitaria de Mitt Romney, por lo que ha optado por recaudar 150 millones de dólares para su propio Súper PAC: Priorities US Action, que cuenta con seducir a sus multimillonarios aliados como los israelíes-estadunidenses David Geffen (inversionista de música y multimedia) y Haim Saban (jerarca de Univisión), así como Oprah Winfrey.
 
La clave será colocar millones para publicidad (sic) en los estados indecisos (swing states), que decidirán la apretada elección.
 
El Súper PAC del Partido Republicano Crossroads –cofundado por Karl Rove–, que cuenta con el apoyo de los hermanos multimillonarios Charles y David Koch, junto con Restore Our Future, han invertido casi mil millones de dólares para las elecciones. ¿Quién da más?
 
Priorities US Action, Súper PAC del Partido Demócrata, ha recaudado hasta ahora mínimamente 35 millones de dólares, equivalente a un simple donante de Mitt Romney: el polémico israelí-estadunidense Sheldon Adelson (ver Bajo la Lupa, 8/8/12).
 
Según Bill Burton, cofundador de Priorities US Action, los demócratas están empezando a despertar y se dan cuenta de que existe una real amenaza (sic) de parte de Karl Rove y de los hermanos Koch, así como de la gente que va a gastar centenas de millones de dólares (¡súper sic!) para tener inmenso impacto en esta elección con el fin de impulsar la ideología de extrema derecha. ¡Uf!
 
Sheelah Kolhatkar, de Bloomberg/Business Week (10/9/12), desmenuza el bazar pecuniario de Karl Rove para controlar el Senado con inversiones multimillonarias.
 
Debido al tsunami de donativos financieros de las grandes empresas se anticipa una muy apretada elección, cuyo desenlace puede ser decidido en los tribunales electorales (Ethan Bronner, The New York Times, 10/9/12).
 
¿Con tanto dinero en juego de multimillonarios y trasnacionales que subsidian las campañas publicitarias (sic) de los candidatos (deudores morales en última instancia de sus acreedores), aún se puede hablar de aquella democracia del siglo V a. C. que implantó el helénico Cleístenes, familiar del inconmensurable Solón el Ateniense, uno de los siete sabios de Grecia?
 
Confucio, del siglo V a. C., uno de los grandes sabios de la civilización universal, solía decir que la confusión de la semántica antecede al caos y refleja la decadencia.
 
A mi juicio, se usa de manera muy laxa y poco rigurosa el término democracia, que nunca ha existido plenamente en la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña, que todavía practican simulacros hollywoodenses electorales literalmente del siglo XIX (con perversiones de redistritación y representación selectiva), que en última instancia benefician a la plutocracia que controla el modelo agónico de la globalización neoliberal financierista.
 
La mediocridad de la coetánea clase política no entiende aún que no puede existir una genuina democracia en medio de la desregulada globalización neoliberal financierista, donde prevalecen los gobernadores centralbanquistas, desde Greenspan hasta Bernanke.
 
La compra de las elecciones desde Estados Unidos hasta México refleja el avasallamiento de la política a la globalización neoliberal financierista, en donde la plutocracia se disfraza de democracia gracias al oligopolio de los multimedia que controla para engañar a una población deliberadamente desinformada.
 
La genuina democracia es el antídoto de la desregulada globalización neoliberal financierista: son incompatibles. Un demócrata neoliberal es un oxímoron, para no decir un adefesio teratológico.
 
El 11-S y el retroceso de la civilización
En Chile se conmemoró ayer un aniversario más del golpe militar que derrocó al gobierno de Salvador Allende en 1973. Como ha ocurrido desde hace una década, esa conmemoración coincidió con la realizada en Estados Unidos por los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, hecho que alteró severamente la convivencia planetaria y evidenció al gobierno de George W. Bush, hasta entonces caracterizado por un desempeño gris y marcado por la sombra del fraude electoral de un año atrás, como un aliado fundamental de la barbarie.
 
Más allá de la coincidencia casual en la fecha de ambos sucesos, el bombardeo al Palacio de la Moneda y los avionazos a las Torres Gemelas y al Pentágono comparten una condición de puntos de quiebre nefastos para los órdenes mundiales respectivos, para la vigencia de las libertades, los derechos humanos, las soberanías nacionales y la seguridad en el mundo.

En Chile, la consolidación de la dictadura de Augusto Pinochet no sólo hundió al país austral en un periodo de control dictatorial, persecución política, violencia y corrupción, sino también sentó las bases para ensayar allí el modelo económico que fue retomado por la revolución conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher e impuesto en prácticamente todo el continente por medio de los organismos financieros internacionales.

Si bien la mayoría de los pueblos latinoamericanos se precian hoy de contar con gobiernos democráticamente elegidos, y algunos incluso se han alejado de la indeseable preceptiva del consenso de Washington, el legado del pinochetismo en la región cobra forma con la vigencia de esos postulados económicos en naciones como Mexico y el propio Chile. A ello se suma la persistencia, en pleno siglo XXI, de conjuras de las oligarquías regionales que, con respaldo de sectores políticos y empresariales de Washington, han intentado subvertir el orden democrático en Venezuela, Bolivia y Ecuador, e incluso lograron hacerlo en Honduras, en 2009.
 
Tales elementos, por lo demás, son sólo una faceta de la incorregible política intervencionista que Estados Unidos ha puesto en práctica en diversos puntos del planeta y que, en el caso particular de Asia central y Medio Oriente, ha terminado por generar profundos sentimientos antiestadunidenses como los que se expresaron con los ataques del 11 de septiembre de 2001.
 
Pero, lejos de tomarse el trabajo de comprender las causas de esa animadversión, la respuesta elegida por el entonces inquilino de la Casa Blanca y sus aliados –la destrucción de Afganistán e Irak, el recorte de libertades en territorio estadunidense y la vulneración de derechos humanos a escala planetaria– la multiplicó exponencialmente; alimentó la irracionalidad de los extremismos islámicos y, con el supuesto propósito de combatir el terrorismo internacional, unció a naciones ajenas al conflicto a una lógica por demás improcedente y peligrosa. Como ha ocurrido en prácticamente todos los ámbitos de su labor, el gobierno de Barack Obama ha sido hasta ahora incapaz de corregir el desastroso rumbo geoestratégico dejado por su sucesor.
 
Frente a la tarea pendiente de rectificar la dirección de catástrofe por la que ha avanzado Occidente en las últimas décadas –y particularmente a partir de 2001–, el 11 de septiembre permanece incrustado en el calendario de la historia mundial como una fecha ligada a la tragedia y a gravísimos retrocesos de la política y la civilización.
 
 
Nuestra América y los cuatro chiflados de Tel Aviv
José Steinsleger
No consigo encontrar una explicación convincente para dar cuenta del estado de salud mental de los máximos dirigentes del fallido Estado de Israel: el mesiánico premier, Benjamin Netanyahu, y el titular de Defensa, Ehud Barak (listos para hundir el botón nuclear contra Irán); el presidente Shimon Peres (último guerrero del sionismo histórico), y el nazisionista Avigdor Lieberman, ministro de Relaciones Exteriores.
 
Por consiguiente, voy a centrarme en la increíble política de Tel Aviv contra los países bolivarianos, delegando la otra tarea al colega Alfredo Jalife-Rahme, doctor en neurosiquiatría, geopolítica y finanzas internacionales. Tres disciplinas que en el gran hoyo negro de la crisis capitalista mundial parecen retroalimentarse unas a otras.

En mayo de 2009, convocados por el Congreso Judío Mundial (AJC, por sus siglas en inglés), se reunieron en Miami los principales líderes sionistas de América Latina. Para entonces (y a raíz de las masacres de Israel en Gaza), Venezuela y Bolivia habían roto sus relaciones con Israel, entidad que Hugo Chávez calificó de Estado que practica el genocidio y persigue inhumanamente a los palestinos.

El encuentro de Miami fue un festín para los guionistas de Hollywood. Dina Siegel Vann, directora de Asuntos Latinoamericanos del AJC, recomendó “…continuar el monitoreo de la penetración iraní en el continente y …trabajar mancomunadamente para sensibilizar a los gobiernos de la región del peligro que ésta representa no sólo para las comunidades judías, sino para el hemisferio en su conjunto” (sic, portal sionista Aurora, Buenos Aires, 14/5/09).

Simultáneamente, en la cumbre de presidentes de la OEA (San Padro Sula, Honduras), el observador viceprimer ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Dani Ayalon, negaba su autoría en un informe que, subrepticiamente, circuló en la reunión. El misterioso documento aseguraba que Venezuela y Bolivia “venden uranio para el programa nuclear de Irán…”

Durante el undécimo Encuentro de Dirigentes de Instituciones y Comunidades Judías de América Latina y del Caribe (Cartagena, Colombia, mayo 2009), acto inaugurado por el presidente narcoterrorista Álvaro Uribe, los organizadores reconocieron que sus preocupaciones giraron en torno a los vínculos entre las comunidades judías y árabes, severamente dañadas tras la operación Plomo Fundido en Gaza (ídem, Aurora).

Tres meses después, la Loba Feroz (así le dicen a Ileana Ross-Lehtinen) realizaba su enésimo viaje a Israel. Ileana es cubanoestadunidense, preside en el Capitolio la Comisión de Relaciones Exteriores del Partido Republicano, y con viáticos que The New York Times (NYT) estimó en 18 mil 500 dólares diarios se alojó en el lujoso hotel King David de Jerusalén.
 
En la tierra prometida, la Loba Feroz tuvo encuentros de inteligencia con los cuatros chiflados de Tel Aviv, y todos se preguntaron, cómo no, qué hacer con Hugo Chávez, las células de Hezbolá sembradas en los países bolivarianos, la apertura de embajadas de Irán en el continente, y las giras del presidente Mahmud Ajmadineyad (alias El Diablo) por nuestros países.
 
Así fue que en diciembre pasado, con el diligente y desinteresado apoyo de Univisión (propiedad del magnate israelí Haim Saban, dueño de Radio Mambí de Miami), se transmitió el fantástico documental La amenaza iraní (y sus conexiones con Venezuela).
 
Supimos entonces que Irán y Venezuela preparaban un ataque cibernético contra la Casa Blanca, la FBI, el Pentágono y plantas nucleares de Estados Unidos. Y lo más fascinante de la historia es que diplomáticos de ambos países en México (¿y de Cuba?, pos de Cuba también…) trabajaron en forma conjunta con académicos de la UNAM.
 
La historia siguió su curso y en enero último, cuando en camino la cumbre ambientalista de Río+20 el maldito de Ajmadineyad hizo escala en Ecuador, el presidente Rafael Correa mencionó el uranio que el país andino (según la Loba Feroz), estaría facilitando a Teherán. En rueda de prensa conjunta, Correa manifestó: Primera vez en mi vida que me entero de que Ecuador tiene uranio. Lamento si ha venido a buscar eso, señor presidente. No le podemos dar ni un gramo. Dicho lo cual, el embajador de Washington en Quito, Adam Namm, corrió a redactar un comunicado en el que admitía lo dicho por Correa.
 
¿Qué imagen tienen de América Latina los cuatro chiflados de Tel Aviv? En el hermoso bosque de Eshtaol (ubicado a 30 kilómetros al oeste de Jerusalén), existían cuatro aldeas que entre abril y julio de 1948 fueron arrasadas en una de las tantas limpiezas étnicas ejecutadas por la brigada Harel (milicia Palmach).
 
El bosque es hoy un área de recreación popular, donde los israelíes retozan sobre los huesos y cenizas de 4 mil palestinos. En el sitio hay tres patios conmemorativos. El primero evoca la memoria de Simón Bolívar, y los otros dos están dedicados al general José de San Martín.

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