Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

domingo, 18 de marzo de 2012

Lucha antinarco- Cultivo de amapola, base del ingreso familiar en la sierra- Dos bombazos en Siria dejan al menos 27 muertos y 140 heridos

Lucha antinarco
 
La actividad ilícita deja unos $5 mil al mes, suficientes para sobrevivir en zonas a las que las policías no acceden
En Guerrero se produce 98% de la adormidera del país
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Un efectivo de la 35 Zona Militar en Chilpancingo, en labores de destrucción de cultivos de amapola, el martes pasado, en sierra guerrerense, donde llegan a estar asignados más de un mesFoto Víctor Camacho
Gustavo Castillo García
Enviado
Periódico La Jornada
Domingo 18 de marzo de 2012, p. 2
Chilpancingo, Gro. En la sierra de Guerrero el cultivo de amapola y la producción de goma de opio emplea a familias enteras. Aquí no llegan policías, solamente militares que destruyen cultivos ilícitos. En Guerrero se produce 98 por ciento de amapola del país.
En esa zona habitan niños como Ricardo, de 10 años. Se trata de un número desconocido de menores que participan con sus hermanos y padres en el negocio de la goma de opio. Su padre siembra y cuida el cultivo, la madre cocina y él y sus hermanos usan las uñas para cortar los bulbos de amapola y extraer la goma que se convertirá en heroína, una de las drogas ilegales más caras en el mundo. Tan sólo un kilo de esa droga en territorio mexicano antes de cruzar la frontera con Estados Unidos supera 4 millones de pesos.
En la sierra de Guerrero las familias, de entre cuatro y cinco miembros que se encargan de sembrar las amapolas, cuidarlas y explotarlas, obtienen unos 5 mil pesos mensuales, que son pagados por grupos de narcotraficantes locales. Poco dinero para un citadino, pero aquí da para comer un mes, ya que existen personas que utilizan sus camionetas para viajar a Chilpancingo y acercar los víveres a quienes aparentemente se dedican a cultivar mariguana o amapola.
Aquí no existen centros de trabajo y en muchos casos ni siquiera servicios básicos.
“Eso sí, vea usted: sobre el cerro hay una manguera de quién sabe cuántos metros, que trae agua hasta los cultivos y con ella los riegan. Así hacen que sobrevivan los plantíos. Nadie puede decir cómo llegó. Tampoco hay manera de explicar quién colocó los cables o lazos de plástico que se encuentran de un cerro a otro y son utilizados para derribar –si no son detectados– los helicópteros fumigadores.”
Estas historias son contadas por soldados que pasan de 15 a 30 días en la sierra destruyendo diariamente entre 12 y 15 sembradíos en laderas de montañas, a los que llegan luego de caminar horas por brechas, cargando una mochila de más de 30 kilos, con comida, uniformes, armas, casa de campaña, bolsa de dormir, medicinas y utensilios para cocinar.
En Guerrero, de enero a diciembre de 2011, 4 mil 900 soldados adscritos a la 35 Zona Militar con sede en Chilpancingo participaron en la destrucción de cultivos ilícitos, y destruyeron 51 mil 604 plantíos, que en total ocupaban una superficie de 826 mil 342 metros cuadrados.
A decir de los militares que acompañaron a La Jornada durante un recorrido por esa zona, en la sierra “los grandes cárteles no tienen fuerza para controlar el negocio completo, pero existen personas que regionalmente se encargan de pagar por que la tierra produzca; para que se escurran los bulbos de la flor rosa y morada; se regulen los precios de compra de la goma en la región, y la carga pueda salir a otras entidades para su proceso final”.
A la zona no llegan policías. Solamente soldados que tienen que viajar al menos cuatro horas en vehículos terrestres hasta donde termine la brecha que permita el avance de las unidades.
Luego deben andar a pie varias horas por laderas de cerros, entre piedras y tierra suelta, y muchas veces al borde de precipicios en la zona de Chilapa.
Al igual que los soldados, en esas zonas que parecen inaccesibles o alejadas de cualquier centro de población hay campesinos solos o con sus familias que habitan en pequeñas viviendas de madera. En algunos casos, como ocurrió durante el recorrido, un campesino cuidaba su parcela de frijol a menos de 300 metros de los cultivos de amapola, pero nadie puede acusarlo de cultivar enervantes, porque los plantíos cercanos parecen haber sido abandonados a toda prisa.
Los uniformados se encuentran frecuentemente trozos de madera con pedazos de hojas de afeitar que sirven para cortar el bulbo de amapola y el escurrimiento de la goma de opio hacia oxidados envases para jugo.
En los alrededores de este lugar, a una hora de vuelo en helicóptero desde Chilpancingo, los militares dicen que no hay pueblos con escuela. Apenas unas cuantas casas.
Mientras, uno de sus compañeros machaca sobre un comal los frijoles que se servirán a la tropa en la comida, y otro corta bisteces sobre un cartón. Llevan ahí 15 días y esperarán otro tanto para regresar a descansar tres días a sus casas, y 48 horas después posiblemente regresarán a la sierra a destruir de 10 a 14 sembradíos por día. A veces, cuando todavía no terminamos una zona, ellos ya volvieron a sembrar lugares atacados.

El gobierno de Assad atribuye los ataques a terroristas; opositores culpan al presidente
Dos bombazos en Siria dejan al menos 27 muertos y 140 heridos
Varios países y Naciones Unidas condenan el atentado en la ciudad de Damasco
Protestan miles en Washington en demanda de que Obama ponga fin a la matanza
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Los blancos, edificios del centro de inteligencia y de la policía. La imagen fue distribuida por Sana, la agencia siria de informaciónFoto Reuters
Reuters, Xinhua, Afp y Dpa
Periódico La Jornada
Domingo 18 de marzo de 2012, p. 21
Damasco, 17 de marzo. Al menos 27 personas murieron y 140 resultaron heridas hoy en dos atentados con bomba perpetrados por grupos terroristas en esta capital, informaron fuentes oficiales.
La televisión siria reportó que autos cargados de explosivos fueron dejados frente a un centro de inteligencia y las oficinas de la policía. Al estallar provocaron daños en la fachada del edificio y que escombros y vidrios salieran disparados en todas direcciones.
Al menos 27 personas fallecieron y 140 quedaron lesionadas, asegura un comunicado del Ministerio del Interior.
Hasta el cierre de esta edición ningún grupo se había atribuido las detonaciones coordinadas, que recordaron los ataques similares perpetrados Damasco y Aleppo, segunda mayor ciudad de Siria, en diciembre pasado.
Las explosiones ocurren dos días después del primer aniversario del levantamiento contra el presidente Bashar Assad, durante el cual han fallecido más de 8 mil personas y alrededor de 230 mil han tenido que dejar sus hogares, según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
El Ministerio sirio del Interior advirtió en un comunicado que no dudará en enfrentar con decisión a cualquiera que desee comprometer la seguridad y estabilidad del país.
Debido al bloqueo mediático impuesto por el régimen de Assad, resulta prácticamente imposible verificar las informaciones procedentes de Siria.
Posteriormente se reportó otra explosión. En este último atentado, contra un vehículo militar, murió un destacado mando del ejército y tres de sus guardaespaldas, aseguró un activista. Pero hasta el momento esa información no se ha podido confirmar.
El gobierno responsabilizó a terroristas, mientras la oposición al régimen.
Llamado de Al Qaeda
El líder de la red Al Qaeda, Aiman Zawahiri, se dirigió en un video a la oposición, instándola a proseguir la lucha contra Assad.
Los ataques coinciden con una misión conjunta del gobierno sirio, de la ONU y de la Organización para la Cooperación Islámica, que debía empezar a evaluar las necesidades humanitarias en ciudades de todo el país.
Rusia, China, Irán, Líbano, Francia, la ONU y la Red Siria de Derechos Humanos condenaron los atentados en Damasco.
En otras partes del país prosigue el derramamiento de sangre.
Según la oposición, hubo enfrentamientos entre desertores y el ejército sirio en Idlib.
En las afueras de Damasco fallecieron cinco personas cuando tropas del gobierno abrieron fuego contra un cortejo fúnebre.
Por otra parte, al menos 4 mil manifestantes, según organizadores, se congregaron este sábado frente a la Casa Blanca, en Washington, en demanda de que el gobierno de Barack Obama detenga la matanza en Siria.
Los manifestantes, que pertenecen en gran parte a la comunidad siria que vive en Estados Unidos, recordaron de esta manera el primer aniversario de la sublevación reprimida por el régimen de Assad.
Varios llevaban camisetas con leyendas que decían: Yo sueño con una Siria libre, o Ya no tenemos miedo.
Agitando banderas sirias con tres estrellas rojas y bandas verdes, blanco y negro, los manifestantes gritaban una y otra vez: ¡Bashar debe partir! y ¡SOS, SOS!

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