Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 13 de junio de 2012

Contubernio PRI-PAN en el reparto de notarías- EPN y AMLO: Los dos escenarios- Las falacias de las pruebas

Contubernio PRI-PAN en el reparto de notarías

Mariana Gómez del Campo, coordinadora de campaña de JVM en D.F. Foto: Eduardo Miranda
Mariana Gómez del Campo, coordinadora de campaña de JVM en D.F.
Foto: Eduardo Miranda
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Prominentes miembros del Partido Acción Nacional (PAN) acusaron al priista Enrique Peña Nieto de haber “regalado” notarías a sus amigos, dos días antes de dejar el gobierno del Estado de México, pero repentinamente guardaron silencio.
Quizá porque uno de los notarios favorecidos es también un militante del PAN: José Manuel Gómez del Campo Gurza, hermano de Mariana, diputada local, candidata a senadora y coordinadora de la campaña de Josefina Vázquez Mota en el Distrito Federal.
Más aún: El flamante notario es primo de Virginia Gómez del Campo, esposa de Luis Videgaray Caso, coordinador de la campaña presidencial de Peña Nieto, y prima segunda también de Juan Ignacio Zavala, vocero de Vázquez Mota.
“Ni la conozco”, asegura Zavala el portavoz. “Es como el caso de Marcia: No la conozco, nunca la he visto”, afirma al referirse a Marcia Matilde Gómez del Campo Tonella, copropietaria de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, donde hace tres años murieron 49 bebés por un incendio.
Y es que la campaña “Peña no cumple”, auspiciada por el presidente del PAN, Gustavo Madero, y promovida por la aspirante a senadora Laura Rojas y el queretano Ricardo Anaya, candidato a diputado federal, se desvaneció después de que, el 17 de abril, fracasó la “mesa de la verdad” para definir si el exgobernador incumplió con uno de sus compromisos en Tlalnepantla.
Ahí, Anaya y Rojas acusaron a Peña Nieto de haber regalado notarías a personas afines, como Alejandro Murat, hijo del exgobernador de Oaxaca José Murat; Eduardo Segovia, quien como contralor exoneró a Arturo Montiel de los cargos por corrupción, y María del Carmen Hernández Álvarez, exsubprocuradora de Justicia en el caso de la muerte de Paulette Gebara Farah.
Pero Gómez del Campo Gurza, primo hermano de Margarita Zavala, mujer de Felipe Calderón, fue uno de los abogados a los que Peña Nieto les entregó una notaría el 13 de septiembre de 2011, dos días antes de terminar su mandato de gobernador.
José Manuel Gómez del Campo Gurza es notario número 149, con domicilio en Metepec, municipio conurbado a Toluca y uno de los más prósperos del Estado de México en materia inmobiliaria.
Su padre, José Manuel Gómez del Campo López, es el notario público 136, de la colonia Cuauhtémoc, y sus servicios han sido solicitados numerosas ocasiones en Petróleos Mexicanos (Pemex) desde que el abogado general de la paraestatal era César Nava, amigo íntimo de Mariana Gómez del Campo.


EPN y AMLO: Los dos escenarios

El aspirante presidencial priista, Enrique Peña Nieto y su homólogo perredista, Andrés Manuel López Obrador. Foto: Eduardo Miranda y Benjamin Flores
El aspirante presidencial priista, Enrique Peña Nieto y su homólogo perredista, Andrés Manuel López Obrador.
Foto: Eduardo Miranda y Benjamin Flores
MÉXICO, DF, 13 de junio (apro).- A escasas dos semanas de la elección presidencial, las preferencias ciudadanas sobre los cuatro candidatos se han ido cerrando hasta quedar dos claramente en la pelea: Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, cuyos márgenes de diferencia en las últimos sondeos se han ido estrechando, al grado de que algunos encuestadores han tenido que reconocer que conforme se acerca el 1 de julio podría darse el escenario de un empate técnico.
La posibilidad de un escenario de competencia entre Peña Nieto y López Obrador era algo impensable entre los priistas hasta que el viernes 11 de mayo su candidato fue repudiado por los estudiantes de la Universidad Iberoamericana (Uia), naciendo el movimiento estudiantil #YoSoy132, el que ha dado un vuelco al proceso electoral.
Subido en la nave preparada especialmente para él por Televisa en los últimos cinco años, Peña Nieto viajaba por aguas tranquilas las primeras semanas de la campaña. No había vientos que lo despeinaran y todo era miel sobre hojuelas. Hasta que irrumpieron los jóvenes que no sólo lo despeinaron, sino que le sacaron una mueca de desesperación que hoy le sigue marcando el rostro.
A partir de ese viernes negro, las campañas fueron otras. Cada candidato recibió el impacto de este movimiento irreverente y revitalizador de acuerdo a su propia circunstancia. El más beneficiado fue Andrés Manuel López Obrador, el candidato de las izquierdas, quien en un acto realizado en la histórica Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, donde ocurrió la matanza estudiantil de 1968, hizo un reconocimiento a los jóvenes estudiantes, cuidándose de no usarlos como lo pretendieron hacer la panista Josefina Vázquez Mota y el aspirante de Nueva Alianza (Panal), Gabriel Quadri.
Otros eventos se unieron a la insurgencia del movimiento estudiantil y que también han dado un vuelco a las campañas, sobre todo la del priista, fue la persecución judicial en Estados Unidos del exgobernador de Tamaulipas, el priista Tomás Yarrington; las revelaciones de los contratos de propaganda entre Televisa y Peña Nieto; las declaraciones de Vicente Fox apoyando al candidato del PRI, así como las marchas multitudinarias anti-Peña Nieto, y las encuestas de algunos medios, como Reforma, que rompieron con las tendencias de otros sondeos, como la de Milenio que todos los días machacan con datos poco claros de una supuesta superioridad del priista, aunque haya eventos que apuntes a todo lo contrario.
El telón de una historia con un final cantado se ha caído y en los últimos días hay una percepción social de que la elección no está definida y que habrá un cierre apretado entre Peña y López Obrador.
Ante este escenario, hay dos actores que tienen en sus manos la posibilidad de definir el tono del escenario postelectoral a partir de las reacciones que haya ante cualquier resultado.
De una parte está el Instituto Federal Electoral (IFE) como árbitro que no genera todas las confianzas necesarias para dirimir un conflicto de grandes magnitudes, ya que sus integrantes responden más a intereses de partido que a la ciudadanía. La lentitud con que han reaccionado sus consejeros ante las evidentes faltas de los candidatos, como el excesivo gasto en propaganda del PRI o la “guerra sucia” desatada por el PAN, no genera la certidumbre necesaria para cualquier árbitro; todo lo contrario, ha generado señales incertidumbre.
De la otra parte está el movimiento estudiantil que ante la victoria del PRI podría iniciar un movimiento de insurgencia ciudadana de largo plazo o, en caso de un triunfo de López Obrador, tendría que redefinir su papel como actor social de cambio, como impulsor del nuevo gobierno o como agente crítico del mismo.
Los ánimos de la sociedad no perfilan un escenario fácil para cualquiera que gane. Sobre todo cuando se ha incentivado una vez más la “guerra sucia” electoral que, en 2006, provocó fuertes enfrentamientos en la sociedad y en las familias.
Ante este escenario hay varias interrogantes: ¿Peña Nieto y los priistas van a aceptar pacíficamente una derrota ante López Obrador? ¿Cuál va a ser la actitud de aquellos priistas que están coludidos con grupos del crimen organizado al verse desprotegidos? ¿Cuál va a ser la posición que tomen los simpatizantes de López Obrador ante una posible segunda derrota consecutiva? ¿Se irán nuevamente por la vía de la resistencia civil y la confrontación?
Pero quizá la pregunta más pertinente sería ¿cuál va a ser la posición que tome Felipe Calderón ante un escenario de confrontaciones? ¿Qué hará si gana López Obrador, a quien odia de una manera clasista e irracional?
Es necesario ver los dos escenarios para ver qué posición tomarán los distintos actores involucrados, entre ellos la sociedad que a través de los jóvenes está teniendo un papel determinante más allá del voto que emitirá el domingo 1 de julio.

Las falacias de las pruebas

Exhiben pruebas Enlace sin aplicar en Guerrero. Foto: José Luis de la Cruz
Exhiben pruebas Enlace sin aplicar en Guerrero.
Foto: José Luis de la Cruz
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Causa de conflictos más que de soluciones, la aplicación acrítica de pruebas estándares, léase Evaluación Nacional de Logros Académicos en Centros Escolares (ENLACE) o Evaluación Universal al Magisterio, está movilizando a las secciones contrarias a la mafia apoderada del SNTE, y aun ha creado un gran descontento y confusión entre los docentes en unos 18 estados, la crítica de investigadores y expertos en educación, y el rechazo de padres de familia y de otros sectores de la sociedad que no han obtenido respuestas a sus observaciones respecto a la eficacia y la pertinencia de este tipo de pruebas.
Durante todo el sexenio se han impuesto la prueba ENLACE (la semana pasada se hizo en toda la educación básica), la correspondiente a la OCDE denominada Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), y, parcialmente, exámenes similares a sectores del magisterio (porque aún no se ha alcanzado consenso de a quiénes y cuándo se aplicará una Evaluación Universal), reflejos de una obsesiva política educativa que ha tenido de todo: tumbos, regaños, tóxicos espectáculos, dimes y diretes, cambios superficiales de secretarios, ocurrencias y despilfarros, pero ningún resultado educativo sustancial ni comprobable.
Desde la lejanía y la indiferencia con la que se ve la educación desde las oficinas de la SEP, nadie, ningún funcionario ha podido aclarar por qué después de tantas pruebas y exámenes no ha ocurrido el mejoramiento en la calidad de los procesos de aprendizaje, ni por qué cerca del 90% de los estudiantes de las escuelas públicas se encuentran muy por debajo de la media de conocimientos elementales en lectura y escritura, en razonamiento y en desempeño respecto de lo que durante años han estudiado, ni por qué hoy se tiene el terrible deterioro del sistema escolar, de su infraestructura, una mayor desigualdad en el acceso y permanencia en el sistema, e incluso una criminal irresponsabilidad en términos de las obligaciones constitucionales del Estado en materia de educación, que se ha conculcado en beneficio de los intereses familiares y políticos del SNTE y sus secuaces. Ninguna respuesta concreta. Pura demagogia.
Estas pruebas estándares, como lo han comprobado innumerables investigaciones especializadas, generan problemas mayúsculos cuando se aplican de forma indiscriminada, como lo hacen la SEP y el SNTE, porque crean prácticas que se reducen al pase de la prueba y a la obtención de los recursos asociados a ella; porque diferencian de forma arbitraria a escuelas, docentes y estudiantes dentro de rangos de eficacia absurdos, y porque están propiciando un jugoso negocio para las empresas que formulan y editan la prueba y para los que la venden de manera fraudulenta.
Peores aún son los resultados irreversibles educativos y pedagógicos, debido a que estas pruebas, como se ha demostrado profusamente de manera científica, son instrumentos que miden pero no comprenden las distintas realidades escolares, y ni siquiera los niveles educativos reales que tienen los maestros y los alumnos. Esto es así porque al estandarizar preguntas y respuestas cerradas no puede conocerse la riqueza de los aprendizajes y conocimientos que están alcanzando las distintas escuelas en su diversidad y en sus contextos, en la capacidad de razonamiento y deducción que ofrece y hace posible esta diversidad, y, por el contrario, se reproduce lo peor de los viejos esquemas de repetición y memorización, de control autoritario y vertical, y de imposición de un currículum irrelevante.
Cuando se estandariza, se pretende una homogeneidad lingüística, de prácticas sociales y culturales, de conocimientos y habilidades que ponen en desventaja sobre todo a los sectores siempre excluidos del sistema educativo –de manera amplia a los hijos de campesinos, de indígenas y de trabajadores de los barrios marginados de las ciudades–, con lo que se reproduce una mayor desigualdad pedagógica y social. Cuando se busca, peligrosamente, que estos instrumentos se generalicen, lo que tendremos enfrente será un sistema que estará concentrado en la preparación y el logro de las pruebas, pero no en elevar la calidad de lo que se enseña y aprende.
Felizmente, le queda poco tiempo a este gobierno para seguir atormentando a los docentes y alumnos con sus pruebas y amenazas de represión legal y laboral. Existen muchas más alternativas de evaluación cuantitativa y cualitativa que se pueden poner en marcha si ocurre un cambio en serio que haga posible transformar la SEP y dejar atrás estos años ominosos para la educación. Evaluación sí, pero para transformar la educación, no para golpear, amedrentar y diferenciar a los docentes y a las escuelas, y menos para hacer más ricos a los de por sí ostentosos líderes sindicales y burócratas de medio pelo.

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