EU: los costosos excedentes de la guerra
Afganistán bajo ocupación en 2010.
Foto: AP
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WASHINGTON (apro).- Algunos informes y analistas de Estados Unidos ya miran
“más allá” de la guerra en Afganistán. Se preguntan qué hará el Pentágono con el
“exceso” de armas cuando las tropas regresen desde el país asiático en 2014. Y
hasta apuntan la posibilidad de una “crisis” cuando el ministerio de Defensa
deba buscar la manera de deshacerse de esos excedentes.
“Esto puede traducirse en todavía otro costo que los planificadores del
Pentágono fracasaron en prever, y un problema que tendrán que solucionar
mientras el ministerio trata de recortar gastos”, señaló un reporte del
periódico especializado Defense News, que estimó en 9 mil millones de
dólares el “excedente de inventario” militar.
Las enormes montañas de armamentos y equipos se acumularon durante una década
especialmente belicosa para Estados Unidos, que abrió frentes de guerra en
Afganistán –para combatir a los talibanes y a Al Qaeda– y en Irak, país que
invadió en 2003 buscando armas de destrucción masiva que nunca encontró.
“Es necesario desprenderse de ese material”, advirtió el vicealmirante
retirado Keith Lippert, exdirector de la Defense Logistic Agency (DLA), que
forma parte del ministerio de Defensa.
Durante una convención sobre logística y materiales de guerra realizada en
Arlington, en Virginia, a fines de mayo pasado, Lippert añadió: “Tenemos que
vaciar los depósitos, pero esto no parece ser una prioridad” para el
Pentágono.
Defense News indicó que el exceso de inventario incluye desde
repuestos para vehículos hasta pertrechos, pasando por armas y “todo lo que las
fuerzas armadas estadunidenses necesitaron durante los últimos diez años para
combatir dos guerras”. A esto “hay que agregarle que todos están volviendo desde
Irak y desde Afganistán, con todos sus materiales”, dijo Lippert.
Para complicar más las cosas, muchos de esos equipos que retornan de esas dos
campañas fueron diseñados en los últimos años para afrontar amenazas específicas
en esos terrenos. Por ejemplo, el Ejército y la Marina encargaron a partir de
2006 la fabricación de los vehículos MRAP (Mine Resistant Ambush Protected) para
remplazar a los Humvee. Con su armazón en forma de V y otros detalles de diseño,
los MRAP resultaron mucho más eficaces para soportar el impacto de los
explosivos “improvisados” que estallaron a su paso en Irak y en Afganistán,
bajando la tasa de muertes de los soldados al interior del vehículo hasta 15%
contra 80% de los Humvee.
Gracias a ese éxito en el terreno de batalla, el Pentágono encargó a las
cinco empresas fabricantes de los MRAP construir a toda prisa hasta veinticinco
versiones del blindado, a un costo promedio de 1.54 millones de dólares por
vehículo.
Ahora, los jefes del Ejército y de la Marina tienen intenciones de quedarse
con unos 20 mil MRAP, señaló el columnista Walter Pincus, del diario
The Washington Post, los cuales insumirán gastos por unos 900
millones de dólares en “actualizaciones” de sus equipos y otros 40 millones de
dólares para mantenimiento y depósito.
Otros 6 mil vehículos –indicó el analista– serán considerados “excedente” a
partir del 2014, cuando la mayoría de los militares estadunidenses dejará
Afganistán.
De todas maneras, el “exceso” seguirán chocando con el problema que desde
hace décadas aqueja al ministerio de Defensa: la ineficacia de sus sistemas de
inventario. Se estima que el Pentágono tiene equipos y armas en depósito,
lugares de entrenamiento y frentes de batalla por unos 100 mil millones de
dólares. Los encargados de supervisar este gigantesco arsenal deben hacer orden
entre unos 4 millones de elementos distintos. Y solamente los repuestos –listos
para usar o almacenados– tienen un valor de 25 mil millones de dólares.
Un reporte de la Government Accountability Office (GAO, la oficina
parlamentaria independiente que controla el gasto gubernamental) publicado en
mayo pasado destacó que el Pentágono tiene graves problemas tan básicos como
establecer estándares de medidas para calcular el volumen de equipamiento o
contar con datos confiables sobre sus inventarios. La GAO reconoció que el
ministerio de Defensa está haciendo algunos “progresos”, pero los consideró
insuficientes.
En ese sentido, el coronel Edward Mays, uno de los comandantes de la división
de adquisiciones de la Marina, aseguró que “hay muchos datos que se están
generando” sobre los equipos y armas en manos de los militares estadunidenses.
En declaraciones citadas por Defense News, Mays reconoció que, si bien
“los datos existen, todavía no tuvimos tiempo de pensar cómo usarlos”.
Si en el pasado se criticó duramente la falta de objetivos claros en la
guerra en Irak y el apuro con el cual se desplegaron las fuerzas estadunidenses
en Afganistán, los comentarios de Mays parecen confirmar que Washington salió a
la guerra en dos frentes con planes a medio desarrollar.
“Al marchar a la guerra –señaló– no pensamos mucho sobre políticas” de
organización. Corrimos muy fuerte, hicimos muchas cosas, pero no pensamos esas
políticas” de utilización inteligente de recursos y equipos, confesó.
A pesar de este derroche y de los anuncios de recortes, está claro que el
Pentágono no se quedará sin dinero si se tiene en cuenta que el Congreso discute
un presupuesto básico de más 525 mil millones de dólares para el año fiscal
2013.
“La trastienda de todo este problema es que, entre 2002 y 2011, el ministerio
de Defensa fue extremadamente rico y pródigo en sus gastos, y se equipó con todo
tipo de cosas de las cuales, ellos sabían, tendrían que hacerse cargo cuando
volvieran a casa desde el extranjero”, apuntó Charles Knight, uno de los
directores del Project on Defense Alternatives, del Commonwealth Institute, un
centro de estudios con base en Massachusetts.
“En los próximos tres o cuatro años –dijo Knight a Apro–
ellos comprarán menos”.
De todas maneras, el experto dijo que unos excedentes de 9 mil millones de
dólares sobre un inventario general valuado en 100 mil millones le parece
“razonable” y que no puede calificarse como una “crisis”.
“Cuando una guerra termina –continuó–, mucho equipamiento vuelve al país y
tiene que ser almacenado o eliminado”.
Ese retorno de equipamiento, indicó por su lado Lippert, genera un problema
“práctico”. Esos elementos, señaló, terminan siendo vendidos por mucho menos de
su valor original o destruidos, “simplemente por el hecho de que Estados Unidos
no cuenta con el espacio necesario para almacenarlos”.
Claro que existe una tercera opción, según Lippert: “Venderlos por un valor
algo más alto” a fuerzas armadas de otros países.
Y es que el ministerio de Defensa está autorizado por ley a vender o colocar
los “excedentes” de equipamientos y armas en el extranjero, a precios más bajos
o incluso sin costo. Muchas de estas operaciones se realizan a través de los
planes de asistencia exterior.
Un reporte oficial obtenido y difundido por la Federation of American
Scientists (FAS, una de las más reconocidas organizaciones antibélicas) mostró
que el Pentágono colocó armas “excedentes” por unos 61 millones de dólares
solamente en el último trimestre del 2008, con exportaciones a bajo precio o
subvencionadas con donaciones a países como Marruecos y Pakistán y, en América
Latina, a Bolivia, Colombia y Perú.
Si se mantienen estas tendencias, y teniendo en cuenta que el gobierno de
Washington estimula este tipo de transferencias cuando se trata de cooperar en
la “lucha contra el terrorismo”, no será extraño ver vehículos MRAP recorriendo
geografías desérticas en otros puntos del planeta.

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