Los mitos
sobre Jorge Hank Rhon
Jesusa Cervantes
Jesusa Cervantes
MÉXICO, D.F., 10 de junio (apro).- El exalcalde Jorge Hank Rhon es una
persona en torno de la cual giran una serie de mitos. Y es que no sólo se le ha
vinculado con el crimen organizado, también se ha dicho que es el autor
intelectual del asesinato de periodistas, que es muy amigo de Benjamín Arellano
y que lava el dinero del menguado cártel de los hermanos Arellano
Félix.
Pero está su otra faceta: la de empresario con estrella y guardián irredento
de su virilidad.
Dicen de él que está tan cerca de Dios como del diablo, pues así como se le
ha vinculado con los cárteles de la droga, como empresario también tuvo el
privilegio de transportar en su ya extinta línea aérea (TAESA) al ahora beato
Juan Pablo II, cuando visitó México por tercera ocasión , el 17 de julio de
1992.
Desde que llegó a vivir a Baja California, a fines de los ochenta, Jorge Hank
Rhon se convirtió en un hombre de dudas, y hoy se ha sumado una más en torno de
su persona: ¿Quién y por qué decidió incriminarlo por acopio de armas y ponerlo
tras las rejas?
Para nadie que vive en Baja California, lo conoce o ha estado cerca
de él, es desconocido que el hijo del profesor Carlos Hank González siempre ha
tenido hombres armados a su lado, que su aparatoso grupo de seguridad siempre
trae armas largas y que en más de una ocasión sus escoltas han provocado algún
altercado con la sociedad o la policía.
Por ejemplo en el año 2000, cuando Roberto Madrazo abandonaba la
pequeña ciudad de Rosarito, en Baja California –durante su campaña por la
presidencia de la República–, el equipo de seguridad de Jorge Hank tuvo un
altercado con un automovilista.
Ante la sorpresa de la prensa nacional que acompañaba al priista, los
escoltas del empresario sacaron sus R-15 y obligaron a la ciudadana que los
había increpado a bajar la guardia.
Así pues, no es novedoso que Jorge Hank tenga armas en su poder, y
hasta resulta normal que un empresario, por el tipo de giro que maneja
oficialmente, tenga hombres armados a su alrededor.
Lo que sí es extraño es que hasta ahora se le aprehenda y juzgue por
ello.
Uno de los nuevos mitos que gira alrededor de la pensión del dueño
de Grupo Caliente es que se trató de un intercambio de información y un acuerdo
al que llegaron un exgobernador y Felipe Calderón.
La versión señala que entre los ya famosos “expedientes negros” que
el gobierno federal panista armaba contra priistas conocidos, figuraba un
exgobernador, sobre quien se irían en primer término.
Este exgobernador, con un abultado expediente de enriquecimiento
ilícito y quien habría adquirido por lo menos 120 propiedades –que con el
salario que percibía jamás podría comprarlas–, buscó a Felipe Calderón.
El intermediario entre el primer exmandatario estatal que el
gobierno enviaría a la horca y Felipe Calderón habría sido Liébano Sáenz. El
exgobernador, priista, por supuesto, y con un gran conocimiento del grupo
Atlacomulco, relató todas las andanzas de Jorge Hank y de cómo él mismo se llegó
a rodear de gente cercana a su padre, el profesor Carlos Hank González. También
habría dicho que al exponerlo públicamente se golpearía de manera mediática a
Enrique Peña Nieto, favorito en las encuestas para ocupar la presidencia de la
República.
No olviden –les habría dicho el exmandatario estatal a los panistas–
que los hombres del profesor han sido los hombres de su hijo, y que si le pegan
a Hank le pegan a cualquier priista que provenga o haga política por el Estado
de México.
Y para muestra un botón: el profesor Hank tuvo como sus abogados de
confianza a Ricardo García Villalobos (quien con los años pasó a ocupar el mismo
papel, pero con Roberto Madrazo) y Humberto Benítez Treviño, concuño de Ernesto
Santillana Santillana.
Cuando Jorge Hank ganó, para sorpresa de muchos, la alcaldía de
Tijuana, Baja California, nombró como secretario de Seguridad Pública a
Santillana, un hombre que llegó a la entidad para crear los llamados “comandos
negros policíacos”, que se encargaban de acabar con “los malosos”.
Pero los modos de Santillana no gustaron a los bajacalifornianos, de tal
manera que Jorge Hank tuvo que removerlo del cargo.
Ernesto Santillana encontró cobijo muy rápido. Primero fue enviado a
la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), algo que tampoco
agradó a quien en ese momento estaba al frente, Manlio Fabio Beltrones, así es
que antes de que diera de qué hablar, también fue relevado del cargo.
Pero el hombre de todas las confianzas del profesor Carlos Hank se
encontró con Humberto Benítez Treviño y fue nombrado subprocurador del Estado de
México.
Hoy, Benítez Treviño es parte de la bancada más numerosa del PRI en
San Lázaro, la del Estado de México. Y, como el resto de sus compañeros
mexiquenses, tiene un peso extraordinario a la hora de tomar decisiones que
impliquen blindar a Enrique Peña Nieto.
El ex mandatario estatal que habría entregado todo un informe sobre
las andanzas de Jorge Hank era el primero que el gobierno panista tenía en la
mira como parte de los expedientes negros. Pero traicionó a Hank para salvar el
pellejo.
Al pasar los meses nos daremos cuenta si el gobierno calderonista –viendo que
el efecto Hank no fue tan nocivo como lo esperaba en las elecciones del Estado
de México– no se verá tentado a traicionar su palabra empeñada y sacar, ahora
sí, el expediente sobre el primer ex gobernador priista que tenía en la
mira.
Y por la forma en que operó el gobierno federal en el caso de Jorge Hank
Rhon, que con la utilización del Ejército y sin orden de un juez allanó la casa
del exalcalde, seguramente el exgobernador “informante” no está muy tranquilo,
como tampoco lo están el resto de los exmandatarios del norte y sureste de
México.
Comentarios: mjcervantes@proceso.com.mx

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