Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

viernes, 26 de octubre de 2012

ASTILLERO- ¿Adónde va Morena?- Caídos en las nuevas luchas: Ismael y Manuelita- Por una gran cruzada

Astillero
PRI enfría euforias
Una locura en el Senado
¿Divergencias EPN-FC?
Moreira y los narcoempresarios
Julio Hernández López
Foto
La reforma laboral presentada por el presidente Felipe Calderón ha perdido su carácter preferente, por lo que será analizada el tiempo que sea necesario, advirtió el líder de la bancada priísta en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones. En la imagen, con el legislador Alberto Anaya
Foto Guillermo Sologuren
 
 
Manlio Fabio Beltrones fijó ayer distancia de la bancada priísta que tiene mayoría en San Lázaro respecto a los presuntos grandes avances en materia de democracia y control contable de sindicatos que el calderonismo festejó en el Senado como si fueran un hecho.
 
 
Lo que los senadores Javier Lozano, Ernesto Cordero y Luisa María Calderón celebraron a nombre del felipismo como gran victoria, casi irreversible, ha sido atemperado por el coordinador de los diputados priístas, quien ha advertido que la famosa iniciativa calderonista ha perdido su caracter preferente, imperioso, en este ir y venir entre San Lázaro y Paseo de la Reforma e Insurgentes, y que los diputados de tres colores habrán de analizar tan a fondo el texto de las discordias que correrá el tiempo que sea necesario para sacar una muy buena ley.
 
Quien habrá de encargarse de determinar tiempos y circunstancias será el presidente de la comisión encargada de asuntos del trabajo en esa cámara, Carlos Humberto Aceves y del Olmo, cetemista de experiencia legislativa (ha sido senador y diputado otras dos veces). Para que no haya duda de lo que le espera a la reforma sindical tan cacaraqueada por el panismo, con los partidos de izquierda a remolque, el diputado Aceves ya dijo que no se aprobará lo enviado por los senadores nomás porque sí, pues algunos de los cambios de última hora "son una locura”.
 
La defensa cerrada del sindicalismo dinosáurico por parte del PRI es absolutamente explicable a partir de los pactos realizados por el nuevo copresidente de los intereses tricolores, Enrique Peña Nieto (el otro copresidente es Carlos Salinas de Gortari) con los grandes caciques gremiales. Pero lo sucedido primero en el Senado, y ahora en la Cámara de Diputados, genera preguntas relacionadas con el grado de entendimiento y complicidad operativa que tienen en estos momentos el saliente Calderón y el entrante Peña. Aún cuando escenográficamente hay notables esfuerzos por exhibir una presunta transición de terciopelo, con reuniones grupales de horas, episodios como el de la reforma laboral parecen haber llevado a los dos personajes por caminos no sólo distintos sino tal vez confrontados. El peculiar comportamiento de senadores panistas obstinados en aparecer como presuntos liberadores históricos del proletariado y sus malvados caciques sindicales, a sabiendas de que lo que se cambiara en Paseo de la Reforma podría ser corregido o tumbado en San Lázaro, fue una desvergonzada representación teatral con fines electorales, para mostrar al PAN tan defensor de los intereses de los trabajadores como nunca lo fue desde el poder federal que ocupó durante dos sexenios. Ahora se impone la realidad aplastante del dinosaurismo sexenalmente triunfador: con 251 votos en la Cámara de Diputados, más los que pueda pepenar, el PRI hará lo que quiera y le convenga en el tema laboral y sindical, dejando lo que es lesivo para los trabajadores y limando lo sindical que a los líderes les incomode. Y dejando la presunta gloria de esas reformas a Enrique Peña Nieto y no a Felipe Calderón. Es decir, desahogándolas y confirmándolas en el tiempo de ejercicio de poder del priísta, no antes.
 
 
El ex gobernador de Coahuila y ex presidente nacional del PRI, Humberto Moreira, ha hecho saber que la procuraduría de justicia de ese estado le informó que el asesinato de su hijo, José Eduardo, fue una venganza de narcotraficantes porque ese mismo día policías estatales habían acribillado a un sobrino de Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40. Es decir, en una acción del gobierno de su hermano Rubén fue ejecutado un familiar de un alto jefe de los zetas que en venganza mandó matar no a un hijo del propio Rubén sino de Humberto, hermanos estos que mantienen crecientes diferencias políticas.
 
Pero, en otro punto de las declaraciones que ayer fueron publicadas, no ha de ser por su circunstancia política específica, ni por el terrible dolor que vive luego del asesinato de su hijo, que deban descalificarse las palabras acusatorias de Humberto Moreira contra empresarios que se benefician alegremente del negocio del narcotráfico y son corresponsables de la violencia criminal que sufre el país.
 
Más allá de que en momentos trágicos lo esté diciendo el ex gobernador de Coahuila y ex presidente nacional del PRI, lo cierto es que en este México rojo hace falta revisar el papel de empresarios, banqueros y otros miembros destacados de los intocados circuitos del gran capital, que se han enriquecido notablemente a sabiendas de que la prosperidad de sus negocios está relacionada con dinero y haberes provenientes del crimen organizado. A diferencia de la explosiva y multitudinaria guerra que ha librado contra la vertiente popular del narcotráfico y delitos conexos, Felipe Calderón nada ha hecho para frenar de verdad el lavado de dinero ni para castigar operaciones que obligadamente se realizan en los ámbitos empresariales a partir de dinero sucio.
 
 
Astillas
 
El autor de las presentes líneas participó durante dos años en un programa de Televisa, El cristal con que se mira, en específico en el segmento semanal denominado La mesa de los periodistas, con Raymundo Riva Palacio y Marcela Gómez Salce, bajo la conducción de Víctor Trujillo, quien sostuvo una línea invariable de respeto absoluto a lo que allí se expresara. Sabedor de que sin traicionar las convicciones y principios se puede pasar por las pantallas de televisión (sirenas electrónicas que pueden invitar a hipotecar la conciencia con tal de seguir gozando de fama y presencia), este tecleador considera que la apertura de ForoTv a jóvenes que participaron en el movimiento 132, con Antonio Attolini como centro de una apasionada polémica, debe ser juzgada conforme a los hechos periodísticos y la sustancia de debate y análisis que allí se presente.
 
Y, mientras Calderón sigue bromeando respecto a AMLO, ahora al comer en Tabasco pejelagarto en empanada (antes, en otra gira, había jugado con la idea del complot), ¡feliz fin de semana!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero
¿Adónde va Morena?
Víctor M. Toledo
Vivimos tiempos cruciales, no sólo en el país sino en el planeta entero. El mundo sufre una crisis múltiple de carácter civilizatorio. Hoy se requiere reinventar cada esfera de la vida social y crear nuevos paradigmas en el análisis de la realidad. Esto es especialmente cierto en Latinoamérica, donde se vive una ebullición del pensamiento crítico y donde surgen y se extienden nuevos movimientos sociales, culturales, políticos. Crisis significa sufrimiento, confusión y desesperanza pero, al mismo tiempo, es una oportunidad única para realizar una transformación profunda, un salto cualitativo, un cambio de civilización. Como ha señalado Jorge Riechmann: “No olvidemos nunca que lo que no resulta posible en tiempos normales, se vuelve factible en tiempos extraordinarios”. Es dentro de este panorama en el que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), la iniciativa social más audaz de México, debería discutir la opción entre continuar siendo un movimiento social o convertirse en partido político.
 
 
Todo indica que la velocidad de la consulta, la prisa por registrar un nuevo partido en la fecha límite (enero de 2013), no permitirá realizar discusiones y reflexiones serenas y profundas sobre el futuro del Morena. Quizás no haya opción, dada la circunstancia electoral. Sin embargo, está decisión pasa por alto tres fenómenos nacionales y mundiales que es imposible soslayar: 1) La velocidad a la que se agudiza la crisis ecológica global a partir del calentamiento global; 2) La proliferación y multiplicación de movimientos de resistencia que se convierten en nuevas iniciativas y proyectos de carácter alternativo en diversos territorios y a diferentes escalas; y 3) El agotamiento de las instituciones dedicadas a la gobernanza, en específico los partidos políticos y la vía electoral, que han quedado desbordadas por la gravedad y magnitud de los problemas del mundo contemporáneo.
 
Como mostré en mi entrega anterior (La Jornada 12/10/2012), hoy ha surgido una fecha clave en el devenir humano: 2050. Si pensamos que hacia ese tiempo habrán de confluir el crecimiento de la población, que llegará a los 9 mil millones de seres, el agotamiento del petróleo, que es la fuente de energía que mueve al mundo moderno; y los efectos catastróficos, cada vez más potenciados, del cambio climático, resulta un acto de irresponsabilidad o de incongruencia no considerar este escenario como un criterio estratégico y urgente. Encuadrar el futuro solamente en función de los límites nacionales, soslayando que todo país es parte de un planeta en crisis, significa de entrada adoptar una visión obsoleta y anacrónica. Por ejemplo, la sola defensa del petróleo como bien nacional sin plantear una política urgente de reconversión hacia las energías renovables de carácter autogestivo, da fe de un proyecto anticuado. En México las reservas petroleras se terminan, a lo más, en dos décadas, y aunque esto se extendiera urge que los mexicanos aprendan a vivir a partir de la energía solar, como una simple contribución a la preservación de la especie y el planeta.
 
En cuanto al segundo fenómeno, el tejido social en resistencia se ensancha porque la crisis obliga a los ciudadanos de todos los sectores sociales a tender puentes, a organizarse, y esto a su vez genera redes de solidaridad y de colaboración en regiones y territorios. Y de la resistencia se está pasando a la creación de proyectos autogestivos, donde se afianza o consolida el poder social. El número y la dimensión de estas iniciativas son impresionantes. Cada día el autor conoce y reconoce nuevos procesos que, situados en el mapa de la insurgencia ciudadana, preludian un camino esperanzador y novedoso. Este proceso llegará a tal punto en el corto plazo, que la confluencia de experiencias alternativas dará lugar a enormes regiones o corredores geopolíticos donde se practicarán modos de vida antineoliberales, basados en la regeneración social y ambiental, justo las acciones que deberían ser el objetivo central del Morena. Se trata de un fenómeno inédito, como la cicatrización de un cuerpo derruido, es decir, de la conformación de redes o constelaciones donde los mecanismos de explotación y destrucción de lo social, lo cultural y lo ecológico están siendo sustituidos por nuevas formas de concebir, construir y practicar la vida social. Se pasará entonces de la democracia representativa (inútil e ineficaz) a la democracia participativa. Hasta donde logramos ver, Morena, que se cuidó, e incluso evitó tender puentes con este poderoso movimiento social, difícilmente establecerá alianzas ya metido de lleno en la dimensión electoral.
 
Finalmente, en cuanto a la crisis y el descrédito de la vía electoral, tres fraudes electorales obligan a cancelar la vía del voto como medio de transformación.
 
Las últimas elecciones confirman que legalidad no es sinónimo de legitimidad. Los datos dicen que los triunfadores fueron quienes se abstuvieron o anularon el voto (38 por ciento), y que ninguna de las fuerzas es representativa de la sociedad mexicana (el PRI, a pesar de los millones de votos comprados, apenas alcanza 24 por ciento del total). El dilema no es por supuesto entre la vía electoral y la violenta (el antiguo mito de la revolución). Hoy existe un tercer camino, que es justamente la construcción del poder social en territorios concretos. Como lo he señalado en repetidas ocasiones, hoy se debe jugar en dos pistas: se debe construir el poder social mientras se toma el poder político. Por desgracia, difícilmente podrá Morena realizar esta doble función mientras se sigan directrices verticales, no se elimine de golpe el caudillismo y se siga visualizando como objetivo un proyecto que si bien contempla ya planteamientos de avanzada, sigue arrastrando una enorme cauda ideológica que se nutre de posiciones anticuadas o ya superadas. (Piense el lector simplemente en el símbolo actual de Morena, un águila que rememora más realezas, imperios y dinastías, que un movimiento en la era de lo global, el pensamiento crítico o la insurgencia ciudadana.)
 
Los dos caminos que hemos trazado, que pudieran aparecer como contradictorios, no son excluyentes, sino complementarios. El gran peligro de tomar como única la vía electoral es la de caer en la descomposición generalizada en que hoy se ha convertido la práctica política aquí y en buena parte del mundo. La clase política y el poder económico corporativo se han vuelto cómplices. Son hoy parte del uno por ciento que explota, subyuga y domina al 99 por ciento restante. Ojalá que el Morena logre tener éxito en su caminar por la vereda que ha escogido.
 
 
 
 Sorianización y Walmartización-Rocha
Caídos en las nuevas luchas: Ismael y Manuelita
Víctor M. Quintana S.
Ismael era bueno para el tractor, bueno para el caballo. Así era en el campo, en las tractoradas y en las cabalgatas que El Barzón y otras agrupaciones campesinas organizaron desde Ciudad Juárez hasta el Distrito Federal. Era atorón, como se dice en el norte; bragado, no sólo para enfrentar funcionarios prepotentes y policías represores, sino para dirigir las maniobras de subida y bajada de los tractores a las trailas; para organizar la logística de los caballos. Como buen neovillista, su discurso era de acciones, no de palabras. Tres o cuatro veces hizo el camino de la División del Norte, recorriendo tres cuartas partes de la República para demandar el rescate del campo, o la renegociación del TLCAN, o manifestar que en el agro hay también indignados o para denunciar el hambre que sufren con la sequía los hermanos rarámuri.
 
 
Por eso nos duele mucho que Ismael Solorio haya sido asesinado el lunes pasado, junto con su esposa Manuela Martha Solís, en la carretera Cuauhtémoc-Colonia Obregón, trayecto que para todos, menos para el gobierno, está controlado por una organización criminal.
 
Las crónicas de muertes anunciadas son cada vez más lugares comunes literarios o periodísticos, pero también dolorosas y más frecuentes realidades tratándose de líderes sociales como Ismael Solorio Urrutia, uno de los fundadores de El Barzón, en Chihuahua, activista desde sus años estudiantiles en la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar.
 
Nos indigna el asesinato de Ismael y Manuelita porque ya lo veíamos venir y lo denunciamos. Porque hacía apenas una semana le planteamos al secretario de Gobierno de Chihuahua que El Barzón estaba siendo sometido a una terrible campaña de linchamiento mediático y político. Porque ahí, con su cara escoriada todavía de la golpiza que recibió dos días antes a manos de asalariados de la minera El Cascabel, Ismael dijo con claridad y resequedad campiranas: Si no se arregla el asunto de la mina en nuestro ejido, Benito Juárez, va a haber muertos. De uno de los dos lados, pero va a haberlos.
 
Nos indigna que el linchamiento político y mediático haya continuado la semana pasada: la CNC y tres diputados acarrearon a varias decenas de asalariados de la minera el miércoles 17 para denostar a los opositores de la mina ante el Congreso del estado. Increparon ahí y amenazaron a Martín Solís, Heraclio Rodríguez e Ismael Solorio. En las videograbaciones del acribillamiento verbal se puede apreciar a varios sicarios que actúan en el ejido Benito Juárez. Todavía el terrible lunes del asesinato en uno de los medios locales se publicaron más infundios contra los dirigentes barzonistas. Estos asesinatos, largamente anunciados y denunciados, sólo son posibles si sus autores se sienten confiados porque se fían de que el Estado se encuentra subyugado o en complicidad.
 
Nos indigna porque con sus compañeros y compañeras barzonistas, Ismael emprendió una lucha que habrá de marcar el siglo XXI en México y en Chihuahua: la defensa del agua, de la distribución justa y colectiva del vital líquido en un contexto de escasez y cambio climático. Eso ha sido el movimiento de los Defensores del Agua del Desierto Chihuahuense, que reivindica el fin de los aprovechamientos y perforaciones ilegales en la cuenca del agonizante río del Carmen. Una lucha en la que los acaparadores del agua y de los subsidios gubernamentales tachan de violentos a quienes demandan que se respete el estado de derecho hasta las últimas consecuencias.
 
Autores materiales como los del asesinato de Ismael y Manuelita han sobrado en las calles y carreteras de Chihuahua estos años violentos. Tan sólo en el pueblo de Ismael pueden contarse hasta 300 sicarios que se benefician con la venta de droga y alcohol propiciados por la derrama de la actividad exploratoria minera. Pero los autores intelectuales pueden contarse con los dedos de una mano: los grandes acaparadores de las escasas aguas del desierto chihuahuense y la empresa minera canadiense, Mag Silver, que han visto sus intereses amenazados por la lucha en defensa del agua, del medio ambiente y de los recursos naturales que emprendieron las y los barzonistas, dirigidos por gente como Ismael. Todo esto favorecido por los ataques del priísmo, aliado y beneficiario de la operación de las mineras, amenazado por el poder de convocatoria de organizaciones que desafían su monopolio sobre la organización de los sectores populares. Disputa por recursos naturales, extractivismo minero e hídrico, monopolio autoritario de espacios políticos y sociales por el príismo, serán de ahora en adelante los ejes de las luchas sociales en la época de la transición revertida.
 Cerrarán mina y pozos ilegales tras crimen de líder barzonista, titularon los periódicos el miércoles pasado, reproduciendo la declaración efectista del gobernador Duarte en la funeraria, ante los deudos de Ismael y Manuelita. Declaración que sería relativizada unas horas después: “Anuncia el gobierno el cierre temporal de la mina El Cascabel en Benito Juárez”. Voluntad política que se marchitó más rápido que las flores de las incontables coronas en el funeral de los barzonistas.
 
Larga e interminable es la fila de autos y tractores que se enrumba hacia el polvoroso cementerio del ejido Benito Juárez. La indignación y la solidaridad de los habitantes vence una vez más el miedo y el pueblo se vuelca a llorar y a reclamar justicia. Mientras descienden a la fosa los cuerpos de las dos primeras víctimas de la guerra por la defensa del agua y de los recursos naturales, uno se pregunta: ¿cuántos muertos más como Ismael y Manuelita es necesario sembrar para que el Estado haga efectivos los derechos de la gente? La respuesta, diría Dylan, está en el viento otoñal que sopla en estas resecas tierras.
 
 Magnífica fregadera-Fisgón
Por una gran cruzada
Con toda la buena fe
Jorge Carrillo Olea
Con toda la buena fe y el sencillo ánimo de aportar algo: ¡con la gendarmería no bastará, ni sumándole las ineficientes policías federales y locales, procuradurías y tribunales! Preocupa advertir tal simplificación cuando el problema es infinitamente más grande y complejo que sólo reprimir el delito aunque sea el más doloroso socialmente. Ya hemos rebasado muchas fronteras. Los criminales ya no son los de antifaz y pistola, ni la sociedad la apacible de antes. El trasiego de droga quedó sólo como una constante. La previsible desaparición algún día de El Chapo hará mucho ruido pero no generará cambios sustantivos. Estamos ya más allá de eso.
 
 
La integralidad de un esfuerzo nacional es la única solución, por más que el carácter unitarista del enfoque parezca teológico. La palabra integral hoy cobra niveles y alcances no sospechados ayer y es la única forma creíble, esperanzadora, de enfocar una solución razonable, que no total, y de lo que rebasa ya los límites de la armonía social y la justicia.
 
Un enfoque aproximado a lo deseable debe lanzar sus expectativas preventivas y correctivas hasta el próximo medio siglo. El problema no es de hoy, ni la solución es para hoy. La búsqueda de solución debe tener en el tiempo una proyección transformadora de la conducta colectiva que hoy está al borde de deformar a la sociedad para siempre creando una comunidad individualista, insolidaria, irrespetuosa del derecho y terriblemente codiciosa. Estamos al borde de crear un país no sospechado. Así, de ese tamaño es la gravedad.
 
Se han percibido intenciones aisladas, sin interrelación: la comisión nacional anticorrupción, la gendarmería. Su valor es indiscutible, pero aisladas éste se minimiza. Por otro lado, el proyecto podría llevar medio sexenio para desarrollarse, lo que también debe aceptarse con realismo: ningún milagro funcionará, el daño es mayor y consecuentemente la solución demanda tiempo. Los planteamientos hechos son buenos; sería mejor si se presentaran en un bloque integral, sistémico, perdurable y confiable, de otro modo serán esfuerzos inacabados, cosméticos, lo que tanto se teme.
 
Esa gran cruzada que se advierte como indispensable debe integrar la recomposición del sistema de justicia para reducir la impunidad, uno de los motores de todo delito. Reducir la corrupción que nos sofoca en cada estrato, hasta en cada rincón de supuesta intimidad. Redefinir funciones y espacios de las fuerzas de la ley y darles la conformación necesaria y operarlas con objetivos, inteligencia, planes conjuntos y controles y reinventar la prevención, que hasta ahora ha sido una palabra de discurso e insustancial en los hechos. Proyectada hacia el tiempo debe tomar forma en la reconformación del juicio ético y la conducta social. Debe ser una propuesta para contribuir con la superación de las causas de la grave problemática familiar, social y política que nos afectan y alcanzar el efecto de recomponer la cohesión social nacional. Implica educación, información y transformación de ciertos dogmas como el prohibicionismo sobre las drogas.
 
Los graves problemas familiares, sociales y políticos que sufrimos evidencian que creamos –hay que aceptarlo– una cultura nacional injusta, débil, errada, que han propiciado la creación de personalidades y grupos humanos de vergüenza, llenos de imperfecciones antisociales. Esta herencia es aún ignorada por unos y negada por otros, aunque nunca será grato pero siempre obligado el saber reconocer sus propios defectos y equívocos.
 
La fórmula de integralidad supone que se incorpore la efectividad en el respeto a la ley, la reducción de la corrupción, pública y privada y de manera muy singular por novedosa: una cruzada a favor de la cohesión social nacional hoy tan lesionada. Esto implica empezar con la educación, la formal y la informal, como la familiar y la que nos encajan los medios electrónicos. Toda una campaña cívica.
 
Implica informar cabalmente sobre la naturaleza antisocial y por ende reprobable de ciertas conductas que van desde la comisión de delitos e infracciones, hasta los simples hábitos de convivencia. Implica abrir enormes canales de comunicación e información entre los liderazgos y sus soportes. Implica por supuesto el perseguir el delito pero de otra manera, implica la reinserción social de adictos y delincuentes. Implica, por tanto, una gran cruzada de la que no hay muestras de que esté en gestación.

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