Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

martes, 23 de octubre de 2012

Pussy Riot: la venganza del zar- Consumo de nombres, sobreoferta de cadáveres- La anomia

Pussy Riot: la venganza del zar


Dos integrantes de la banda feminista de punk-rock Pussy Riot, Nadezhda Tolokonnikova, de 22 años, y Maria Aliojina, de 24, fueron enviadas ayer a prisiones alejadas de Moscú a cumplir con la pena de cárcel de dos años que les fue impuesta en agosto pasado por criticar al presidente Vladimir Putin y al patriarca de la iglesia ortodoxa, Cirilo I, en un performance artístico realizado sin autorización oficial, seis meses antes, en la catedral de Cristo Salvador, en la capital rusa. Una tercera participante en ese concierto-protesta, Yekaterina Samutsevich, fue puesta en libertad condicional el pasado 10 de octubre, luego que su abogada amenazó con recurrir al Tribunal de Estrasburgo.
 
El espectáculo profano ejecutado de manera sorpresiva por las Pussy Riot en el templo referido –en el cual cantaron frases de rechazo a las formas antidemocráticas con las cuales Putin se ha mantenido en el poder, y a Cirilo I por apoyarlo– causó escándalo en la sociedad moscovita. Pero su arresto por las autoridades rusas un mes después, y el juicio de vandalismo al que fueron sometidas, escandalizaron a la opinión pública mundial por la severidad de la imputación –presentada en un expediente de 2 mil 800 páginas–, por las presiones a las que el poder político sometió al tribunal municipal de Moscú que se encargó del caso, por la manifiesta complicidad del clero ortodoxo, el cual exigió a las artistas que se arrepintieran y pidieran perdón, y por el falgrante atropello a la libertad de expresión.

El encarnizamiento de la persecución judicial ha generado muestras de solidaridad en ámbitos artísticos internacionales, en las redes sociales y en movimientos opositores de diversos continentes, y ha llevado a Amnistía Internacional y a otras organizaciones humanitarias a declararlas presas de conciencia.
 
Sin embargo, el gobierno ruso ha porfiado en la saña contra las cantantes y ayer se informó que Tolokonnikova, residente en Moscú y madre de una niña de cuatro años, fue enviada a una prisión ubicada en la república federada de Mordvinia, a 500 kilómetros de distancia, en tanto que Aliojina, que tiene un hijo de cinco años, deberá cumplir su sentencia en Perm, a más de mil kilómetros de la capital.
 
Esas formas de destierro carcelario recuerdan, obligadamente, las prácticas de la Rusia zarista, en la que los opositores políticos detenidos solían ser enviados a cárceles en remotos puntos de Siberia, práctica que fue retomada y agravada décadas más tarde por el régimen stalinista, el cual construyó alejados centros de trabajos forzados denominados gulag. Resulta inevitable percibir en tal medida una intención de aplicar a las dos prisioneras un castigo ejemplar que intimide y atemorice a los críticos del régimen, así como un afán personal de venganza del presidente ruso ridiculizado por las Pussy Riot.
 
Cabe recordar, por último, que la práctica de enviar a disidentes y opositores presos a lugares alejados de sus sitios de origen o residencia no es exclusiva de Rusia. La han empleado gobiernos que se presumen democráticos y respetuosos de los derechos humanos, como el español, que la ha aplicado en forma sistemática contra los acusados de pertenecer a ETA, y lo ha usado el actual gobierno de México contra el activista tzotzil Alberto Patishtán, quien hace 12 años, en su natal Chiapas, fue injustamente condenado a 60 de prisión por la muerte de siete policías. Entre los innumerables atropellos y arbitrariedades sufridos por Patishtán figura su traslado a un penal federal de Guasave, Sinaloa.
 ufragios sindicales-Rocha
Consumo de nombres, sobreoferta de cadáveres

Abraham Nuncio
Los nombres que cimbran y conmocionan a la sociedad son consumidos y poco después sustituidos con la misma facilidad por otros que los suplen. El consumismo, lo saben las mentes perversas que mandan sobre nosotros, es la fuente del olvido.
 
Los nombres de los cadáveres son muchos. Algunos llaman más la atención que otros. Entre estos últimos se encuentran los de Hernán Belden Elizondo, ex diputado al Congreso de Nuevo León por Acción Nacional; Eduardo Moreira Rodríguez, hijo de Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y coordinador inicial de la campaña de Enrique Peña Nieto, y Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, otro ex, en este caso de la jefatura del grupo delictuoso Los Zetas.

Así como Kafka respecto del absurdo, los narradores que han destacado en torno al humor macabro serían en el México de nuestros días escritores costumbristas. Nicolai Gogol, el fundador de la narrativa moderna, tendría que pensar en algo mucho más impactante que inventarse en Las almas muertas un personaje que se dedicara al negocio de comprar almas de siervos (cadáveres de trabajadores feudales) para poder aspirar a rico. Evelyn Waugh jugó magistralmente con la industria funeraria en Los seres queridos, pero también tendría que pensar en una trama de mayor punch para tener éxito con los lectores mexicanos. Lo mismo puede decirse de José Saramago, que escribió Las intermitencias de la muerte, novela donde el impromptu de no morirse causa terribles problemas sociales.

Los cultivadores del género tendrían suficiente con transcribir nuestras realidades cotidianas para tener un éxito garantizado de librería. México es un país donde un hombre es aprehendido por haber asesinado al candidato priísta Luis Donaldo Colosio, pero al que procesan por el crimen es otro. Más tarde es liquidado un político ligado a la familia presidencial. El diputado a quien se atribuye su homicidio desaparece; luego, asesorado por una señora vidente de profesión y aún presa, el propio fiscal federal ordena sembrar unos restos humanos como para incriminar al hermano del presidente reo de otros delitos. Más tarde se dijo que pertenecían al diputado desaparecido; al cabo no fue cierto. Es probable entonces que se tratara del esqueleto de la señora Morales. Caso similar de desaparición y reaparición fue el de una niña de cuatro años de edad que tenía discapacidad motriz y vocal. Dormía en su hogar y de repente desapareció. Sus padres la hicieron buscar por Internet y tierra. La policía, sus perros y el mismo procurador del estado de México se presentaron en la habitación de la niña y dieron muestras mediáticas de una indagación vehemente. La niña apareció muerta debajo de su cama nueve días después. La hipótesis más creíble, aquella de que salió por su ventana siguiendo a Peter Pan rumbo a la tierra de Nunca Jamás, y de la falla técnica que se presentó a su regreso, no fue difundida por temor a represalias.
 
En los muertos recientes a que me refiero no ha faltado, así haya sido involuntario, el humor macabro. Hernán Belden, vinculado a una de las familias nucleares del grupo Monterrey, desapareció en circunstancias sospechosas de mala conducta para lo que es la moral de San Pedro (Garza García). Su controvertido alcalde dio a conocer antes que nadie del secuestro de Belden. Cuatro días después fue hallado muerto. Cuando es llamado a declarar, el alcalde ante las autoridades acusa de hocicón al procurador y de imprudente al gobernador de Nuevo León. Su indignación contra el gobierno priísta es reproducida por la militancia blanquiazul. Pero ésta cesa cuando se difunde que el último hombre con quien Belden tuvo contacto telefónico es el abogado y empresario Edelmiro Sánchez Hernández, operador financiero del PAN en diferentes niveles, los más altos incluso, y acusado de tráfico de drogas hace ocho años, aunque exonerado por la PGR tras asumir su compinche la culpa total del cargamento de mariguana que les fue confiscado. En la red de Sánchez, Reporte Índigo incluye al panismo local y nacional, al grupo San Nicolás de esta corriente encabezado por Fernando Larrazabal y a José Rojas Cardona, El Zar de los Casinos. En todos los tonos se ha dicho lo que Soledad Loaeza afirmó en el tercer Foro sobre la Democracia en Latinoamérica: lo caro de las elecciones enajena la autonomía del Estado. Amigo de panistas, Sánchez también lo era del gobernador priísta, según se dice. Su desaparición del escenario, a pesar de ser testigo de cargo (la procuraduría local nada sabe del personaje), parece confirmar esta última incomodidad. Quizá por ello el propio gobernador llamó a dejarse de acusaciones: Nuevo León no pierde el tiempo, no se distrae y está trabajando, dijo. Lo cual significa, para todo efecto práctico, que Nuevo León no mató a Hernán Belden Elizondo.
 
Es asesinado poco después el hijo de Humberto Moreira. ¨¡No sabes gobernar! ¡Esto es tu culpa, maldito! ¡Renuncia!”, impreca la viuda a Rubén, el hermano de Humberto y su sucesor en el gobierno de Coahuila. La actitud de la viuda de Colosio actualizada, lo cual significa que jamás se aclarará ese crimen.
El Lazca. ¿Un jefe de jefes sin escolta abatido por la Marina? El hecho es que lo matan; muerto se espera a que lo encojan de estatura, le alteren los rasgos faciales como parte de la necropsia y lo fotografíen a modo de difundir su rostro para usos de prensa. Acto seguido desaparece.
En México, el humor del cartonista Dzib (La autopsia dirá si vive) pierde todo sentido.
 Léxico neoliberal-Hernández
La anomia

José Blanco
La modernidad nació de un desencanto profundo y extendido con las tradiciones del medioevo. Pero la modernidad no excluyó de la sociedad el conflicto: lo multiplicó. Puede decirse que sociedad es conflicto, por el gran número de fuentes que lo generan sin tregua, ciegamente.
 
Las sociedades occidentales han acumulado tal cantidad de conflictos que ya no producen consensos de cómo convivir con ellos; hace tiempo que el desencanto, ahora con la modernidad, crece sin cesar, e incluye los conflictos de enormes segmentos sociales de Occidente que quedaron atrapados en un espacio que no es ni de lejos la tradición, y tampoco parece ser un lugar con puerta de acceso a la modernidad.

Por supuesto que en las sociedades modernas las luchas entre las clases, las que son propietarias de medios de producción y los asalariados es, especialmente en el marco de un crisis epocal, como en la que vivimos, la principalísima fuente de conflictos. Pero en una arborescencia que está a la vista esas luchas generan incontables conflictos diversos que se autorreproducen sin descanso.

Frente a esas realidades, con su nacimiento y desarrollo, las sociedades occidentales debieron generar miles de normas: de carácter social, nacidas de costumbres y tradiciones, y su incumplimiento puede producir el repudio de al menos una parte de la sociedad; normas religiosas, dictadas por una autoridad de ese carácter que resultan obligatorias para los creyentes y sus particulares formas de sanción; normas morales, algunas de las cuales alcanzan aceptación general, y normas morales diferenciadas para grupos sociales particulares; normas jurídicas, obligatorias, formuladas por el Poder Legislativo, que conllevan la descripción de la sanción por su incumplimiento.

Las sociedades modernas produjeron este mundo de normas para mantener la vida regulada y mantener cohesionada así a la sociedad misma.

Pero este castillo normativo puede venirse abajo en cualquier momento: la espada de Damocles pende sobre toda clase de poderosos, sean los surgidos de los procesos políticos o los autocreados poderes fácticos. Ello ocurre en la mayoría de las sociedades del mundo de hoy; en México es más que evidente. Pende sobre los poderosos porque la anomia se está apropiando de la cotidianidad.

Emile Durkheim escribió que no era posible pensar en la acción social de una forma absolutamente libre, porque sin normas no pueden existir convenios para la armonía en una sociedad y guías que colaboren con una conducta que sea favorable para todos. Robert K. Merton vio la otra cara de la moneda: expresó que la anomia es sinónimo de falta de reglas y control en una sociedad y su resultado es una gran insatisfacción por la ausencia de límites respecto a lo que pueden desear y obtener sus miembros civilizadamente.

La anomia mexicana en ascenso se expresa de mil formas. Las conductas que expresan los poderes aludidos, especialmente en los últimos 30 o 40 años, han rodado sobre eficientes vías de corrupción profunda y de inmoralidad inacabable. Lo que vimos en Playa del Carmen con Elba Esther Gordillo ha alcanzado una cota de corrupción e inmoralidad, de anomia total, que difícilmente alguien puede igualar; el acto de relección de Romero Deschamps –teniendo en cuenta su historia sindical–, el cínico rejuego del circo político mexicano no puede ser sino una eficaz pedagogía de y para la sociedad que, de modo absolutamente esperable, se inscribe igualmente en una anomia que se extiende como un derrame petrolero más de la paraestatal que todo lo contamina en las aguas de nuestros mares, ríos y manglares.
 
Políticos que roban; mercaderes que roban; banqueros que roban; líderes sindicales que roban y se vuelven multimillonarios; gasolineros que inventaron los litros de 800 mililitros; civiles que ordeñan los ductos de Pemex; directivos de Pemex que hacen negocios turbios; excedentes petroleros de los que nada se sabe; curas pederastas aquí, allá y acullá; traficantes de niñas y niños adolescentes integrados a la prostitución o a los mercados al menudeo de estupefacientes; impunidad sin límite en el Poder Judicial; civiles por millares que consumen energía eléctrica con diablitos; criminales encarcelados que continúan controlando el crimen desde sus celdas; secuestros y asesinatos de miles de inmigrantes centroamericanos; más de 3 mil universidades privadas, la inmensa mayoría de las cuales timan a los alumnos; partidos políticos que trabajan para su santo; guarderías infantiles que son graves amenazas para los niños; mineros que son tragados por la tierra para siempre y a los dueños no les pasa nada; gobernadores que se apropian de las arcas gubernamentales; trampas sin fin en los procesos electorales; soldados y policías entrenados para volverse parte del crimen organizado; empresas que tienen los instrumentos para eludir el pago de impuestos; desvergüenza y corrupción a manos llenas en los medios que manipulan a la sociedad; políticas económicas expresamente diseñadas para enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres; comunidades indígenas brutalmente discriminadas y escarnecidas. No alcanzan las páginas de La Jornada para enumerar los oprobios materia prima de la anomia a cuyo crecimiento no se le ve freno y que no puede conducir sino a revueltas sociales y a represión.
 
Poderes/topo (ciegos); poderes/murciélago (ciegos); poderes/pez lucífugo (pequeñísimos y ciegos); poderes/tuco-tuco (roedor minador ciego). Estos poderes se desplazan jactanciosos y sin conciencia de sí en el océano en formación de una anomia en la que, un día, perecerán ahogados. Por lo pronto mueren de risa sin saber nada de nada acerca de su propia impudicia.
Hay de derechos a derechos-Fisgón

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