Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 20 de junio de 2012

Desasosiegos y expectativas electorales 2012- Elmiedo y sus progentores- Julian Assange, refugiado político

Desasosiegos y expectativas electorales 2012
Bernardo Barranco
       A poco más de una semana de la jornada electoral, los ciudadanos van teniendo los elementos suficientes para razonar y emitir su voto. Millones de espots, debates y estrategias de campaña han permitido a los candidatos mostrar públicamente sus propuestas y capacidades personales, esto es, trayectorias, capacidad de liderazgo y hasta la complexión emocional. Para muchos, los candidatos se quedan cortos ante el tamaño de los retos que el país enfrenta. En todo caso las distancias se van cerrando entre las preferencias de los electores; si bien todo indica una elección de tres, parece eclipsarse el recurso del voto útil. Efectivamente, pareciera desvanecerse la sombra del voto útil, recurso valioso en aquel 2000, cuando Jorge Castañeda encabezó entonces la faena, llamando a indecisos y al voto de la izquierda ofertando la alternancia. Actualmente Vicente Fox, Manuel Espino y un sector del Yunque, con anticipación cronometrada, se ofrecen de operadores para atraer la intención del voto útil entre los panistas que ven alejarse las posibilidades presidenciales de Josefina Vázquez Mota. La historia está por escribirse y los escenarios aún son diversos.
El IFE, como todo mundo dice, se juega más que su propia credibilidad en este proceso; la cuestión es más profunda que la incertidumbre del fantasma de 2006. A pesar de las muchas imperfecciones y vicios de la institución, el IFE no puede cargar con todo el peso de la jaloneada transición democrática. Por más reformas que hagamos al árbitro electoral, serán insuficientes si no acompasamos con cambios en otros rubros, como el sistema de partidos, la estructura legislativa y, por supuesto, la ley de medios, por mencionar algunos. Es decir, si no hay una efectiva reforma del Estado, el riesgo es seguir saturando el sistema electoral bajo el peligro de colapsarlo. Por otra parte, estas elecciones, que van en paralelo en 15 entidades del país, en las que siete definirán su próximo gobernador y ocho estados renovarán congresos locales, así como presidencias municipales son, como se dice, el operativo electoral más grande en la historia de este país. En cada una de estas entidades existe un instituto local que organiza el proceso y en la gran mayoría de los casos habrá casillas espejo con las del IFE. Muchos nos preguntamos sobre la duplicidad de funciones, tareas y, sobre todo, presupuestos. Ahí queda un tema a discutir; sin embargo, la contienda presidencial ha eclipsado las otras. Al grado extremo de que, según sondeos, hasta hace una semana 80 por ciento de los electores desconocían el nombre y la trayectoria de los senadores, diputados locales y federales por los que tendrán que votar. Muchos ni siquiera saben de los presidentes municipales que habrán de elegir.
La irrupción de los movimientos juveniles es, sin duda, trascendente, pues ha venido a enriquecer el conjunto del proceso. Los jóvenes, hasta hace poco autoexiliados de la política, han conquistado un espacio inusitado llegando a marcar puntos de agenda en el proceso electoral. Se advierte una crítica frontal a la manipulación mediática de lo político que se ha expandido en un vasto movimiento social espontáneo que reprocha la supuesta arrogancia de un candidato lanzado y arropado por las televisoras. Jóvenes desilusionados con la pobre democracia mexicana y con la hipocresía de la clase política tienden ampliar su inventario de reclamos. El poderoso impulso inicial es la democratización de los medios, utilizando las redes sociales como herramientas alternativas y novedosas de discusión, colocando el debate electoral en nuevo terreno. Sea cual fuere el resultado, las elecciones en 2012 están dejando lecciones importantes y, sobre todo, ha levantado el nivel político de la contienda. Quien gane la contienda tendrá como desafío atender y encarar una juventud desafiante. Sea quien sea, habrá nuevos puntos en la agenda política del país y una sociedad civil renovada con la energía de la juventud.
En algunas entidades de la República están apareciendo prácticas regresivas. En el estado de México, por ejemplo, se ha venido recrudeciendo la violencia electoral, especialmente en la arena municipal, que rebasan el llamado a misa de las autoridades del IEEM. Otro fenómeno preocupante es la compra y la coacción del voto. Recordemos que la coacción es un acto de imposición que se induce bajo presión y amenaza al elector hacia el voto por un partido o candidato que vulnera la libertad de un individuo. La compra del voto es un intercambio de bienes, dineros o favores como despensas, vales, tarjetas o materiales de construcción para que una persona o un grupo voten por determinada franquicia política o candidato. Ambos conceptos si bien son diferentes, van de la mano. Alianza Cívica, una reconocida red social que desde hace 18 años ha venido monitoreando los procesos electorales, dio a conocer hace tiempo estudios sobre la compra y coacción en México en más de 10 estados de la República. Mientras en la elección federal de 2003, 3 por ciento de los electores fueron tocados por la compra y coacción de voto; en 2006, 7 por ciento, y en 2009 crece de manera alarmante a 27.7 por ciento. Ningún partido se salva; lamentablemente, es una práctica que utilizan todos los partidos y en diferentes órdenes de gobierno. Si bien la Constitución y el Cofipe establecen que el voto es libre y secreto, y están prohibidas estas formas de coerción, asistimos a un proceso regresivo y a la reutilización de prácticas que creíamos superadas que sin duda laceran la equidad y sano desarrollo de la competencia partidista. En suma, se ha venido incrementando este nefasto recurso político-electoral que manipula las necesidades de las personas con menores recursos económicos.
Finalmente, sorpresas que da la vida. Desde la perspectiva del análisis, el posicionamiento de los diferentes actores políticos, intelectuales, académicos, gremiales y mediáticos se puede observar con mayor nitidez y contundencia las definiciones políticas personales e institucionales. Muchos comentaristas reconocidos se han quitado la máscara de demócratas, que durante tiempo mantuvieron como impostura, desnudando sus intereses, que están por encima de sus posturas.
En memoria de Víctor Ramos, un amigo un hermano.
Frases para la historia-Rocha
El miedo y sus progenitores
Luis Linares Zapata
       Las luchas por el poder federal, a partir del domingo pasado, entraron en una fase ríspida. Las cúspides que regentean para su propio beneficio los resortes decisorios no las tienen todas consigo y transmiten, de manera inmediata, la intranquilidad que padecen. Su candidato (EPN) ha flaqueado durante toda la ruta hacia el 1º de julio. La ventaja que le otorgaban las empresas que administran la opinión encuestada se esfuma hasta casi desaparecer con el paso de los días. Los diversos avatares que se vienen sucediendo, uno tras otro, penetran, con frecuencia inusitada, la coraza difusiva dispuesta para protegerlo. El antipriísmo resucita y se condensa en amplias capas de ciudadanos. La segunda opción para empujar la continuidad (JVM) recurre, auspiciada por sus asesores, tanto al denuesto de los oponentes como al franco aliento de rencorosos temores. En su desesperada búsqueda de un mejor sitial cae en sexistas chistoretes sin mucho sentido.
Distintas fracciones de la ciudadanía han sido particularmente efectivas en la demolición de la cincelada imagen de inevitable vencedor de EPN. En particular una de ellas, la formada por las élites estudiantiles de numerosas escuelas de educación superior (#YoSoy132), lo han dejado al descubierto. Y, en ese terreno, hostil para sus patrocinadores acostumbrados a moverse en las sombras, y para el controlado ejercicio de sus limitadas habilidades, el golpeteo ha sido inmisericorde. Ahora, y después de que algunas encuestas han logrado el cometido de revelar la real competencia entre Peña y López Obrador, se recurre, de manera desesperada, a la guerra sucia como feo recurso propagandístico.
Cuando esto se escribe no se conocen los detalles del debate a que citaron los estudiantes del #YoSoy132. La ausencia de Peña de tan crucial evento acrecentará la discordancia entre sus promesas (de atender y representar a la juventud) y la valentía para encarar situaciones poco manejables por sus múltiples asesores y ayudantes. Peña tiene, eso sí, toda una claque de auxiliares oficiosos, casi ninguno de ellos gratuito. Medios escritos, casi completos, han hecho de su defensa y promoción una cruzada que poco o nada tiene de desinteresada. El periódico Milenio, por ejemplo, es un claro reducto de ese tipo de apoyadores. La mayoría de los que ahí escriben lleva a cabo su tarea de manera sesgada, de ladito: no defienden a Peña con todo el arsenal al alcance de un analista. Insisten, en cambio, en purgar a su rival (AMLO). Sólo en contadas ocasiones realizan su tarea de zapa, teniendo a JVM como punto de comparación, opositora o rival. Menos todavía se emplean a fondo para descubrir las muchas debilidades, ausencias o fallas que Peña muestra en su acicalada personalidad. El ogro antidemocrático para los columnistas oficiales de Milenio (las dos primeras páginas de su edición dominical pasada son ejemplo señero) a exorcizar se llama Andrés Manuel López Obrador. En él fijan toda la furia de sus pasiones y rencores rayanos en incontenibles fobias. Para ellos existe una categoría moderna de izquierda que no puede serle predicada a López Obrador. Tampoco se le concede tan elusiva etiqueta a sus partidarios y, menos aún, a su oferta política. La presencia de AMLO en la contienda, según sus pareceres, es tierra baldía. Las reglas de la democracia, no aclaradas pero sí blandidas a discreción, no se acomodan con su modo de operar, según afirman como supuesto base de sus argumentaciones simplonas. Se han convertido en repetidores de arengas ajenas: los 300 mmdp del plan de austeridad enarbolado por AMLO son causa de un pitorreo que sólo revela la carencia absoluta de capacidad analítica, cita precisa y estudio de las cifras reales del presupuesto y gasto públicos. El artículo de Berrueto (Milenio dominical) es otro ejemplo de la defensa emprendida por los propagandistas de Peña bajo contrato. Para lograr su cometido parte de condenar al movimiento estudiantil ya mencionado. Han perdido, dice, futuro y destino sólo porque se rebelan contra el contubernio (PRI-medios-sistema) al interior de la élite del poder. Determina, el encuestador de cabecera priísta, que las manifestaciones de rechazo a Peña son provocaciones encauzadas, polarizantes, peligrosas y pueden desembocar en violencia. Un nada sutil modo de inyectar miedos, tan en boga en estos días de preocupaciones por la suerte de su protegido.
A pesar de los citados pasajes de cierta clase periodística, que abundan sobre todo en estos tiempos de venganzas y patrocinios, las simpatías populares, en efecto, están inclinándose hacia la coalición de izquierda. Y no sólo porque algunas encuestas así lo afirmen, sino por lo que sucede en plazas, pueblos ejidos, montañas o colonias citadinas. Las percepciones de un triunfo final de AMLO flotan en el ambiente. Es por eso que han aparecido los promotores de miedos colectivos. Al carecer de argumentos fiables recurren a hechos gastados para achacar a López Obrador la categoría de violento y sembrador de odios. Es el causante único, o casi, de los rencores actuales. Fue él, para sus oponentes, y sólo él, quien ofendió a todos los mexicanos y a la democracia en el pasado (2006). La guerra sucia en su contra no existió; era, simplemente, una modalidad defensiva de los panistas, de empresarios contratantes de mensajes y rumores, alarmados porque les cobrarían los masivos impuestos que escamotean. La ilegal propaganda (auspiciada y pagada por Fox) y el enorme cúmulo de irregularidades adicionales, bien documentadas por el mismo TEPJF, (incluido el fraude que algunos afirman no puede existir) son, para tan formidables analistas de la realidad, minucias olvidadas, nunca documentadas, menos probadas. A toda esta embestida habría que catalogarla ahora de inútil. Las retorcidas comparaciones con un Chávez estigmatizado por la intensa propaganda estadunidense (CNN) ya no funcionan, o sólo atemorizan a los clasistas de la urbana medianía acomodada. Para una inmensa y creciente capa de la ciudadanía, ésa que padece los rigores del modelo en boga y que son mayoría, Obrador es quien garantiza ese cambio real, verdadero, que se necesita con urgencia.
Bara, bara-Hernández
Julian Assange, refugiado político
      La sorpresiva aparición del fundador de Wikileaks, Julian Assange, en la embajada de Ecuador en Londres, su solicitud formal de asilo político al gobierno del país andino y el ofrecimiento de Quito de evaluar tal petición con base en el respeto a las normas y principios del derecho internacional, así como la tradicional política de Ecuador de precautelar los derechos humanos, disipan el temor de que el periodista australiano fuese entregado en los próximos días a Suecia –donde enfrenta cargos por presunto acoso sexual y violación–, lo cual parecía un hecho consumado tras la negativa del Tribunal Supremo de Gran Bretaña a la solicitud de reabrir el caso correspondiente, la semana pasada.
Con independencia de la respuesta que otorgue el gobierno de Rafael Correa a Assange, la existencia de un refugiado político en la Europa contemporánea, el encarnizamiento judicial emprendido en su contra por las autoridades de dos países del viejo continente –Inglaterra y Suecia– y el silencio guardado ante esta situación por el conjunto de las potencias occidentales dan cuenta de la hipocresía y la miseria moral y política de gobiernos que se reivindican, con frecuencia, como paladines de la libertad, la transparencia, la legalidad y el respeto a los derechos humanos, pero que actúan como partidarios del autoritarismo, defensores de la opacidad y responsables del uso faccioso de la ley y de atropellos a las garantías individuales.
Cabe recordar que no existe, en rigor, una acusación penal contra Assange, sino una mera demanda de presentación en el marco de una investigación que no puede ocultar su motivo verdadero: llevarlo a territorio sueco para posteriormente entregarlo al gobierno de Estados Unidos, cuyos portavoces no han ocultado el propósito de Washington de fincarle cargos por terrorismo. Es deplorable, pero indicativo del desorden mundial contemporáneo, que funcionarios judiciales de la misma Suecia hayan sido inducidos a inventar delitos sexuales en el contexto de lo que se ha evidenciado como una operación de venganza y de control de daños de Washington, y como un claro intento por reprimir el ejercicio de transparencia y libertad de expresión y de información que ha llevado a cabo el comunicador australiano y su organización.
Dicha persecución se inició con el telón de fondo del escándalo mundial por las pruebas de crímenes de guerra cometidos por las fuerzas invasoras en Irak y Afganistán; por la difusión de los papeles del Departamento de Estado en el que se revelan toda suerte de prácticas inconfesables –conspiraciones, incitaciones a la corrupción, actos de espionaje, allanamiento de soberanías, hostilidad diplomática contra gobiernos críticos, encubrimiento de regímenes impresentables–, y en general por la manifiesta irritación que la labor de Wikileaks ha generado en Washington y en las máximas potencias mundiales. Es significativo al respecto que, mientras Assange solicitaba ayer asilo a la embajada ecuatoriana para evitar su extradición a territorio sueco, algunos representantes de esos poderes asistían, en la cumbre del G-20 que se desarrolla en Los Cabos, Baja California, a la confirmación de su incapacidad para generar perspectivas de solución a la devastación económica y social que enfrentan sus poblaciones en todo el mundo, particularmente en los países europeos.
Por lo demás, es previsible que la solicitud de asilo de Assange configurará un escenario de rispidez diplomática, en el mejor de los casos, entre los gobiernos de Londres y Estocolmo, por un lado, y Quito, por el otro. En lo inmediato, cabe esperar que este último logre sobreponerse a las presiones exteriores de que sin duda será objeto, que haga honor a su historial de dignidad, de soberanía, de respeto a los derechos humanos y de voluntad de corrección del orden mundial actual, y que otorgue una respuesta favorable a la solicitud del fundador de Wikileaks.
Para ello, Ecuador necesitará de la solidaridad de gobiernos honestos y de sociedades que, como la nuestra, se han visto favorecidas por la labor de Assange y su equipo; que han obtenido, por conducto de sus filtraciones, un elemento invaluable de control social y de escrutinio público frente a autoridades y poderes fácticos, y que se han visto fortalecidas en materia de transparencia, libertad de expresión y derecho a la información, elementos imprescindibles del desarrollo democrático y civilizatorio.

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