Reportera desaparecida en Coahuila, guerrera de su profesión
Desaparecen reportera Stephania Cardoso y su hijo de
dos años en Coahuila.
Foto: Zócalo
Foto: Zócalo
MÉXICO, D.F. (apro).- En el perfil de su Twitter, Hipatya Stephania Rodríguez
Cardoso, la reportera desaparecida el viernes 8 con su hijo, Sebastián, de dos
años, escribió: “Amo sentir la adrenalina, escribir la realidad y aprender
algo nuevo cada día.. REPORTERA POLICIACA… @CALIBRE_57 Y ZOCALO
SALTILLO…”
Escribía frecuentemente bajo el nombre de @StefanaCardoso. Por los mensajes
que escribió es notoria su pasión por la adrenalina y sus ganas de vivir la vida
al máximo.
Todavía esa noche mandó unos tuits desde la fiesta en la que se encontraba,
para apurar a un amigo a que llegara a festejar el día de la Libertad de
Expresión.
Según el reporte lanzado por las organizaciones de protección a periodistas,
la noche del 8 al 9 de junio la periodista regresó a su domicilio -pues avisó
por Twitter a sus colegas que había llegado bien-, pero al día siguiente no se
presentó a trabajar. No respondió a los mensajes de sus familiares, jefes o
colegas, lo que era inusual en ella.
Por la mañana, sus familiares encontraron su casa vacía, desordenada y una
cámara fotográfica rota en el suelo. Su vehículo tampoco se encontraba.
Desde entonces se desconoce el paradero de madre e hijo.
Algunos de los mensajes que @StefanaCardoso tuiteó expresaban su pasión por
la profesión: “si los policiacos somos los héroes… “, “vivos y fieles a
nuestros ideales, informando a pesar d los multiples obstáculos” o “a final d
cuenta los policiacos somos los q mas trabajamos y con saberlo estamos
satisfechos…”
Se notaba también preocupada por el gremio. A veces retuiteaba notas como las
de Proceso sobre el fuerte impacto psicológico de los
reporteros mexicanos que cubren asuntos de violencia o que daban cuenta de
asesinatos a colegas en otros estados del país.
En una de ellas, tras los asesinatos de cuatro periodistas en Veracruz –entre
ellos Regina Martínez, la corresponsal de Proceso– escribió:
“Ni las balas nos detienen”.
Muchos de sus tuits corresponden a coberturas en tiempo real de balaceras,
operativos del Ejército, actos de gobierno o accidentes automovilísticos. Por lo
que puede verse en los más de 600 mensajes que envió, una de sus rutinas era
mandar mensajes matutinos para saludar a sus colegas.
Muchas veces bromeaba; otras –como buena reportera de policiaca– se quejaba
de que el día estaba tranquilo.
Una de sus obsesiones más frecuentes era criticar a los periodistas que
lanzaban información sin confirmar o el desprecio de otros comunicadores a la
labor de los que cubren seguridad pública
Se notaba orgullosa de su profesión. Le enojaba el poco reconocimiento que
recibían los reporteros que, como ella, todos los días se arriesgan para cubrir,
desde la calle misma, en el lugar de los hechos, la violencia.
Como cuando escribió: “Odio la gente q se roba la info de los reporteros
q nos enfrentamos al peligro y tienen miles de seguidores… al menos uno tiene la
satisfacción del deber cumplido, heridas d guerra y reconocimiento d kien sabe
lo q enfrentamos… Por q no cualkiera se enfrenta como nosotros a pasar hambres,
fríos y mas”.
Algunas veces manifestaba su extrañeza por la violencia desatada en Saltillo
en tuits como el siguiente:“Recuerdo cuando el ‘código rojo’ se activaba por
un asalto a un oxxo, una farmacia, se volvieron cotidianos y no era necesario..
Pero hoy solo el sonar de las armas de grueso calibre, logran encender la máxima
alerta policiaca, he visto cosas q me asombran cada día más”.
En otro día de extrema violencia señaló: “YA ME VOY A DESKANSAR POR QUE
TACATACATACATA POR AKI Y POR ALLA… TAMBIEN ME CANSO… JAJAJA… TKIKITIKIKITI…
MEJOR RURURURURUUUUU”.
En el diario Zócalo de Saltillo, donde trabajó hasta el Día de la
Libertad de Expresión, el cual festejaba la última noche que se le vio, pueden
leerse las notas que como reportera de asuntos policiacos enviaba todos los
días. A veces firmaba hasta cinco distintos eventos en un solo día.
Las últimas notas llevaban como encabezado: “Ladrón la
despierta”, “Buscan
autos robados en Arteaga”, “Camión
lo mata al pasarle por encima”, “Confunden
falla con un incendio”, Detienen
otra vez a fardera”, “Chocan
motociclistas contra una camioneta”, “Siguen
saqueos; se llevan $35 mil”, “Choca
en una curva peligrosa”, “Investigan
a dos pacientes quemados”, “Se
impactan contra una pipa estacionada”, “Atracan
tienda y taxi a punta de pistola”, “Aplasta
a su nieto de 7 años con auto”.
El 5 de abril de 2011, día que se inauguró en el Twitter, comenzó con un
mensaje: “A TRABAJAR SE HA DICHO RECORDANDO LAS PALABRAS DE MAHATMA GANDHI..
‘Uno debe ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la
verdad’”
En la edición del domingo 10 de junio, el Diario de Coahuila publicó
una reseña en la que se documenta cómo fue la última noche en la que sus
compañeros la vieron en una fiesta junto a su Sebastián:
“El jueves, 7 de junio, se celebra la Libertad de Expresión y, como cada año,
los reporteros de la fuente policiaca son relegados por las autoridades de los
tres órdenes de gobierno, ni siquiera les da tiempo para un saludo o
felicitación. Stephania, como todos, ya estaba acostumbrada a este acto de
desprecio y ansiaba, como todos, terminar el día de labores para juntarse a
platicar al lado de una cerveza y de los amigos con los que convive a
diario.
Llevó a su mayor orgullo, Sebastián, con ella a la casa donde se reunieron,
convivió, platicó, rió a carcajadas feliz por estar junto a sus amigos
celebrando el Día de la Libertad de Expresión.
“El miedo los ha hecho trazar una serie de estrategias personales de
seguridad a las cuales siempre se apegó, una de ellas era mantenerse siempre
comunicada y así lo hizo; terminando la reunión envió el mensaje para avisar que
ella y Sebastián ya habían llegado a su casa, que todo estaba bien; pasaban las
dos de la mañana del viernes. Bromeó con que a las 9 de la mañana entraba a
turno y que esperaba levantarse a tiempo y no llegar tarde, para aprovechar e ir
a almorzar. Ya no se supo más, Hypathia Estefanía Cardoso Rodríguez, de 23 años,
no fue vista más, no llegó a trabajar y ya no contestó llamadas ni mensajes,
tampoco envió ese saludo jovial de cada mañana, por el Twitter. Ahora es
noticia, como las que muchas veces cubrió”.

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