Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

miércoles, 20 de junio de 2012

Río+20: para rescatar el neoliberalismo- BAJO LA LUPA- Malvinas: causa irredenta

Río+20: para rescatar el neoliberalismo
Alejandro Nadal
       El mundo no sólo enfrenta el reto de una crisis global que gana fuerzas cada día, con su secuela de desempleo y su promesa de estancamiento a largo plazo. También se le opone un proceso de deterioro ambiental sin paralelo. Extinción masiva de especies, erosión de suelos y cambio climático son ejemplos de esta degradación ambiental provocada por la actividad humana.
Cualquier persona esperaría que las causas profundas de estos problemas serían abordadas con rigor en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (mejor conocida como Río+20). La conferencia depende de todo el sistema de Naciones Unidas, pero la voz cantante la lleva el Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) a través de su propuesta de crear una economía verde.
La noción de economía verde ha sido objeto de una fuerte polémica desde que surgió esta iniciativa del PNUMA. Se le ha definido como una economía en la que hay crecimiento con equidad social, bajas emisiones de carbono y mayor eficiencia en el uso de los recursos naturales. Según el PNUMA, si se invierte una suma equivalente al 2% del PIB mundial en diez sectores de la economía, se puede asegurar la transición a una economía verde.
Aquí comienzan los problemas. En los documentos oficiales del PNUMA para la conferencia de Río+20 no se encuentra un capítulo que haga referencia a la crisis que hoy azota la economía mundial. No se analizan sus orígenes o su naturaleza, y tampoco se consideran los efectos de las políticas macroeconómicas con las que se ha buscado hacerle frente. Tal pareciera que nada de esto tiene implicaciones para los esfuerzos en alcanzar la dichosa economía verde.
Esta no es una omisión inocente. Al ignorar la crisis, que es en esencia un fenómeno macroeconómico, se evade de manera conveniente la discusión sobre las contradicciones internas del modelo neoliberal. Así se eluden temas como la caída en el poder adquisitivo de los salarios, el endeudamiento de los hogares, la expansión y opacidad del sector financiero. Con esto se guarda en un cajón el tema de la inestabilidad de las economías capitalistas.
Lo único que queda es una serie de sectores aislados en donde los problemas pueden ser cómodamente tratados como fallas de mercado. Aquí entra la economía ambiental de corte neoclásico al rescate. Su mensaje es sencillo: lo que se necesita es colocar un precio a todo lo que llamamos medio ambiente y crear nuevos mercados (como el de bonos de carbono).
Y ¿la reducción de la pobreza en la economía verde? La realidad es que no hay ningún mecanismo en la concepción del PNUMA sobre la economía verde que permita pensar en esta reducción de la pobreza. No se analiza el tema de los salarios. Qué raro, ¿verdad? Lo único que dicen los documentos de este organismo es que si se invierte en el capital natural que es el soporte de la agricultura, las pesquerías y los bosques, los pobres que dependen de estos sectores se verán beneficiados. Ésta es, desde luego, una afirmación aventurada. Si se hace abstracción de la estructura económica en estos sectores es difícil sostener la idea de que nuevas inversiones tendrán, por sí solas, el efecto deseado.
¿De dónde vendrán las inversiones para la transición a la economía verde? El PNUMA responde: del sector financiero. Poco importa que el mundo de los bancos de inversión, de las casas de bolsa, de los vehículos de inversión estructurada y de las empresas calificadoras haya sido el epicentro de la crisis global. Tampoco es relevante el que los mercados financieros sean esencialmente inestables y volátiles. Para el PNUMA lo que interesa es mantener a la política económica subordinada a los dictados del capital financiero.
Un defecto clave de la iniciativa del PNUMA se relaciona con el modelo matemático utilizado para simular la transición a la economía verde. Es ya una práctica común en este tipo de aventuras utilizar modelos matemáticos que supuestamente proporcionan números duros para justificar un proyecto y vestirlo de un manto de rigor analítico. En este caso son muchas las limitaciones del modelo utilizado, pero una salta a la vista: no se necesita ser experto para observar que en dicho modelo no hay lugar para el sector financiero. Esto es sorprendente para cualquier observador, pero los economistas están acostumbrados a este tipo de aberraciones.
Aquí la contradicción del PNUMA es chocante. Por una parte no tiene empacho en afirmar que las inversiones para alcanzar la economía verde provendrán del sector financiero. Por la otra, el modelo matemático para imprimir rigor y sustentar sus afirmaciones, no puede incorporar al sector financiero. Caray, como dijo Marcelo en el Hamlet, algo está podrido en Dinamarca.
Con su iniciativa de la economía verde los funcionarios responsables del PNUMA han defraudado a los pueblos del mundo. En la conferencia de Río sobre desarrollo sustentable no es la salvación del mundo la prioridad. Lo que se busca es rescatar al modelo neoliberal

Bajo la Lupa
Tenues líneas rojas rusas en Siria; Arabia Saudita y Egipto: incertidumbre sucesoria y electoral
Alfredo Jalife-Rahme
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Peregrinos chiítas reunidos frente al sepulcro del imán Moussa al Kadhim, en Bagdad, el sábado 16, para conmemorar el aniversario de su muerteFoto Reuters
       Son tiempos de desglobalización y de fracturas sectarias, así como de creativos regionalismos (v. gr. Unasur, con cuyo flamante presidente Alí Rodríguez me reuniré la semana entrante en Sudamérica).
Lamentablemente el mundo árabe se encuentra fracturado en su núcleo ideológico/nacionalista (Siria), poblacional/militar (Egipto) y petrolero (Arabia Saudita).
Se despliega una ominosa guerra civil religiosa entre sunitas y chiítas que no se atreve a pronunciar su nombre en seis puntos ultrasensibles: Yemen (defenestración del dictador Alí Abdalá, sustituido por el vicepresidente, de acuerdo con el plan qatarí-saudita con bendición de Estados Unidos/OTAN), Líbano (al borde de la protobalcanización), Siria (la nueva fractura tectónica geopolítica regional y global), Irak (balcanizada de facto en tres provincias etnoreligiosas), Bahrein (intervención militar de las seis petromonarquías sunitas encabezadas por Arabia Saudita para someter la revuelta de la mayoría poblacional chiíta aliada a Irán), y Arabia Saudita, país de mayoría apabullante sunita, que Alá ha deseado que su región oriental, donde se encuentran sus mayores reservas de petróleo, esté en manos de su minoría chiíta.
No existe región alguna del mundo árabe que escape a la perniciosa confrontación entre sunitas y chiítas –lo cual, en última instancia, favorece la agenda balcanizadora de Estados Unidos/Gran Bretaña/OTAN/Israel–. Según PressTV (19/6/12), los rebeldes sirios han recibido armas israelíes (¡súper sic!) para derrocar al régimen de Bashar Assad.
Atroz espectáculo para quienes anhelamos el diálogo de civilizaciones, a escala global, y la unidad árabe (hoy atomizada) en coexistencia pacífica con el ascenso (mejor dicho, retorno milenario) de dos nuevas potencias regionales no árabes: Turquía (sunita) e Irán (chiíta).
Los conflictos específicamente locales se han desparramado al ámbito regional, mientras en unos sitios exquisitos, como Siria, las turbulencias han atraído a las tres grandes superpotencias geoestratégicas (Estados Unidos, Rusia y China) y donde Moscú, en la nueva etapa más vigorosa de Vlady Putin, ha definido sus líneas rojas (apuntalada por China).
Thierry Meyssan, director galo de Réseau Voltaire (12/6/12), ha sido de los pocos analistas en entender los alcances globales de las confrontaciones locales y/o regionales desde Siria hasta Irán.
Aquí no hay cabida para maniqueísmos lineales de la podredumbre epistemológica del seudoanálisis occidentaloide que ignora y/o desconoce los matices y las sutilezas del gran Medio Oriente.
Nos encontramos de lleno en la hipercomplejidad no lineal de variables múltiples.
Aquí no hay buenos (quienes siempre propagandísticamente están con Estados Unidos /OTAN/Israel) ni malos (los aliados de los BRICS/Irán), sino intereses primarios de supervivencia geopolítica delimitados por los trazados del incipiente nuevo orden multipolar.
Cada nuevo orden mundial traza sus cartografías geopolíticas. Ayer fue el trazado esquizofrénico de Sykes-Picot. Hoy, el gran Medio Oriente es codiciado, a través de aliados interpósitos locales/regionales, por Estados Unidos /OTAN/G-7/Israel en plena ofensiva, ante lo cual el Grupo de Shanghai/BRICS ha pasado a la obligada contraofensiva.
Como adelanté (ver Bajo la Lupa, 10 y 17/6/12): La reunión Obama-Putin constituirá la parte trascendental de la insulsa cumbre multilateral del G-20 (…) No es improbable que Estados Unidos y Rusia delimiten sus respectivas esferas de influencia en el gran Medio Oriente.
Veronika Krasheninnikova (Plan Los Cabos para Siria: usar a Rusia para deponer a Assad, Russia Today, 19/6/12) aduce que Estados Unidos está persuadiendo activamente a Rusia para que apoye a Occidente a deponer los regímenes que Washington desea. De ser así, ergo las líneas rojas trazadas por el Kremlin se descolorarían, lo cual, a mi juicio, comportaría como corolario algunos trueques sustanciales favorables a Moscú para que la caída del régimen sirio sea digerible: ¿abolición del escudo misilístico de Estados Unidos? ¿Apoyo al proyecto nuclear iraní?
Según Financial Times (18/6/12), Obama y Putin se pusieron de acuerdo para la transición política a un sistema político democrático y plural en Siria. ¿Bye bye Bashar?
En el peor momento coyuntural ocurrió el deceso del príncipe heredero saudí Nayef (79 años), cuando Arabia Saudita se encuentra enfrascada en varias intervenciones: Yemen, Líbano, Siria, Irak y Bahrein, frente a lo que tildan de irredentismo jomeinista.
De todo lo que leí sobre la sucesión en Arabia Saudita, me llamó la atención la opinión de Zayd al-Isa (experto de nacionalidad británica y de origen iraquí) que cita DeDefensa (19/6/12), think tank europeo: Nayef fue uno de los cerebros para enviar tropas sauditas a invadir Bahrein (…) y jugó un rol primordial para desmantelar el proceso político en Irak. Lo relevante: deja un vacío de poder muy difícil de llenar en medio de la lucha por el poder entre varios príncipes, y considera que la situación ahora es muy volátil y precaria.
El príncipe Nayef jugaba un papel pivote por su responsabilidad de la seguridad al interior y al exterior del reino.
El rey Abdalá (87años) nombró heredero a su medio hermano, el príncipe Salman (76 años): último del linaje de los siete Sudairi, el cual conforma un poderoso bloque que controla defensa y seguridad (Financial Times, 18/6/12).
En Egipto, el país más fuerte (desde el punto de vista militar) y el más poblado del mundo árabe, la poderosa junta militar realiza su enésimo golpe militar desde la defenestración del sátrapa Hosni Mubarak, hoy en agonía.
No se anuncia aún al vencedor de la elección presidencial entre Mohamed Morsi, candidato de los poderosos Hermanos Musulmanes, y Ahmed Shafik, favorito de los militares: ambos reclaman el triunfo, que solamente puede descolgar uno.
Los Hermanos Musulmanes acaban de sufrir un golpe severo con la abolición del Parlamento (donde gozaban de mayoría) por una corte constitucional nombrada por el sátrapa Mubarak y con la flagrante bendición de la junta.
Los Hermanos Musulmanes han vuelto a llenar la legendaria plaza Tahrir para defender su democracia islámica.
No importa quién sea ungido triunfador, pero el verdadero vencedor, 16 meses después de la defenestración de Mubarak, ha resultado la junta militar, que se ha dado el lujo de propinar varios golpes de Estado secuenciales, ante el sepulcral silencio democrático de Estados Unidos y el G-20.
El periódico turco Hurriyet (19/6/12) sentencia que los militares son los únicos triunfadores en la elección, al haberse otorgado poderes apabullantes que restringen el poder del nuevo presidente.
La junta se ha arrogado el suprapoder de redactar la nueva Constitución: con el Parlamento disuelto, los generales decretaron una constitución interina que les permite mantener el control del Estado y subordinar al presidente.
Caso insólito de una democracia totalitaria en la que la junta se autonombra parlamento, asamblea constituyente, controla el presupuesto y determina quién redacta la constitución permanente que define el futuro del país.
El rotativo Al-Masry Al-Youm, con el peculiar humor egipcio, tituló: Los militares ceden el poder a los militares. ¿Para esto sirvió la revolución de Tahrir?

Malvinas: causa irredenta
José Steinsleger
      Un historiador que figura entre los contados que articulan rigor, ecuanimidad y amor por la disciplina publicó en enero de 1983 un vigoroso ensayo acerca de la guerra librada por Argentina y Gran Bretaña en las islas Malvinas (abril/junio 1982).
Nuestro autor empieza diciendo que, a causa de la guerra, “…más gente ha perdido la chaveta por esto que por cualquier otra cosa. No quiero decir la gran mayoría de la gente, cuya reacción fue, con toda probabilidad, seguramente más apasionada o histérica que la de aquellos cuya profesión es escribir y formular opiniones”.
A ojos vista, podría suponerse que el autor se refería a los argentinos y sus demandas sobre las Malvinas, o a la desgarradora y no menos real contradicción que continúa causando insomnio entre los analistas progres: la índole dictatorial del régimen cívicomilitar que en 1976 usurpó el poder en Argentina, aunada a las históricas demandas de este país sobre la colonia que, eufemísticamente, Londres llama Falkland y, alevosamente, incluye en sus territorios de ultramar.
Negativo. El autor es el inglés Eric Hobsbawm (1917), y en el ensayo de marras (Falklands fallout, publicado en la revista Marxist Today) deplora el patrioterismo histérico de sus compatriotas durante la guerra, a más de responder con 30 años de anticipación a historiadores como el argentino José Luis Romero y otros intelectuales que, con invencible cinismo liberal, se preguntan hoy si en realidad (sic) las Malvinas son argentinas.
Hobsbawm apunta: “Ahora bien, no estoy emitiendo un juicio sobre la validez de la reivindicación argentina. Como muchas reivindicaciones nacionalistas similares, no resiste demasiada investigación. Está basado esencialmente en lo que uno podría llamar ‘geografía de escuela secundaria’ –todo aquello que pertenece a la plataforma continental debería pertenecer al país más cercano–, pese al hecho de que ningún argentino ha vivido allí…”, etcétera.
Por consiguiente, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sabía con qué calaña de diplomáticos tenía que vérselas el 10 de junio pasado, al presentar su vibrante alegato en el Comité de Descolonización de la ONU. Y periódicos apátridas de la oposición, como Clarín y La Nación, relativizaron y diluyeron la importancia histórica del momento, calificando al comité de la ONU de foro menor, pues a quién se le ocurre hablar de colonialismo en pleno siglo XXI.
Roger Edwards, legislador británico de las islas, acusó al gobierno argentino de actuar con hipocresía y denunció la imposición de un supuesto bloqueo económico al archipiélago. En nombre de 3 mil habitantes, Edwards afirmó que la presidenta de 40 millones de argentinos ignoraba la Carta de Naciones Unidas “…que obliga a todos los miembros a respetar la igualdad de derechos y la autodeterminación”.
El súbdito de su majestad no aclaró a qué tipo de autodeterminación se refería. ¿Acaso después de la guerra la British Nationality (Falkland Islands) Amendment Act de 1982 no había convertido a los kelpers (habitantes de las islas) en ciudadanos británicos con plenos derechos de ingreso y empleo en el Reino Unido?
Contradictoria exigencia que, precisamente, la ex premier Margaret Thatcher se encargó de explicar en persona a los isleños, durante su visita a Malvinas en enero de 1983. Momento a partir del cual Londres empezó a tratar a los isleños como seres humanos. Tardaron casi 150 años y costó una guerra de un millar de muertos y miles de heridos (Tiempo Argentino, Buenos Aires, 16/6/12).
Al trascender que en Downing Street 10 de Londres (residencia oficial del primer ministro conservador David Cameron), la bandera del Reino Unido fue izada junto con la de las Falkland Islands “…en señal de apoyo a los habitantes del archipiélago que celebraron el ‘Día de la Liberación’”, Cristina manifestó vergüenza ajena.
La gobernante observó: ¿Qué pensarían el pueblo alemán, o la señora Merkel, si el 8 de mayo de 1945 (fecha de la rendición incondicional de Alemania) ondeara la bandera alemana por debajo de la bandera inglesa?
Agregó: “El apoyo de nuestros países hermanos no es sólo solidaridad, sino un ejercicio de autodefensa porque nuestra región está desmilitarizada… Ésta no es sólo una cuestión bilateral, sino global. Por eso Malvinas no es sólo una causa nacional, porque estamos defendiendo los recursos de América del Sur”.
El humor rioplatense también cautivó la atención de los medios. Así, luego que Mike Summers (otro legislador integrante de la comitiva de ocho kelpers enviada a Nueva York), anunció la celebración en 2013 de un referendo en las islas, Cristina sugirió:
Si tanto anhelan un plebiscito... ¿por qué no van a hacer un referendo en Afganistán o Irak?

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