American Curios
Poco demos y muchos dólares
David Brooks
El candidato republicano Mitt Romney y el presidente
demócrata Barack Obama serán los protagonistas de las elecciones más caras en la
historia de Estados UnidosFoto Ap
Mientras en la cuna de la democracia el demos acude a las
urnas para definir el destino inmediato de Grecia; mientras se disputa con ira y
dolor el intento democrático en Egipto, y mientras estudiantes y otros en
México, Chile, Canadá, España forjan democracia en las calles, en el
autoproclamado
modelo de la democraciaante el mundo se hace de todo para anular, corromper, distorsionar y comprar el proceso electoral.
El asalto más espectacular contra el proceso democrático en Estados Unidos es
el del gran dinero. No es nada nuevo que don dinero tenga más influencia que
ciudadanos en las elecciones, pero es tan descarado el intento de comprar las
elecciones presidenciales y legislativas federales este año que pocos se
acuerdan de algo parecido. No hay duda de que serán las elecciones más caras de
la historia del país (o tal vez de cualquier país) y que se parecen cada vez más
a un espectáculo llamado
democracia, en el que los multimillonarios son los que determinarán el futuro y los que controlan el guión donde los millones de ciudadanos que están convocados sólo participan como actores secundarios.
La pregunta que circula es si unos cuantos mega ricos lograrán comprar esta
elección. Esta elección federal será la primera en que se juega bajo reglas
mucho menos estrictas sobre financiamiento de campañas políticas, resultado de
un fallo de la Suprema Corte de 2010, que permitió la invención de un mecanismo
–conocido como el súper PAC (comité de acción política)– a través del cual los
ricos, empresas o agrupaciones pueden invertir montos sin límite para fines
electorales, siempre y cuando operen de manera
independientede las campañas oficiales, todo bajo la justificación de la
libertad de expresión.
Según cifras del Centro para la Integridad Pública (Center for Public
Integrity), 80 por ciento de los fondos recaudados por los PAC provienen de sólo
100 donantes (3.7 por ciento del total). Peor aún, los 46 donantes más grandes
han dado hasta la fecha 112 millones de dólares en este ciclo a los PAC (todos
con una donación mínima de más de 500 mil dólares). Este club selecto está
conformado en gran parte por mega ricos, casi todos hombres blancos y magnates,
sobre todo del sector financiero, energético o de hoteles y casinos, y la
mayoría de sus contribuciones han sido invertidas en PAC conservadores. Estos
son los que, por supuesto, están invirtiendo para favorecer al candidato
republicano Mitt Romney, pero también, aunque menos, a Barack Obama.
Vale subrayar que algunos de estos grandes donantes, individuos, empresas o
grupos son bipartidistas. Por ejemplo, los ejecutivos de JP Morgan dieron
millones tanto a Obama como a su contrincante John McCain en la elección de
2008, y siguen haciendo lo mismo ahora, tanto con presidentes como con
legisladores. Los legisladores del Comité Bancario del Senado han recibido un
total de 13 millones de dólares en donaciones electorales del sector financiero
en los años pasados, y su presidente, un demócrata, está entre los mas
beneficiados por JP Morgan. Ellos son representantes del público en asuntos del
sector financiero, pero es dudoso (poco) cuáles intereses representan. De hecho,
estos políticos han pagado la generosidad de los ricos en este caso con la
desregulación del sector financiero, la cual llevó a la crisis actual. Los más
inteligentes entre los ricos apuestan a ambos caballos para salir ganando sin
importar cuál candidato triunfe en las urnas. De hecho, casi siempre los
candidatos han tenido que ser aprobados por los ricos aun antes de una
elección.
El historiador Thomas Frank, entrevistado por el gran periodista Bill Moyers,
afirmó que
la conexión entre la riqueza privada y el poder público y la fuerza de gobierno nunca ha estado más clara. Señaló que se requieren millones para competir para el Senado o la Cámara, y cuando éstos son los precios para ocupar un puesto electoral, los multimillonarios son quién deciden quiénes podrán ganar y quienes no.
Las opciones ya se han determinado para nosotros, antes de cualquier elección…
ellos han escogido los dos candidatos que han ganado las primarias del dinero, y son los dos entre los cuales los demás podemos seleccionar.
Paul Ryan, del Centro Legal de Campañas (Campaign Legal Center), comentó a
CNN Money que
las elecciones estadunidenses son financiadas por un abanico muy reducido de intereses especiales, y eso tiene el efecto de hacer que nuestra democracia se vea mucho más como una plutocracia.
El historiador Thomas Frank escribió hace poco en Harper’s Magazine
que
es un mundo de los ricos. A lo largo de las décadas pasadas, el poder del dinero concentrado ha subvertido las profesiones, destruido a los pequeños inversionistas, destruido el Estado regulatorio, corrompido en masa a los legisladores y llevado repetidamente a la economía por un exprimidor. Ahora (el dinero concentrado) ha venido por nuestra democracia misma.
Mientras tanto, hay por lo menos tres diferentes intentos impulsados por Rick
Scott, gobernador, y sus aliados conservadores en Florida que, bajo el pretexto
de combatir el fraude potencial en las urnas (por ejemplo por inmigrantes,
siempre los sospechosos), tienen el propósito explícito de suprimir el voto de
comunidades afroestadunidenses, latinas (con la excepción de la comunidad
cubana) y otras que se oponen a los republicanos. El fraude es tan mínimo
–0.0004 por ciento– que es obvia la jugada: hacer menos efectivo el sufragio de
miles.
Observar todo esto aquí mientras llegan noticias de la furia y festejo de
movimientos por la democracia en tantos países (con todas sus distorsiones
particulares, derrotas, brotes de violencia, etc.) ofrece un contraste y una
condena del proceso estadunidense.
Pero eso no parece avergonzar lo suficiente al gobierno estadunidense, el
cual continúa pronunciándose como el ejemplo democrático a seguir por todo el
mundo. En Estados Unidos el regalo de Atenas se convierte en una tragedia
griega.
Grecia: sacrificio asegurado
En las elecciones legislativas realizadas ayer en Grecia se impuso
como primera minoría (con casi 30 por ciento de los votos) el partido
tradicional Nueva Democracia (derecha), el cual se inclina por mantener la
aplicación de los draconianos planes de ajuste impuestos por la Unión Europea
(UE) como condición para que ese país mediterráneo preserve su pertenencia a la
zona euro. Se da por hecho que la formación triunfante y el Partido Socialista
Panhelénico (Pasok), también promotor de la austeridad a rajatabla, unirán
fuerzas en el parlamento (128 asientos del primero y 33 del segundo) para hacer
valer el acuerdo firmado con la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que
estipula la adopción de nuevos recortes al gasto social y sacrificios
adicionales para la población en general.
Los sectores sociales que resistían las medidas económicas de choque vieron
frustrada la esperanza de que Atenas renegociara los acuerdos referidos y
adoptara una política económica heterodoxa para salir de la grave crisis en que
se encuentra. La formación de izquierda Syriza, que ofrecía transitar por esta
segunda vía, quedó en segundo lugar en los comicios, con poco más de 27 por
ciento, y con ello pierde cualquier posibilidad de conformar un gobierno de
corte soberanista y popular capaz de resistir las exigencias europeas y de los
organismos financieros internacionales.
Para los grandes intereses políticos y corporativos mundiales, el resultado
electoral griego es una buena noticia, en la medida en que constituyen un
espaldarazo a las estrategias económicas que preconizan la liquidación del
Estado de bienestar, transfieren los costos de la crisis a las poblaciones y
concentran los esfuerzos multinacionales y nacionales en el rescate de las
principales concentraciones de capital, como se ha visto con el paquete de
protección recientemente adoptado por la Europa comunitaria para los bancos
privados españoles. Las cifras de los comicios representaron un motivo de
alivio, y hasta de júbilo, en la reunión del Grupo de los 20, en Los Cabos, Baja
California Sur.
En cambio, para las mayorías europeas, la imposibilidad de Syriza de obtener
una ventaja electoral que le permitiera intentar la formación de un gobierno
constituye una señal de desesperanza, por cuanto perdieron la posibilidad
política de rechazar el draconiano plan de austeridad prescrito por la UE para
Grecia. Adicionalmente, el resultado deja al nuevo presidente francés, François
Hollande –el único mandatario europeo que ha planteado la necesidad de enfrentar
la recesión no sólo mediante recortes al gasto social, sino también por medio de
la reactivación del mercado–, en una circunstancia de aislamiento en el contexto
europeo.
No debe soslayarse el papel desempeñado en la elección de ayer en Grecia por
el insistente mensaje –convertido en propaganda– acerca de una inminente
catástrofe en caso de que Syriza obtuviera un caudal de sufragios que le
permitiese formar gobierno y enfrentar las medidas recesivas impuestas a la
nación helénica. Las apocalípticas amenazas formuladas por la Unión Europea al
electorado griego constituyeron una suerte de chantaje y ayudaron a configurar
un inequívoco voto del miedo.
En su mayor parte, la clase político-empresarial de la UE cree que los
resultados comiciales en la nación helénica constituyen un factor de estabilidad
económica y financiera para el viejo continente. Poco parece importarles que las
medidas de devastación social –cuya aplicación parece ahora asegurada–
terminarán por generar, más temprano que tarde, una severa inestabilidad social
y política en un entorno continental de por sí inflamable.
Dos decisiones que vale aplaudir
Arturo Balderas Rodríguez
En menos de un mes el presidente Barack Obama tomó dos decisiones
que han recibido ásperas críticas de los sectores más conservadores del espectro
político estadunidense. La primera de ellas fue su apoyo a los matrimonios del
mismo sexo, lo que le valió los más cálidos elogios de todos los sectores
liberales en el país, incluida la cada vez más numerosa comunidad homosexual.
Los ecos de la decisión resonaron en la Suprema Corte de Justicia, que muy
pronto deberá tomar una decisión en torno a la prohibición existente en un
puñado de estados de coartar el derecho de las personas a unir su vida con quien
mejor les parezca.
No tuvo que esperar mucho Obama para recibir una andanada de críticas de un
numeroso grupo de organizaciones, entre ellas las religiosas, particularmente la
católica y la mormona. No hay que olvidar que fueron los mormones quienes
aportaron la mayor cantidad de dinero para promover la propuesta electoral cuyo
fin era prohibir en California los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Desde luego Mitt Romney, quien es un devoto feligrés de esa religión, aprovechó
la oportunidad para lanzarse en contra de Obama por el apoyo a las comunidades
gay.
La otra decisión que el presidente tomó apenas hace unos días fue la de pasar
por encima del Congreso para emitir una orden ejecutiva mediante la que se
suspende la deportación de más de 800 mil jóvenes indocumentados que llegaron a
EU cuando eran niños y han vivido y cursado sus estudios en el país. Desde ahora
podrán residir sin la zozobra de ser deportados,
son estadunidenses en todos los sentidos, declaró el presidente al firmar su decisión. Ésta, agregó,
hará más justa y eficiente la política migratoria. A partir de ahora las autoridades migratorias suspenderán todo trámite que tenga como fin deportar a los jóvenes que llegaron a Estados Unidos antes de haber cumplido 16 años de edad, haber vivido por lo menos durante los pasados cinco años en el país, asistir a la escuela, ser graduados de preparatoria o veteranos del ejército. Además, deberán ser menores de 30 años y no tener antecedentes criminales.
Entre los líderes de organizaciones que apoyan a los migrantes y abogan por
sus derechos civiles, la política fue recibida con algún escepticismo,
argumentando que es menos de lo que esperaban y los requisitos son muchos.
Aceptaron, sin embargo, que es un primer paso en la promesa de una reforma
migratoria que haga justicia a los indocumentados. Por lo pronto, cientos de
miles de jóvenes festejaron y por primera vez se sintieron aliviados del temor
diario de ser deportados. Como era de esperarse, el grito de inconformidad vino
desde la bancada republicana en el Congreso, que criticó agriamente al
presidente Obama por haber dado ese paso sin la aquiescencia de los
congresistas.
Es loable que, con estas decisiones, el presidente Barack Obama intente
regresar al camino de las reivindicaciones sociales prometidas, que parecía
haber olvidado.

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