Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

lunes, 18 de junio de 2012

American Curios- Grecia: sacrificio asegurado- Dos decisiones que vale aplaudir

American Curios
Poco demos y muchos dólares
David Brooks
Foto
El candidato republicano Mitt Romney y el presidente demócrata Barack Obama serán los protagonistas de las elecciones más caras en la historia de Estados UnidosFoto Ap
           Mientras en la cuna de la democracia el demos acude a las urnas para definir el destino inmediato de Grecia; mientras se disputa con ira y dolor el intento democrático en Egipto, y mientras estudiantes y otros en México, Chile, Canadá, España forjan democracia en las calles, en el autoproclamado modelo de la democracia ante el mundo se hace de todo para anular, corromper, distorsionar y comprar el proceso electoral.
El asalto más espectacular contra el proceso democrático en Estados Unidos es el del gran dinero. No es nada nuevo que don dinero tenga más influencia que ciudadanos en las elecciones, pero es tan descarado el intento de comprar las elecciones presidenciales y legislativas federales este año que pocos se acuerdan de algo parecido. No hay duda de que serán las elecciones más caras de la historia del país (o tal vez de cualquier país) y que se parecen cada vez más a un espectáculo llamado democracia, en el que los multimillonarios son los que determinarán el futuro y los que controlan el guión donde los millones de ciudadanos que están convocados sólo participan como actores secundarios.
La pregunta que circula es si unos cuantos mega ricos lograrán comprar esta elección. Esta elección federal será la primera en que se juega bajo reglas mucho menos estrictas sobre financiamiento de campañas políticas, resultado de un fallo de la Suprema Corte de 2010, que permitió la invención de un mecanismo –conocido como el súper PAC (comité de acción política)– a través del cual los ricos, empresas o agrupaciones pueden invertir montos sin límite para fines electorales, siempre y cuando operen de manera independiente de las campañas oficiales, todo bajo la justificación de la libertad de expresión.
Según cifras del Centro para la Integridad Pública (Center for Public Integrity), 80 por ciento de los fondos recaudados por los PAC provienen de sólo 100 donantes (3.7 por ciento del total). Peor aún, los 46 donantes más grandes han dado hasta la fecha 112 millones de dólares en este ciclo a los PAC (todos con una donación mínima de más de 500 mil dólares). Este club selecto está conformado en gran parte por mega ricos, casi todos hombres blancos y magnates, sobre todo del sector financiero, energético o de hoteles y casinos, y la mayoría de sus contribuciones han sido invertidas en PAC conservadores. Estos son los que, por supuesto, están invirtiendo para favorecer al candidato republicano Mitt Romney, pero también, aunque menos, a Barack Obama.
Vale subrayar que algunos de estos grandes donantes, individuos, empresas o grupos son bipartidistas. Por ejemplo, los ejecutivos de JP Morgan dieron millones tanto a Obama como a su contrincante John McCain en la elección de 2008, y siguen haciendo lo mismo ahora, tanto con presidentes como con legisladores. Los legisladores del Comité Bancario del Senado han recibido un total de 13 millones de dólares en donaciones electorales del sector financiero en los años pasados, y su presidente, un demócrata, está entre los mas beneficiados por JP Morgan. Ellos son representantes del público en asuntos del sector financiero, pero es dudoso (poco) cuáles intereses representan. De hecho, estos políticos han pagado la generosidad de los ricos en este caso con la desregulación del sector financiero, la cual llevó a la crisis actual. Los más inteligentes entre los ricos apuestan a ambos caballos para salir ganando sin importar cuál candidato triunfe en las urnas. De hecho, casi siempre los candidatos han tenido que ser aprobados por los ricos aun antes de una elección.
El historiador Thomas Frank, entrevistado por el gran periodista Bill Moyers, afirmó que la conexión entre la riqueza privada y el poder público y la fuerza de gobierno nunca ha estado más clara. Señaló que se requieren millones para competir para el Senado o la Cámara, y cuando éstos son los precios para ocupar un puesto electoral, los multimillonarios son quién deciden quiénes podrán ganar y quienes no. Las opciones ya se han determinado para nosotros, antes de cualquier elección… ellos han escogido los dos candidatos que han ganado las primarias del dinero, y son los dos entre los cuales los demás podemos seleccionar.
Paul Ryan, del Centro Legal de Campañas (Campaign Legal Center), comentó a CNN Money que las elecciones estadunidenses son financiadas por un abanico muy reducido de intereses especiales, y eso tiene el efecto de hacer que nuestra democracia se vea mucho más como una plutocracia.
El historiador Thomas Frank escribió hace poco en Harper’s Magazine que es un mundo de los ricos. A lo largo de las décadas pasadas, el poder del dinero concentrado ha subvertido las profesiones, destruido a los pequeños inversionistas, destruido el Estado regulatorio, corrompido en masa a los legisladores y llevado repetidamente a la economía por un exprimidor. Ahora (el dinero concentrado) ha venido por nuestra democracia misma.
Mientras tanto, hay por lo menos tres diferentes intentos impulsados por Rick Scott, gobernador, y sus aliados conservadores en Florida que, bajo el pretexto de combatir el fraude potencial en las urnas (por ejemplo por inmigrantes, siempre los sospechosos), tienen el propósito explícito de suprimir el voto de comunidades afroestadunidenses, latinas (con la excepción de la comunidad cubana) y otras que se oponen a los republicanos. El fraude es tan mínimo –0.0004 por ciento– que es obvia la jugada: hacer menos efectivo el sufragio de miles.
Observar todo esto aquí mientras llegan noticias de la furia y festejo de movimientos por la democracia en tantos países (con todas sus distorsiones particulares, derrotas, brotes de violencia, etc.) ofrece un contraste y una condena del proceso estadunidense.
Pero eso no parece avergonzar lo suficiente al gobierno estadunidense, el cual continúa pronunciándose como el ejemplo democrático a seguir por todo el mundo. En Estados Unidos el regalo de Atenas se convierte en una tragedia griega.

Grecia: sacrificio asegurado
          En las elecciones legislativas realizadas ayer en Grecia se impuso como primera minoría (con casi 30 por ciento de los votos) el partido tradicional Nueva Democracia (derecha), el cual se inclina por mantener la aplicación de los draconianos planes de ajuste impuestos por la Unión Europea (UE) como condición para que ese país mediterráneo preserve su pertenencia a la zona euro. Se da por hecho que la formación triunfante y el Partido Socialista Panhelénico (Pasok), también promotor de la austeridad a rajatabla, unirán fuerzas en el parlamento (128 asientos del primero y 33 del segundo) para hacer valer el acuerdo firmado con la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que estipula la adopción de nuevos recortes al gasto social y sacrificios adicionales para la población en general.
Los sectores sociales que resistían las medidas económicas de choque vieron frustrada la esperanza de que Atenas renegociara los acuerdos referidos y adoptara una política económica heterodoxa para salir de la grave crisis en que se encuentra. La formación de izquierda Syriza, que ofrecía transitar por esta segunda vía, quedó en segundo lugar en los comicios, con poco más de 27 por ciento, y con ello pierde cualquier posibilidad de conformar un gobierno de corte soberanista y popular capaz de resistir las exigencias europeas y de los organismos financieros internacionales.
Para los grandes intereses políticos y corporativos mundiales, el resultado electoral griego es una buena noticia, en la medida en que constituyen un espaldarazo a las estrategias económicas que preconizan la liquidación del Estado de bienestar, transfieren los costos de la crisis a las poblaciones y concentran los esfuerzos multinacionales y nacionales en el rescate de las principales concentraciones de capital, como se ha visto con el paquete de protección recientemente adoptado por la Europa comunitaria para los bancos privados españoles. Las cifras de los comicios representaron un motivo de alivio, y hasta de júbilo, en la reunión del Grupo de los 20, en Los Cabos, Baja California Sur.
En cambio, para las mayorías europeas, la imposibilidad de Syriza de obtener una ventaja electoral que le permitiera intentar la formación de un gobierno constituye una señal de desesperanza, por cuanto perdieron la posibilidad política de rechazar el draconiano plan de austeridad prescrito por la UE para Grecia. Adicionalmente, el resultado deja al nuevo presidente francés, François Hollande –el único mandatario europeo que ha planteado la necesidad de enfrentar la recesión no sólo mediante recortes al gasto social, sino también por medio de la reactivación del mercado–, en una circunstancia de aislamiento en el contexto europeo.
No debe soslayarse el papel desempeñado en la elección de ayer en Grecia por el insistente mensaje –convertido en propaganda– acerca de una inminente catástrofe en caso de que Syriza obtuviera un caudal de sufragios que le permitiese formar gobierno y enfrentar las medidas recesivas impuestas a la nación helénica. Las apocalípticas amenazas formuladas por la Unión Europea al electorado griego constituyeron una suerte de chantaje y ayudaron a configurar un inequívoco voto del miedo.
En su mayor parte, la clase político-empresarial de la UE cree que los resultados comiciales en la nación helénica constituyen un factor de estabilidad económica y financiera para el viejo continente. Poco parece importarles que las medidas de devastación social –cuya aplicación parece ahora asegurada– terminarán por generar, más temprano que tarde, una severa inestabilidad social y política en un entorno continental de por sí inflamable.


Dos decisiones que vale aplaudir
Arturo Balderas Rodríguez
         En menos de un mes el presidente Barack Obama tomó dos decisiones que han recibido ásperas críticas de los sectores más conservadores del espectro político estadunidense. La primera de ellas fue su apoyo a los matrimonios del mismo sexo, lo que le valió los más cálidos elogios de todos los sectores liberales en el país, incluida la cada vez más numerosa comunidad homosexual. Los ecos de la decisión resonaron en la Suprema Corte de Justicia, que muy pronto deberá tomar una decisión en torno a la prohibición existente en un puñado de estados de coartar el derecho de las personas a unir su vida con quien mejor les parezca.
No tuvo que esperar mucho Obama para recibir una andanada de críticas de un numeroso grupo de organizaciones, entre ellas las religiosas, particularmente la católica y la mormona. No hay que olvidar que fueron los mormones quienes aportaron la mayor cantidad de dinero para promover la propuesta electoral cuyo fin era prohibir en California los matrimonios entre personas del mismo sexo. Desde luego Mitt Romney, quien es un devoto feligrés de esa religión, aprovechó la oportunidad para lanzarse en contra de Obama por el apoyo a las comunidades gay.
La otra decisión que el presidente tomó apenas hace unos días fue la de pasar por encima del Congreso para emitir una orden ejecutiva mediante la que se suspende la deportación de más de 800 mil jóvenes indocumentados que llegaron a EU cuando eran niños y han vivido y cursado sus estudios en el país. Desde ahora podrán residir sin la zozobra de ser deportados, son estadunidenses en todos los sentidos, declaró el presidente al firmar su decisión. Ésta, agregó, hará más justa y eficiente la política migratoria. A partir de ahora las autoridades migratorias suspenderán todo trámite que tenga como fin deportar a los jóvenes que llegaron a Estados Unidos antes de haber cumplido 16 años de edad, haber vivido por lo menos durante los pasados cinco años en el país, asistir a la escuela, ser graduados de preparatoria o veteranos del ejército. Además, deberán ser menores de 30 años y no tener antecedentes criminales.
Entre los líderes de organizaciones que apoyan a los migrantes y abogan por sus derechos civiles, la política fue recibida con algún escepticismo, argumentando que es menos de lo que esperaban y los requisitos son muchos. Aceptaron, sin embargo, que es un primer paso en la promesa de una reforma migratoria que haga justicia a los indocumentados. Por lo pronto, cientos de miles de jóvenes festejaron y por primera vez se sintieron aliviados del temor diario de ser deportados. Como era de esperarse, el grito de inconformidad vino desde la bancada republicana en el Congreso, que criticó agriamente al presidente Obama por haber dado ese paso sin la aquiescencia de los congresistas.
Es loable que, con estas decisiones, el presidente Barack Obama intente regresar al camino de las reivindicaciones sociales prometidas, que parecía haber olvidado.

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