Alianza Social de Trabajadores de la Industria Mexicana

viernes, 15 de junio de 2012

Un as en la manga- CFC: ¿consolidación de monopolios?- Economía Moral

Economía Moral
Nueva encuesta electoral, académica e independiente, irrumpe en escena
Sus resultados arrojan un empate técnico entre Peña Nieto y López Obrador
Julio Boltvinik
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         El 27 de marzo se realizó en El Colegio de México el seminario Quinto poder: las encuestadoras y la construcción social del ganador. En la narración del seminario que hice en la entrega del 30 de marzo señalé:
Crespo, Díaz-Polanco y Boltvinik fueron particularmente claros al afirmar que las encuestas, en efecto, construyen al ganador. Crespo señaló que los datos de las encuestas determinan las categorías de voto útil e inútil que explican el traspaso de votos de Cárdenas a Fox en 2000 y de Madrazo a López Obrador y a Calderón en 2006. Díaz Polanco y yo coincidimos en una tesis más fuerte: que las encuestadoras (salvo Covarrubias) están tratando (marzo de 2012) de construir la inutilidad del voto por AMLO al ubicarlo sistemáticamente en tercer lugar. Si no puede ganar, entonces muchos votantes traspasarán su voto al que consideren menos malo entre Vázquez Mota y Peña Nieto
La convicción del carácter inductor del voto de las encuestas, la naturaleza de proveedor-cliente de las relaciones entre casas encuestadoras y los poderosos medios que las contratan (y que tienen inocultables intereses creados en los resultados de la elección) y los reducidos tamaños y dispersión de las muestras que usan, llevó a que un grupo de académicos nos planteáramos la necesidad de realizar encuestas que, negando estos rasgos que sesgan los resultados, se acercase en mucha mayor medida a la verdad. Por ello nos constituimos en el Observatorio Universitario Electoral (OUE), que forma parte del Frente Ciudadano en Defensa del Sufragio Efectivo y Libre (dado a conocer la semana pasada). Conseguimos financiamiento incondicional de la sociedad civil, seleccionamos una casa encuestadora (Berumen), diseñamos el cuestionario y procesamos la base de datos que éste nos entregó. Algunos de los resultados se presentaron en conferencia de prensa y en un desplegado en La Jornada esta semana.
La 1ª Encuesta Nacional de Preferencias Electorales (ENPE) del OUE, como señaló Edmundo Berumen en conferencia de prensa, reúne los siguientes rasgos: a) Se apega a un diseño estrictamente probabilístico, lo que, entre otras cosas, conlleva no remplazar las viviendas ni los individuos seleccionados si la entrevista no puede realizarse; por el contrario, se estimaron las mermas esperadas de todo tipo para que al final del trabajo de campo se contara con alrededor de 3 mil entrevistas completas. b) Dispersa la muestra en 600 secciones electorales seleccionadas con probabilidad proporcional a su tamaño (SE) distribuidas en tamaños iguales entre las cinco circunscripciones electorales y localizadas en todas las entidades federativas. c) En cada SE se seleccionaron dos manzanas y cinco viviendas (ambos al azar) con la estimación de que, en promedio, se lograrían entrevistas en la mitad de ellas. Las viviendas seleccionadas en las que no se logra hacer la entrevista no se remplazan (como hacen otras encuestadoras); se visitan los hogares con informantes seleccionados hasta tres veces y, si no se logra entrevistar a la persona seleccionada, no se sustituye con otra (como se hace en otros estudios), sino que se pierde la entrevista. Así se logra el carácter estrictamente probabilístico de la ENPE-OUE, que la distingue de las demás. La supervisión en campo fue acuciosa: un supervisor por cada 4.5 encuestadores.
De los resultados de la ENPE dados a conocer, la gráfica con los datos de preferencias electorales de los tres principales candidatos, que se presentó en términos de intervalos de confianza, fue lo que más llamó la atención, pero causó confusión. En la gráfica presento los intervalos de confianza, destacando los valores bajos, medio y altos de los mismos para los tres principales candidatos, tanto de la encuesta (más reciente) de Reforma como la del OUE. Los resultados de ambas es que hay un empate técnico en el primer lugar entre EPN y AMLO y un lejano tercer lugar para JVM. (En la entrega del 1/6/12 incluí una gráfica similar, pero sin datos de JVM, comparando la encuesta de Reforma con la de Mitofsky). Para cada candidato(a) he incluido tres valores: el bajo, el medio y el alto. El valor medio es el que proporcionan las encuestas directamente. Sin embargo, cuando hacemos entrevistas a una muestra aleatoria (al azar) de una población (o universo), las medidas que obtenemos (como el porcentaje de la intención de voto por un candidato), si bien son una estimación del valor de este porcentaje en la población, están sujetas a error, más grande mientras menor sea el tamaño relativo de la muestra. En general, el error estándar en una muestra aleatoria es igual a la desviación estándar, que es una medida de qué tan dispersos son los datos (la proporción de votos de un candidato), puesto que se calcula partiendo de las distancias entre los valores observados (en cada circunscripción y tipo de SE, por ejemplo) y la media del candidato. El margen de error estadístico puede ser hacia abajo o hacia arriba; el rango entre la estimación baja (estimación media menos error) y la estimación alta (media más error) constituye el intervalo de confianza. En la gráfica, los intervalos de confianza pueden verse al contrastar la barra más baja de cada candidato en una encuesta con su barra más alta. Así el intervalo de confianza de EPN va de 30.9 por ciento del voto a 35.9 y el de AMLO de 22.8 a 31.8 por ciento. Los valores medios son 3.4 por ciento y 27.3 por ciento. Los cálculos basados en muestras sólo permiten afirmar (con cierta probabilidad o confianza, generalmente 90, 95 o 99 por ciento) que la intención de voto por cierto candidato se encuentra en un intervalo. Los valores puntuales son sólo puntos dentro de ese intervalo. Cuando se quieren comparar los resultados de dos o más candidatos, por tanto, lo que se puede comparar con confianza son sus intervalos de confianza. Y aunque el intervalo de confianza de EPN está por arriba del de AMLO, la diferencia entre las intenciones de voto por ellos sólo son significativos estadísticamente si los intervalos no se intersectan. En la ENPE-OUE, los intervalos de AMLO y de EPN se intersectan (lo que se aprecia en la gráfica: la barra más alta de AMLO es más alta que la más baja de EPN: 31.8 vs. 30.9), por lo que su diferencia de votos no es estadísticamente significativa a 95 por ciento de confianza o, lo que también puede decirse, se trata de un empate técnico. Lo mismo, aunque con más fuerza, se aprecia en la gráfica de Reforma, donde el valor alto de AMLO rebasa en mayor medida el valor bajo de EPN y es casi igual a su valor medio. El lector notará que, mientras en Reforma el margen de error (± 2.9), que se suma o resta al valor medio para obtener los valores alto y bajo, son iguales para los tres candidatos. En cambio, en la encuesta del OUE cada candidato tiene márgenes de error diferentes (AMLO: ± 4.5; EPN: ± 2.5; JVM: ±2.7). ¿Cuál es el procedimiento correcto? Aunque los márgenes de error deben ser por candidato y por pregunta, pues su cálculo está basado en la desviación estándar de la distribución de cada variable y candidato en las secciones electorales encuestadas, no es la práctica usual: las encuestadoras dan un margen de error único, lo cual es incorrecto y debemos aprender a rechazarlo.
CFC: ¿consolidación de monopolios?
 
 
          Se dio a conocer ayer la resolución adoptada por la Comisión Federal de Competencia (CFC) el pasado 5 de junio, en el sentido de avalar la compra por Televisa de 50 por ciento de las acciones de Iusacell. Los integrantes del organismo, que en enero pasado habían rechazado dicha fusión empresarial, decidieron ahora permitirla a cambio de una serie de condiciones para evitar el riesgo de colusión: el establecimiento de un plazo de 24 meses para que se licite una tercera cadena de televisión abierta, con la amenaza de disolver la sociedad en caso de que esto no ocurra; el compromiso, por parte de Televisa y TV Azteca, de cesar sus prácticas abusivas y discriminatorias en venta de publicidad y de contenidos de televisión abierta y restringida, y la prohibición de que el consejo de administración de Iusacell esté integrado por empleados de otras empresas de Grupo Televisa y Grupo Salinas, directamente involucradas en el negocio televisivo.
Horas más tarde, por medio de un comunicado, Iusacell calificó las condiciones impuestas por la CFC de duras y agresivas. Televisa, por su parte, informó que procederá a analizar los términos y condiciones previstos en la resolución respectiva, ya sea para aceptarlos o impugnar dicha resolución a través de los medios legales disponibles.
Con o sin tales condicionantes, la consecuencia más importante de la resolución dada a conocer ayer por la CFC no es la generación de una mayor competencia en el mercado de la telefonía móvil, sino la luz verde a una conjunción entre las dos principales empresas televisivas del país, y la consecuente regularización de una circunstancia a todas luces anómala: hasta ahora, y pese a su condición formal de competidoras, las televisoras del Ajusco y Chapultepec han obstaculizado en forma sistemática la entrada de nuevos actores al sector de las telecomunicaciones, han impuesto restricciones a la compra de publicidad y condicionado la venta de sus contenidos a empresas de televisión restringida, como reconocen los propios integrantes de la CFC.
A esa virtual unión de intereses corporativos –que en conjunto detentan 94 por ciento de las señales de televisión abierta– habrá que sumar, ahora, los de la empresa española Telefónica, que controla 21 por ciento del mercado de telefonía móvil en el país, y que la víspera anunció una alianza con Iusacell para compartir infraestructura de fibra óptica: semejante circunstancia, lejos de garantizar la apertura de las telecomunicaciones y el consecuente beneficio de los usuarios en mejora de servicios y reducción de precios, refuerza el dominio oligárquico sobre las distintas configuraciones tecnológicas de ese sector.
Para colmo, según se desprende de las respuestas de Iusacell y Televisa a las condiciones impuestas por la CFC, los conglomerados mediáticos y telefónicos en el país no están dispuestos a realizar concesión alguna, por mínima que sea, para revertir el control ilegítimo y abusivo que ejercen sobre el espectro de frecuencias radioeléctricas, y antes bien son proclives a desafiar a las instituciones del Estado mexicano y a desobedecer sus resoluciones, incluso cuando resultan favorables y obsequiosas para sus intereses.
Finalmente, la decisión de la CFC de exigir la licitación de una tercera cadena de televisión para compensar la fusión de las compañías de Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas no garantiza revertir la insultante concentración en unas cuantas manos del espectro de frecuencias radioeléctricas: al contrario, es de suponer que la referida cadena no será otorgada a entidades gubernamentales, a universidades, a organizaciones sociales, cooperativas o a entidades públicas de interés social, y ni siquiera a pequeños empresarios de las telecomunicaciones, sino a aquellos grandes competidores de Televisa y TV Azteca con capacidad tecnológica y financiera para operar señales televisivas en gran escala.
En suma, el supuesto compromiso antimonopólico de los órganos reguladores de la economía y, en particular, de las telecomunicaciones, es desmentido por decisiones como la comentada, que no impiden, sino facilitan la consolidación de los monopolios. Semejante contraste entre la formalidad legal y la realidad sólo puede tener un desenlace deseable: el acotamiento del poder fáctico acumulado por los grandes conglomerados de telecomunicaciones, la prohibición a las uniones corporativas entre éstos, y la adopción de mecanismos de fomento para la verdadera democratización y plena apertura del espectro radioeléctrico.
Deslizamiento del peso-Ahumada
Un as en la manga
Gabriela Rodríguez
 
       El segundo debate fue como una jugada de póker, una partida que exige estrategia, concentración e inteligencia, y saber reaccionar ante el azar. Decía mi padre que al póker ni menos de tres ni más de cinco, se refería al número de jugadores que favorece la probabilidad de buenas jugadas.
A pesar de que los lotes no costaban lo mismo, desde el principio AMLO y Peña Nieto concentraron la mayoría de las fichas, lo cual los colocó en la más cómoda de las posiciones, sobre todo porque se puede apostar mucho sin arriesgar demasiado, o bien, sólo mandar con juego seguro a fin de conservar lo ganado. Esta última estrategia fue la elegida por AMLO, sabedor de que la tendencia en las encuestas lo mantiene hacia arriba, él no necesita quitarle fichas al adversario ni recurrir al bluff, así que se dedicó a sostener la inercia, esta propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de movimiento rectilíneo, mientras no se aplique sobre ellos ninguna fuerza. Para cruzar la línea del candidato que viene de bajada basta con sostener el ritmo, hay que darle valor a las propias cartas y mandar bien: cambiar la política económica porque no ha funcionado, echar a andar la economía porque si no hay crecimiento no hay empleos, si no hay empleos no hay participación y si no hay bienestar no puede haber tranquilidad ni paz social. Se trata del único candidato que explicó de dónde se van a obtener los recursos para impulsar el desarrollo de México, cálculos que le costaron la animadversión de muchos, por los intereses que trastoca. Primero, combatir la corrupción para liberar miles de millones de pesos; segundo, ejecutar un plan de austeridad republicana, terminar con un gobierno faraónico con sueldos ¡hasta de 600 mil pesos mensuales!, porque no puedo haber gobierno rico con pueblo pobre; y tercero, terminar los privilegios fiscales. No habló de desaparecer el Senado ni de reducir significativamente el presupuesto del IFE, lo cual me hubiera encantado, pero esas no son sus propuestas, sino ideas que yo retomo de otros analistas. Al final, AMLO decidió repartir sus fichas entre todos, la situación de la patria es grave y no está para menos: “hago un llamado a todos los mexicanos a unirnos, a las clases medias, a los empresarios, a unirnos todos para salvar a México. A los priístas y a los panistas de abajo, a los ciudadanos del PRI y del PAN que están igual de necesitados como la mayoría de la gente… vamos a unirnos para terminar con este régimen de corrupción y de privilegios”.
La decisión de Peña fue diferente, compró muchas fichas y apostaba alto para que no se notara que su fortuna iba hacia abajo; quería ganar, y aunque no tuviera juego todo el tiempo mandó alto –la voracidad es virtud del buen tahúr–, así que ofreció promesas muy positivas para todos: esbozó muchas líneas de acción como anuncios publicitarios milagrosos, porque nunca llegó a explicar las estrategias ni de dónde sacaría los recursos para desarrollarlas. Mi propuesta es que tú ganes más y te alcance para más, que los empleos que se ofrecen sean mejor pagados, que cuando no tengan las medicinas a que tienes derecho del instituto que debiera otorgártelas, las puedas recoger en cualquier farmacia, habrá transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción. Esto último sí que sorprendió, toda vez que los gobiernos y gente de su partido no dejan de dar motivo a escándalos por acusaciones de peculado y negociación con el crimen organizado.
La mala suerte acompañó a Josefina. Como traía cartas bajas todo el tiempo, prefirió recurrir al bluff antes que retirarse. Ella elevó la apuesta y buscó quitarle votos hasta a Quadri, quien no juntaba ni para las entradas. Con tono de frustración, quiso llevar a los candidatos al terreno del escándalo político, pero como sus adversarios no le creyeron y le pagaron por ver, al abrir sus cartas quedó a la vista que no tenía nada. Por dedicarse a atacar, ella olvidó presentar su plataforma electoral. Desencajada, pero sobre todo rijosa, se despidió con la mirada torva y la quijada endurecida de siempre. Sin duda, el bluff y el engaño son la parte más atractiva del póker: provocan una emoción que nos pone en alerta y bastante excitados. Uno puede perder todo o ganar mucho, y eso depende de la capacidad de autocontrol. Por eso la emoción y la excitación son malas compañeras del tahúr. En la mesa del debate Josefina acaparó los momentos más violentos y atractivos de la jugada, pero pagó caro esa actuación: en la medida que ganaba audiencia perdía votos. Porque en el juego y en la política, más vale calcular fríamente las estrategias para ganar, que evitar parecer aburrido.
Y sin embargo, nunca falta el que no sabe perder, o el que traiciona y rompe las reglas, en especial cuando no se juega entre amigos. Un tuit en medio del debate dejó ver que Peña Nieto traía un as en la manga, y así supimos que no sólo el PRI, sino también el Estado, le hacía llegar cartas marcadas.

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