El debate de #YoSoy132
Magdalena Gómez
Una vez más los jóvenes del movimiento #YoSoy132 se colocan en el
centro de la coyuntura electoral con la mirada bien puesta en trascenderla; con
ellos no tenemos de que preocuparnos. El ejercicio democrático que desarrollarán
en las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal
(CDHDF) tendrá la cadena nacional que está resultando más efectiva: la de las
redes sociales.
Mediante ellas operarán parte del formato que han acordado, pues darán
participación a jóvenes que no estarán presentes y abrirán espacio para las
preguntas del público. Por lo que respecta a los candidatos a la Presidencia que
han aceptado participar, tres de cuatro, habrá que señalar que sería deseable
que nos permitan escucharlos sin la rigidez de los anteriores debates oficiales.
No cabe duda que éste debate impactará de manera directa la intención del voto
del llamado sector de los indecisos.Y de ello no se puede culpar a los jóvenes,
acusándolos de falta de
objetividad y neutralidad.
El candidato Peña Nieto está anticipando su mensaje con la decisión de no
asistir. Él sólo va a audiencias que considera seguras y, sobre todo,
controladas por su partido, como suponían que sería la de su visita a la
Ibero, y vaya que los auténticos estudiantes de esa institución
ofrecieron una lección de dignidad, durante y después de la emblemática visita
del priísta. El yo soy 131 fue la punta de lanza para el despertar de los
jóvenes que bien decidieron atender al llamado con el #YoSoy132. A partir del
pasado 7 de mayo el PRI ha ofrecido reiteradas muestras de que se mueve en la
lógica autoritaria que lo caracterizó en sus varias décadas de control
presidencial. Amenaza como en 1968 lo hizo, investiga y acosa a los jóvenes que
considera responsables de su caída en la Ibero. Y ahora anticipa
anuncios de asesoría de un militar extranjero y pretende organizar a sus leales
como
jóvenes 123.
Por cierto, no creo que sea ajeno a los rumores que están esparciendo para
sembrar el miedo en torno al día de las elecciones. Esa visita fue su
fuera máscaras; quien vote por el PRI ya no puede llamarse a engaño. También resultó damnificado el duopolio televisivo. Los estudiantes han colocado el dedo en la llaga; demostraron que el llamado cuarto poder no es infalible para colocar su
productotricolor en la Presidencia de la República. Hoy se mueven entre el control de daños y el incremento de la insidia contra López Obrador, a quien ven como un peligro para ellos, porque México afortunadamente es mucho más que sus particulares intereses. Respecto al #YoSoy132, oscilan entre reconocer su poder inevitable para desarticular su escenario de la elección anticipada de su
punteroconstruido por sus encuestas y a la vez provocarlos con la acusación de que trabajan en favor de algún candidato. Así que no es casual que a los jóvenes les interese conocer cuáles son las propuestas de la y los candidatos para democratizar a los medios, entre otros temas. Ojalá que no se repita el discurso orientado por la autocensura, sobre todo en el caso de AMLO, pues sus electores votarán por el cambio, porque más de lo mismo ya se los ofrece el PRIAN.
Es significativo que el movimiento #YoSoy132 no se esté desgastando en exigir
a los medios masivos la cobertura de su debate, por más tuiteros que se
contraten para golpearlos, la adhesión masiva en las redes es imparable.
Curiosamente también han insinuado el absurdo de que la CDHDF estaría
incurriendo en falta, pues no tiene facultades en materia electoral; por lo
visto sus instalaciones estarían atadas a sus facultades legales. Bien por el
servicio a un movimiento tan importante como es el de jóvenes. El desafío nos
involucra a todos; la coyuntura electoral tiene los días contados y sus
resultados nos afectarán como nación, votemos o no. No es que supongamos que el
país cambiará de la noche a la mañana, pero ya es urgente que se inicie. Los
jóvenes han demostrado madurez, capacidad de diálogo y construcción de consensos
y no se intimidan ante las presiones de todo tipo, de buena y mala fe.
Ya se ha dicho mucho y hay que reiterarlo: la irrupción de los jóvenes
aparenta ser inesperada. Mal por quienes los daban por perdidos. Los procesos
sociales son complejos y no debemos colocarnos en la exigencia de que construyan
todo el entramado que el país requiere y que muchos otros movimientos no han
logrado por más causas justas que han enarbolado. Por ello no debemos erigirnos
en una suerte de jueces. Tenemos, eso sí, la obligación de ser solidarios, de
continuar trabajando nuestras causas y caminar juntos al ritmo de cada quien. El
debate de hoy es un servicio del #YoSoy132 que nos beneficia a todos. Ojalá que
los candidatos estén a la altura de su significado democrático. Salvo el PRI,
alérgico a las disidencias emancipadoras y adicto a las certidumbres del poder
absoluto. Los relevos generacionales están felizmente en la arena de lucha y
reclaman justicia. Suerte hoy y siempre.
Debate #YoSoy132: desdén privado y omisión pública
Está programado para las 20 horas de hoy el único debate real entre
candidatos presidenciales en la presente campaña electoral, habida cuenta de que
los encuentros realizados el 6 de mayo y el 10 de junio fueron meras
exposiciones, acartonadas, acotadísimas y previsibles, de las posturas de los
aspirantes. En contraste, en la reunión concebida y organizada por el movimiento
estudiantil y juvenil #YoSoy132, y hospedada por la Comisión de los Derechos
Humanos del Distrito Federal (CDHDF), los protagonistas deberán responder a
preguntas no pactadas de antemano (aunque ponderadas y validadas por académicos
de varias instituciones) sobre ciencia y tecnología, educación, arte y cultura;
debatir entre ellos temas como la necesaria democratización de los medios y el
combate a los monopolios, y contestar a las inquietudes del público, filtradas
por un sistema de votación en línea. Es significativo del atraso institucional
que padece el país que el movimiento estudiantil haya sido capaz de formular y
organizar, en pocos días pero de manera eficiente, un cotejo de propuestas y de
personalidades que resultó ausente en los encuentros pactados por el Instituto
Federal Electoral (IFE) y los partidos con registro.
Aunque el movimiento #YoSoy132 es, de origen, contrario a la candidatura de
Enrique Peña Nieto y a lo que ésta representa, los términos y el formato del
debate aseguran equidad e imparcialidad. Resulta inexplicable, por ello, que el
aspirante presidencial priísta persista en su rechazo a participar en el
intercambio de hoy, sobre todo si se tiene en cuenta que es la única oportunidad
real de confrontar las propuestas en juego para los comicios del primero de
julio próximo y constituye, en esa medida, una inapreciable posibilidad para que
la ciudadanía se haga una idea precisa de las aptitudes de los contendientes y
de la calidad de sus plataformas.
Por la trascendencia de la decisión que los votantes habrán de tomar dentro
de 12 días, la creatividad y la capacidad de organización y de convocatoria de
los jóvenes debiera merecer un decidido respaldo de los consorcios mediáticos y,
sobre todo, de los instrumentos de difusión del Estado. Pero los medios
electrónicos privados, al negarse a dar cobertura al encuentro –con la
excepción, hasta el cierre de esta edición, de Milenio Tv– han refrendado su
conocido desdén por la información cívica y la cultura democrática, pese a que
son beneficiarios de concesiones de radiofrecuencias que pertenecen a la nación;
han dado, asimismo, una nueva muestra del extremado pragmatismo monetario que
los caracteriza al optar por la difusión de programas comerciales en detrimento
de una información crucial para la vida republicana de México.
La ausencia en el encuentro de los medios públicos –los canales 11 y 22, el
Instituto Mexicano de la Radio, IMER y, hasta donde se sabe, del Canal del
Congreso– es aún menos justificable, pues son, o debieran ser, entidades
consagradas a la difusión de temas de interés y relevancia públicos, y el debate
organizado por #YoSoy132 corresponde, evidentemente, a esta categoría.
Particularmente lamentable resulta el pretexto esgrimido por el canal del
Instituto Politécnico Nacional (IPN) de que no transmitirá el encuentro porque
Peña Nieto no asistirá a él. Al argumentar de esa manera, la televisora del
Poli se presenta como guardaespaldas mediática de uno de los
contendientes.
Aunque este boicot de hecho contra el llamado Debate #YoSoy132 resulte
exasperante e indicativo del desdén de los medios privados por la información de
interés público, así como de la omisión de órganos de difusión del Estado ante
sus responsabilidades básicas, es posible que tales actitudes resulten
contraproducentes para los medios en cuestión. Si la creatividad y el ánimo
cívico logran una difusión masiva del debate por medios alternativos, se
confirmará, como pudo apreciarse el pasado 6 de mayo, que la cobertura de la
televisión abierta y de paga empieza a volverse prescindible para una sociedad
ávida de información y difusión responsable y veraz. Es posible que en la
confluencia de movimientos sociales emergentes y de las redes sociales empiece a
gestarse la obsolescencia de las concesiones como mecanismos ilegítimos de
acumulación de poder político.
Momentos de ascenso
Pedro Miguel
Cuando una gesta social logra convertirse en punto de confluencia de
muchas reivindicaciones y muchos malestares, cuando adquiere dimensión masiva y
simpatía multitudinaria, cuando forja posibilidades reales de éxito, se dice que
marcha viento en popa, que las cosas van bien. Se llaman momentos de
ascenso.
Pero cuando las cosas van bien para la causa, ésta se llena de logreros y de
arrimados. Los disensos afloran; se intensifican los jaloneos entre corrientes y
segmentos y las traiciones se ponen a la orden del día. Los embates de los
adversarios crecen en virulencia y en vileza –echarán mano de todo recurso
legítimo o ilegítimo para frenar el ascenso de quienes aspiran a conseguir
reivindicaciones y realizar cambios– y las presiones para hacer descarrilar al
movimiento, para dividirlo o, cuando menos, para confundirlo se vuelven casi
insoportables. Las reuniones se hacen ríspidas, proliferan en ellas las
maniobras para imponer tal o cual posición, y la desconfianza entre compañeros
tiende a sentar sus reales.
Es natural. El correlato de las ratas que abandonan las embarcaciones a punto
de hundirse son las ratas que tratan de subirse al precio que sea a las que
permanecen a flote y tienen perspectivas de llegar a buen puerto.
Si un movimiento empieza a cosechar éxitos o cuando menos se aproxima a la
cosecha, es porque ha conseguido generar consensos coyunturales y, a veces,
hasta accidentales, entre individuos y grupos muy diversos: se convierte en
espacio de convivencia entre personas y conglomerados que en otras
circunstancias actuarían en forma separada. En ese momento, las perspectivas de
triunfo dependen de que la causa sepa priorizar los puntos en común sobre las
diferencias y gestionar acuerdos para sortear las segundas, a fin de buscar la
consecución de los primeros. Muchas veces hay que renegociar acuerdos que
parecían ya tomados y que se desmoronan en forma súbita.
La proliferación de problemas internos y de golpes externos en las coyunturas
de auge contrasta con el vértigo del ascenso y suele vivirse como una
experiencia paradójica y amarga, como una premonición de derrota a las puertas
del triunfo o, para decirlo en la metáfora de César Vallejo, como
las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Depende del grado de conciencia de los sectores que conforman al movimiento
que esa incomodidad pueda ser superada y que no se convierta en parálisis. Si se
tiene lucidez acerca de los objetivos superiores, las confrontaciones y las
adversidades pueden ser resueltas. Si hay claridad sobre lo que puede lograrse y
lo que no, el éxito se vuelve una posibilidad real. Hay que saber distinguir los
tiempos de la construcción a largo plazo de las circunstancias en las que es
preciso pronunciar
ahora o nunca.
Hay momentos en que se hace indispensable un acopio casi infinito de
paciencia para dar fuerza y músculo a la impaciencia. Ninguna lucha social con
perspectivas de éxito es un rosario de triunfos consecutivos y engarzados nada
más por el entusiasmo. Se requiere, también de aptitud para sobreponerse a los
golpes y a situaciones anticlimáticas.
Un movimiento social triunfante es una combinación entre una energía
arrolladora y un delicado tejido de subconjuntos e intersecciones de
convicciones, intereses, anhelos, afinidades y aversiones personales y
grupales.
Cuando una gesta social vive momentos de ascenso es normal que se vea
sometida a golpes externos que quieren ser contundentes y definitivos, y que
proliferen en su seno los desacuerdos, las intrigas, las desconfianzas, las
grillas y hasta las traiciones. De algún modo, esos inconvenientes amargos son
señal de que las cosas van bien. Porque cuando van mal no pasa nada de nada.

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