G-20: el reto del crecimiento
La reunión del G20 el año pasado.
Foto: AP
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En medio de críticas internas por su pobre desempeño económico, México
preside esta semana la Cumbre del G-20 que se celebrará en Los Cabos. Tras
intensas negociaciones, los gobiernos de estas naciones –que en conjunto
representan el 80% del PIB mundial– intentan consensos para fortalecer el
sistema financiero internacional, dice Gerardo Rodríguez Regordosa,
subsecretario de Hacienda y Crédito Público y artífice del trabajo en materia
financiera para la Cumbre. Señala que uno de los temas será clave para Europa
–“cuyo error fue no tomar medidas a tiempo” – y para el resto del mundo: los
dolorosos ajustes financieros deben ser acompañados por el crecimiento.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Otra vez, México de cara al mundo.
El lunes 18 y el martes 19 será anfitrión, en Los Cabos, Baja California Sur,
de la reunión cumbre de los líderes (presidentes, primeros ministros, jefes de
Estado) del Grupo de los Veinte, mejor conocido como el G-20.
Dicho grupo reúne a los ocho países con las economías más industrializadas:
Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia,
que integran también el G-8; a los 11 países emergentes de mejor desempeño
económico: Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur,
India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y a la representación de la Unión
Europea.
Este año, además de España y Holanda, que son los invitados permanentes a
todas las reuniones del G-20, asistirán también Benín, Camboya, Etiopía, Chile y
Colombia, como invitados especiales del gobierno mexicano, toda vez que el país
ejerce actualmente la presidencia del grupo, desde diciembre pasado y hasta
noviembre próximo.
A la cita internacional, México llega con una doble imagen: en el exterior,
la de un país que ha logrado sortear satisfactoriamente la reciente crisis
financiera internacional; con una economía en crecimiento, con finanzas públicas
sanas y una estabilidad macroeconómica muy elogiada en el mundo. Por eso hubo
consenso en el G-20 para asignarle la presidencia este año.
Pero internamente la imagen es muy distinta. Inclusive, los candidatos
presidenciales –salvo Josefina Vázquez Mota, del PAN, el partido en el gobierno–
se han encargado, en sus campañas, de señalar lo que ha sido, a su juicio, una
desastrosa conducción de la economía nacional en los últimos 10 años: un
crecimiento económico mediocre, que no alcanza siquiera el 2% en promedio,
incapaz de generar empleos suficientes y de procurar mejores condiciones de vida
a los mexicanos.
Al subsecretario de Hacienda y Crédito Público, Gerardo Rodríguez Regordosa
–segundo de a bordo de la dependencia que encabeza José Antonio Meade Kuribreña,
y artífice del trabajo en materia financiera previo a la cumbre de líderes del
G-20–, le parece injusta, por decir lo menos, la crítica de los candidatos
presidenciales, cuando no carente de argumentos, simplista y hecha con el único
afán de descalificar la gestión económica de los últimos dos gobiernos, para
sacar provecho electoral.
Lo cierto, dice, es que “México está creciendo y sin desequilibrios. Este año
andamos en el 3.5% de crecimiento del producto; el año pasado crecimos 3.9%; el
anterior, 5.5%. México es de los países que más están creciendo en el
mundo”.
Explica: “¿Qué pasó en la década? Básicamente tuvimos dos choques externos
espectaculares, negativos, que nos afectaron los términos de intercambio y
nuestras posibilidades de crecimiento. Uno fue la entrada de China a la
Organización Mundial del Comercio (OMC), que generó un ajuste importante en el
sector industrial en Estados Unidos y en México y que generó una recesión en
ambos países. No es un tema menor.
“El segundo fue la crisis financiera de 2008-2009 en Estados Unidos, que
provocó un colapso de la actividad financiera y, por tanto, de la actividad
comercial. Hemos crecido mucho más que Estados Unidos en esta década que lo que
habíamos hecho en décadas anteriores.”
–Sin embargo, no es mentira que el crecimiento ha sido pobre. Aunque también
habría que decir que en décadas anteriores el crecimiento económico también fue
mediocre y con peores agravantes: inflación altísima, tipo de cambio en extremo
volátil, con devaluaciones recurrentes, tasas de interés altas y desajustes
fiscales, entre otros. Cosas que no se ven ahora.
–Qué bueno que reconoce esto último. Así es. Por eso es injusta la crítica
cuando sólo se compara el crecimiento absoluto. Nosotros enfrentamos una
realidad dramática, en la década, a diferencia de lo que vivieron, por ejemplo,
los países exportadores de commodities –sobre todo materias primas–,
particularmente de América Latina, con los que nos comparan los candidatos a la
Presidencia.
“Esos países se vincularon a China, y ahora parece –o quieren los candidatos
hacerle creer a la población– que fueron sus políticas económicas las que les
permitieron un crecimiento económico más acelerado que el nuestro. En realidad
fue China quien los impulsó. Sus términos de intercambio mejoraron muchísimo y,
no obstante, están enfrentando hoy dificultades por no haber hecho la tarea en
materia macroeconómica, como México sí la hizo, por cierto.”
En resumen, dice Rodríguez Regordosa, a pesar de las dificultades de la
década, “se establecieron las bases, México se volvió más competitivo, el sector
financiero se acabó de consolidar y los componentes locales de la demanda
agregada empezaron a funcionar como motores de la economía; el crédito está
creciendo y el empleo también. Y eso nos ha permitido reducir la intensidad del
vínculo con Estados Unidos.
“Esas bases son las que nos están permitiendo crecer como lo estamos haciendo
ahorita, a diferencia de todos los otros países. Una crítica justa tendría que
ser ponderada por esa realidad que enfrentó Estados Unidos durante la década y
también debería ser ponderada por lo bien que estamos creciendo por tercer año
consecutivo.”
Equilibrios
Con esas prendas México asumirá un papel protagónico en Los Cabos. Aunque
queda la duda de si no será un liderazgo efímero, como el que se logró en
eventos similares desde hace 30 años. Como la Cumbre Norte-Sur de 1981 en
Cancún, en plena Guerra Fría, en el gobierno de José López Portillo; o las
cumbres Iberoamericanas que inventó Carlos Salinas de Gortari en 1991; o la
Cumbre Internacional de Financiación para el Desarrollo de 2002 en Monterrey, la
que se hizo famosa por el “comes y te vas” de Vicente Fox a Fidel Castro.
Sobre el particular se le pregunta al subsecretario Rodríguez Regordosa.
Rechaza la comparación y dice:
“Nunca en la historia México ha tenido una reunión tan importante, con una
presencia de jefes de Estado de las principales economías del mundo, que
representan más de 80% del PIB mundial. Eso no había pasado antes. Un evento
visto de esa perspectiva se convierte en algo muy relevante.
“Si analizamos el papel que ha tenido el G-20 en estos últimos años, pues ha
sido el foro en donde se han acordado, en los momentos de crisis internacional,
las medidas para evitar que el mundo caiga en una nueva gran depresión.
“Además, es ya un logro que México sea el primer país latinoamericano y
segundo emergente –después de Corea del Sur– en asumir la presidencia del
G-20.”
–Resulta difícil creer que en una reunión de presidentes, de sólo unas
cuantas horas, se puedan conciliar las urgencias nacionales con la agenda
global. Los europeos, China, los demás emergentes, todos los países traen su
propia agenda –se le pregunta al entrevistado.
–Ha habido un trabajo previo muy arduo, con reuniones frecuentes de
viceministros, ministros de Economía, Hacienda, Exteriores, gobernadores de
bancos centrales, empresarios, jóvenes, intelectuales, organizaciones no
gubernamentales, y siempre con el concurso de organismos internacionales e
instituciones financieras multilaterales.
“Han sido intensos el cabildeo y las negociaciones. Todo ello deriva en los
acuerdos y los ‘entregables’ específicos que se verán reflejados en una
declaración, un comunicado de los presidentes, de los líderes, en lo que se
llamará ‘Plan de Acción para el Crecimiento y el Empleo’, y algunos otros
elementos en materia de turismo, trabajo, agricultura.
“Todo eso es lo que se va a presentar a los líderes para su validación, su
acuerdo, y esas son las herramientas que tiene el G-20 para comunicar todo lo
que se estuvo trabajando, y a lo que se llegó para la cumbre.
“Pero, sí, es complicado el tema de la conciliación de las agendas. El G-20
funciona con base en consensos. Eso quiere decir que, por ejemplo, un país puede
entorpecer por sí solo los acuerdos, las negociaciones, y se requiere de mucha
diplomacia financiera para poder empujar los acuerdos que se requieren.
“Es un ejercicio muy interesante de tratar de buscar el equilibrio, las
posiciones comunes, el común denominador, para tener una expresión de consenso
en temas que siempre resultan difíciles. No hay fórmula mágica. Este es un
proceso muy artesanal, que se construye a través de la confianza de los países.
Ha sido un reto muy importante poder avanzar.
–Sin duda, habrá temas difíciles de consensar…
–Todos los países tienen siempre algún interés, en cada tema hay ángulos
distintos. No hay un tema en particular que sea complicado. Pero por ejemplo,
cuando discutimos la seguridad alimentaria, la relevancia de la volatilidad y
los altos precios de las materia primas, pues hay países que producen y
exportan, y hay países que importan y no producen, las posiciones, por ende, son
diferentes, entonces hay que encontrar un equilibrio en donde sí no es deseable
para nadie tener mucha volatilidad en estos precios.
“Todos los que se sientan en el G-20 también están conscientes de la
responsabilidad que eso implica y, por tanto, el nivel de diálogo generalmente
es constructivo, cada quien defendiendo sus posiciones, eso es lo que permite
llegar a algunos acuerdos sobre la base de que el G-20 es un grupo en el que hay
posiciones individuales y no necesariamente posiciones en bloque. Hay otros
foros en donde se reúnen por separado, pero en la mesa del G-20 cada quien tiene
su voz, su representatividad, así se reconoce, se entiende y sobre esa base se
trabajan los acuerdos.”
Crecimiento
A Rodríguez Regordosa se le pregunta si la crisis fiscal, política y social
en Europa, así como las elecciones en Grecia el domingo 17 serán temas
obligados.
–Por supuesto –responde–. Hay tres reflexiones sobre la situación de Europa
que nos han llevado a ajustar el planteamiento hacia la cumbre. Una de ellas es
la del crecimiento. Sí le estamos dando una narrativa mucho más a favor del
crecimiento en todo el G-20 porque es lo que se necesita en este momento:
restablecer las condiciones para que se pueda volver a crecer. Sin duda el
ajuste es una de las condiciones necesarias, pero es algo que también se puede
manejar en el tiempo, y darle así una arista de más crecimiento a la narrativa.
En eso hemos estado trabajando y hay un buen nivel de consenso en el G-20 de que
por ahí tenemos que seguir.
“También hemos caminado en otras medidas de integración europea, que van a
permitir que haya una perspectiva de estabilidad en el euro, y en esa
perspectiva de estabilidad se pueda generar este entorno de crecimiento.
“Y, tercero, unas medidas más puntuales para atender los retos del sector
financiero europeo, como las que tomó España, que admitió un rescate de 100 mil
millones de euros para salvar a su sistema bancario.”
–Hace poco el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, dijo que
México no tenía por qué hacerse cargo de “catarritos” ajenos. En el caso
particular de Europa, ¿cuáles han sido sus errores, que ahora nos tienen a todos
en la incertidumbre?
–Es un error muy básico: no haber atendido con oportunidad, decisión y con
una acción de política decisiva y contundente los retos en la crisis que se les
fue presentando desde hace tiempo. Cuando hay épocas de bonanza es natural que
se generen algún tipo de desequilibrios en distintos sectores, puede ser el
financiero, el fiscal en algunos países, el de vivienda.
“Es normal que se den y son difíciles de detectar a tiempo porque se dan en
épocas de bonanzas, en donde nadie quiere ver los problemas. Pero una vez que
los detectas los tienes que atender con contundencia. Y ese fue el error europeo
(…)
“Vea todo lo que han venido haciendo. Una capitalización de 10 puntos del PIB
al sector bancario español. Más atrás: el acuerdo fiscal de la eurozona para la
disciplina fiscal de los países que la integran. Todavía más atrás: la creación
de las facilidades de apoyo para los países. Programas de apoyo específico para
Grecia, Irlanda, Portugal. Medidas estructurales en España e Italia.
“El menú de cosas que han hecho es, la verdad, muy importante y se ha
requerido de una voluntad política y de asumir costos políticos enormes para
poder ir tomando todas estas medidas. Han costado cambios de gobierno en varios
países y sin embargo seguimos en una situación de crisis. Si este paquete de
medidas lo hubieran tomado el día uno y lo hubieran perfilado como un plan,
estaríamos en otra situación y el costo para Europa sería mucho menor.
“Hay que recordar que lo primero que dijeron los europeos, cuando empezaron a
batallar con Grecia, es que no necesitaban al FMI. Pues acto seguido se tuvieron
que desdecir de eso. En lugar de haber pensado con mucho mayor amplitud, han ido
resolviendo las cosas por pedazos, sin poder capitalizar todos los beneficios
que implican estas medidas complicadas que han tenido que aplicar.
“Resumiría: el problema de la situación europea es no haber atendido el
problema con mucho más contundencia y oportunidad.”
Agenda mexicana
A Rodríguez Rogordosa se le pregunta cuál va a ser la aportación de México en
Los Cabos, que vaya más allá de ganar imagen y presencia,
Explica: “Durante la presidencia mexicana se está fortaleciendo el proceso
del G-20 y se está generando mayor legitimidad porque hemos enfatizado mucho en
la transparencia, desde el armado de la agenda y la publicación de lo que
creemos son las prioridades para el mundo.
“Pero no sólo eso. En temas específicos que se han ido abordando, temas
nuevos, como el financiamiento del cambio climático, o crecimiento verde, pues
hemos publicado documentos específicos para eso, con la idea de que se
beneficien los que participan en el proceso del G-20 y podamos tener una
discusión mucho más informada.
“Todos los documentos que nos van produciendo los organismos internacionales
–FMI, BM, OCDE–, los hemos hecho públicos. Esa transparencia que ha
caracterizado a la presidencia de México es algo nuevo, que no necesariamente
estaba en el G-20, y eso generaba desconfianza. Por eso creemos que para
fortalecer el propio proceso y legitimarlo era importante. También lo era, y
será un legado nuestro, la rendición de cuentas sobre compromisos previos en
materia de política. Se evaluarán los avances comprometidos en las anteriores
cumbres.
“Entre la aportaciones específicas de México serían tres: haber insertado los
temas de crecimiento verde, como tema relevante de la agenda mexicana. Hemos
establecido una agenda de ocho pilares en materia de crecimiento verde, que
hemos estado trabajando en distintos canales, que van desde la incorporación de
herramientas de crecimiento verde como parte de las reformas estructurales que
tienen que seguir haciendo los países, hasta cuestiones muy básicas de energía
limpia, desarrollo de tecnologías y un tema muy puntual de reducción de los
subsidios a los combustibles fósiles alrededor del mundo.
“El segundo es el fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional
en su conjunto. Al haber concluido la presidencia mexicana habremos terminado la
capitalización del Banco Interamericano de Desarrollo, le habremos dado una
estructura institucional jurídica muy sólida a una red de protección a los
usuarios de servicios financieros.
“Un tercer tema, también aportación mexicana, es todo lo que tiene que ver
con inclusión financiera, educación financiera y protección a los consumidores
de servicios financieros. Es una agenda complementaria a todos los temas
tradicionales de regulación, que contribuyen a tener un sector financiero más
estable.
“Habremos establecido las bases para la institucionalización del Consejo de
Estabilidad Financiera, que viene trabajando la agenda regulatoria del sistema
financiero internacional, y habremos también fortalecido al Fondo Monetario
Internacional no sólo dotándolo de mayores recursos sino también de herramientas
más poderosas, instrumentos de supervisión más eficientes.
“En su conjunto, todo ello cae en una prioridad que se estableció en la
presidencia mexicana de fortalecer la arquitectura financiera internacional en
un mundo interconectado.
–En este tipo de cumbres, ¿son abiertas las discusiones, debaten fuerte los
presidentes, hay agarrones?
–Hay de todo –concluye el subsecretario Rodríguez Regordosa.

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